El agua, un recurso sobreexplotado

El agua, un recurso sobreexplotado

En Andalucía, el agua es un recurso estratégico del que dependen las actividades productivas, la calidad de vida de sus habitantes y la supervivencia de ecosistemas de gran valor ecológico. Forma parte del patrimonio natural de los andaluces al ser corazón y motor de ecosistemas fundamentales como marismas, humedales, ríos…

El futuro del recurso debe pasar por una gestión sostenible e integral, como así se establece en la Directiva Marco de Aguas (DMA), apostando por un mayor control en la demanda o limitando la oferta que hasta ahora parece infinita.

En los últimos tiempos se ha hecho evidente la merma de recursos hídricos disponibles en España por los efectos del cambio climático, una creciente actividad extractiva que no respeta la capacidad de carga de los acuíferos, ni la disponibilidad de agua de las distintas cuencas hidrográficas.

La reducción de las precipitaciones y, muy especialmente, la subida de las temperaturas, han generado una reducción media del agua que va a parar a los cauces, de más del 20% en tan sólo 25 años. Si además consideramos que la actividad agrícola supone en torno al 80% del agua consumida en España, para poder recuperar un cierto equilibrio hídrico sería necesario aceptar el hecho de que este recurso es limitante en nuestro país y especialmente en Andalucía lo que requiere que definamos la superficie regada que podemos tener y mantener sin `poner en riesgo la propia actividad en el futuro y sin afectar negativamente otros usos, como está ocurriendo.  Por tanto es imprescindible incrementar la eficiencia en el uso del agua en agricultura, limitando la oferta y las concesiones de extracción de los acuíferos. Algunos expertos consideran que ya hemos superado en un 20% la extracción asumible, con los 4 millones de hectáreas regadas con las que contamos actualmente.

Los trasvases deben ser medidas excepcionales para suplir necesidades urgentes puntuales, y no para incrementar más el consumo de agua. Los planes hidrológicos que se aprobaron en 2016 no modificaban sustancialmente aquella concepción inicial  de la política de trasvases, a pesar de que se cuenta con un 20% menos de agua en España. Esos planes se hacían teniendo la idea de que el agua era infinita y era un modelo basado en el aumento de la oferta. Lo que no puede ser es que un siglo después sigamos sin entender que el agua que hay disponible es siempre la misma y que se recicla y recircula en un ciclo que estamos alterando. Cuando con nuestra actividad depredadora de recursos no lo tenemos en cuenta, sólo estamos propiciando que en un futuro próximo suframos limitaciones severas, tanto en el uso doméstico como en los cultivos. No se puede dar una oferta ilimitada de un recurso limitado.

La falta clara de gobernanza por parte de las Administraciones Central y Autonómica es un obstáculo para la correcta aplicación de las disposiciones de la DMA en España, ya que consiente la sobreexplotación del agua permitiendo asignaciones más allá de los recursos disponibles, lo que afecta al estado de las masas de agua e impide establecer políticas de gestión de la demanda eficaces. Este desajuste se utiliza, por parte de los usuarios y los propios Organismos de Cuenca, como justificación para solicitar la puesta en marcha de nuevos trasvases, infraestructuras de regulación y nuevas fuentes de recursos (a través de la desalación o la reutilización) para aumentar la oferta de agua.

Se debe desterrar la idea de que el agua es un mero recurso económico, sin tener en cuenta otros aspectos como los sociales o los ambientales. No se puede hacer política de aguas únicamente en función del uso económico. Esto provoca agresiones  a los ecosistemas fluviales, tanto a los cedentes como a los receptores. Desde el punto de vista social su simple planteamiento desencadena enfrentamientos entre unas comarcas y otras, de forma que lejos de esa pretendida vertebración en torno a lazos de dependencia y solidaridad hidrológicos son motivo de enfrentamiento. La gestión de los recursos hídricos pasa por ser uno de los temas que ha suscitado mayores controversias entre comunidades y comarcas cedentes y receptoras. Porque los desequilibrios entre disponibilidades reales y consumos de agua, son preocupantes y agudizan los conflictos provocados por el agua. En este contexto, la disponibilidad de agua, tanto en cantidad como en calidad, puede transformarse, en un futuro próximo, en un verdadero problema para nuestra sociedad.

Se debe desterrar la idea de que el agua es un mero recurso económico, sin tener en cuenta otros aspectos como los sociales o los ambientales.

La política hidrológica necesita como eje, la gestión ecológica de la demanda y no el aumento de la oferta. Asumir una política del agua planificada desde las disponibilidades hídricas y los condicionantes ambientales que contemplen objetivos como:  •la supresión de regadíos subvencionados para cultivos insostenibles; •prevalencia de la conservación de ecosistemas acuáticos; •eficiencia en la utilización del recurso; •garantizar la calidad del agua y proteger adecuadamente el dominio público hidráulico; •liberar las llanuras de inundación de la realidad territorial y del urbanismo ilegal; •eliminar la sobreexplotación de las aguas subterráneas; •proteger las zonas húmedas; •completar la depuración de aguas residuales; •establecer la recuperación de costes para todos los usuarios; etc., solo así se garantizaría una buena gestión, eficaz y eficiente.

Las perspectivas en relación al agua y las previsiones para España de las consecuencias del cambio climático podrían significar mayores temperaturas, precipitaciones menores, o más concentradas en el tiempo, y mayor evapotranspiración potencial. Lo cual incrementará los problemas de eutrofización de nuestras aguas, empeorando su calidad y reduciendo los posibles usos. Ante esta situación, la respuesta técnica de los gestores del agua debe centrarse, no sólo en aumentar la capacidad de regulación, sino en conceder mayor importancia a la gestión de los embalses, tanto en lo que se refiere a la reducción de los aportes contaminantes como en la mejora de la calidad de las aguas embalsadas.

La forma de gestionar embalses, determina también el funcionamiento y las posibilidades del ecosistema fluvial regulado río abajo. El ecosistema fluvial depende del régimen de caudales y de la calidad de sus aguas.

Hay, y se acentuará en el futuro, escasez de agua en amplias zonas de Andalucía debido al cambio climático, a los usos relacionados con la presión urbanística y el riego intensivo, así como a las actividades turísticas. Será fundamental la apuesta por el ahorro, la búsqueda de soluciones menos consumidoras de agua y el cierre del ciclo del agua de forma eficiente, depurando y recirculando.

Deben revisarse las futuras demandas de agua para no generar un problema de escasez, que también pondría en peligro los actuales cultivos de regadío. Y pensar en mejorar la gobernanza del agua en las cuencas para no tener que recurrir a estas medidas de trasvases.

Cada vez hay mayores consumos en la práctica totalidad de las zonas regables, y un aumento considerable de los niveles de salinidad. Por eso hay que insistir en que los llamados déficits hídricos no tienen que ver con los caudales de la cuenca sino con las crecientes peticiones de más agua de las comunidades de regantes.

La procedencia del agua que gastamos tiene 3 orígenes distintos: origen superficial, origen subterráneo y aguas reutilizadas. Debería hacerse un esfuerzo en conseguir mayor porcentaje de aguas reutilizadas lo que implicaría mayor inversión en la mejora de depuración y saneamiento de las masas de agua, con el consiguiente ahorro de las masas subterráneas y superficiales. Esta debe ser, una premisa a tener en cuenta antes que la propuesta de más construcciones y obras hidráulicas con la intención de aumentar la extracción para regadíos.

En años de menores precipitaciones que la media, como el de ahora, las campañas de riego se anticipan, y vamos hacia escenarios de aumento considerable de los periodos de sequía, mayores temperaturas, desprotección de la capa de suelo por pérdidas de masa arbórea y roturaciones para cambiar zonas de secano por regadíos… Todo esto lleva a una pérdida por evapotranspiración de las plantas. Ello nos debe llevar a ser escrupulosos con el agua embalsada y a poner coto al aumento descontrolado de los regadíos, en todas las cuencas de Andalucía.

 

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