El golpe de la gota fría tras el cálido verano

El golpe de la gota fría tras el cálido verano

Aún no hemos acabado de encajar el golpe que nos ha dejado la gota fría. Algo que sabemos que no es tan extraordinario. En el clima mediterráneo, sucesos como los acaecidos de gota fría están perfectamente estudiados porque son propios del clima y la geografía del sudeste peninsular. Lo realmente preocupante es que, como consecuencia del cambio climático tenderán a repetirse con mayor frecuencia y en lugar de tomar medidas que eviten o tiendan a minimizar sus efectos, se han seguido practicando políticas urbanísticas y de encauzamientos, “limpiezas” y/o dragados que, lejos de solucionar, empeoran las consecuencias de los episodios de lluvias torrenciales generadas por gota fría. Valga el siguiente ejemplo que abordé en la comisión de Medioambiente y Ordenación del Territorio del parlamento andaluz, para ilustrar la situación que cada vez con mayor frecuencia viviremos:

El 7 de septiembre de 2015, hubo una inundación en Adra (Almería) que provocó muchos daños materiales. La Plataforma Ciudadana Abderitana se puso a disposición de la autoridad local para contribuir a resolver los problemas que se presentaron. Con la participación de dicha Plataforma se elaboró un documento que aportaba una serie de datos sobre los motivos que provocaron la inundación, además de otros que ayudaban a entender cómo se originó, y presentando una serie de propuestas que sugerían soluciones. Respecto a esto he de decir que, la sociedad civil organizada colectivamente tiene mucho que decirle a los políticos sobre la gestión de los bienes comunes y el cuidado del territorio. Es importante la participación ciudadana en los asuntos que le atañen. Y en este caso fue ejemplar. Un grupo de vecinos organizados, diseñando propuestas y/o soluciones para el suelo que pisan y del que son los mejores conocedores.

Conocían la orografía que caracteriza las sierras del sur peninsular, en general, y el caso de Adra especialmente. Es terreno que se caracteriza por fuertes pendientes, zonas escarpadas, suelo poco firme y pedregoso, con tierra suelta y propensa a desprendimientos, con escasa cubierta vegetal y suelo sometido a un fuerte proceso de erosión y de desertización. Su relieve es muy desgastado con pendientes, a veces elevadas. La red de drenaje que forman, tanto ramblas, como barrancos y ríos, o caudales subterráneos debe realizar su función natural, pero resulta harto difícil, con las actuaciones sobre el territorio que se han venido haciendo. Y es que la planificación de actuaciones agrícolas o urbanas sobre el territorio deben considerar toda la casuística que se da en las cuencas.

En el caso de la inundación provocada en la desembocadura del río Adra concurrieron estas circunstancias (son las que analizaron desde la Plataforma abderitana):

  • Abandono de tierras roturadas en laderas.
  • Roturaciones para construcción de invernaderos y caminos o pistas, que dejan mucha tierra suelta.
  • Cubiertas de plástico en los invernaderos, que evitan filtración al suelo y concentran el agua de lluvia caída sobre la superficie del invernadero, en determinados puntos de descarga.
  • Desviación y ocupación de las riberas o las mismas ramblas y/o barrancos.
  • Uso de las ramblas y barrancos como vertederos agrícolas o de otros residuos.
  • Encauzamiento de ramblas y actuaciones parecidas, que aumentan la velocidad del agua incrementando su efecto torrencial.

Por el interior del pueblo de Adra discurren varias ramblas con sus cuencas vertientes. El suelo urbano y de invernadero suponen la extensión mayoritaria de dichas cuencas. Eso es grave teniendo en cuenta que en dicho tipo de suelos (urbano e invernadero) los pluviales provocados por la lluvia no se filtran en su mayoría al subsuelo, sino que resbalan por superficies poco o nada permeables directamente a las ramblas que, además, en sus tramos finales, están asfaltadas, agravando el problema en cuanto a escorrentía.

La consecuencia es un incremento significativo del volumen y la velocidad del agua que acogen, intensificando la torrencialidad provocada por un exceso de lluvia. En el caso que nos ocupa, el suelo urbano se había incrementado en casi el doble de su superficie durante los últimos 50 años, el sustrato natural, sumando el monte con los cultivos a cielo abierto, se había reducido a la mitad, a favor de los invernaderos.

La citada Plataforma Abderitana proponía una serie de medidas en base a lo aprendido de esta inundación de 2015 en su municipio: 1. Elaboración de normativa sobre ordenación del suelo agrícola de todo el municipio que contemplase la recogida de aguas pluviales, indicando especialmente las especificaciones necesarias respecto a los invernaderos de las cuencas de las ramblas que discurren por el interior del casco urbano de Adra, con recogida rigurosa de pluviales de sus techos, con objeto de limitar su volumen, velocidad y torrencialidad.

  1. Limitar la construcción de nuevos invernaderos en dichas cuencas cumpliendo la normativa, así como adecuar los que ya están construidos, para minimizar sus impactos.
  2. Realizar una exhaustiva y cuidadosa limpieza de restos agrícolas y plásticos, y mantenerla, en dichas ramblas en toda su cuenca.
  3. Deslinde sistemático del dominio público hidráulico de las mencionadas ramblas con objeto de evitar invasiones de sus cauces por particulares.
  4. Restauración ecológica de las laderas de las cuencas de dichas ramblas con objeto de que la vegetación autóctona frene la entrada de pluviales al cauce.
  5. Eliminación de obstáculos para el agua.

Campos de plástico, peligro de inundación.

El caudal, es función de las características de la precipitación y del terreno. Como los invernaderos ha modificado los trazados de los cauces, derivando caudales hacia vertientes y áreas distintas de lo que ocurría en el pasado, pueden sustraerse o sumarse caudales nuevos a los caudales habituales, provocando cambios en los tiempos de aparición de los momentos punta.

Los caudales generados tras la implantación de los invernaderos son hasta 4,25 veces superiores a los calculados para las situaciones precedentes. Por tanto, el riesgo de inundaciones proviene de la imposibilidad que tienen los cauces principales de drenar los grandes volúmenes de agua y sedimentos en terrenos así ocupados, anegando las llanuras de inundación con caudales desbordados muy superiores a los de antaño, arrasando instalaciones y viviendas que se han extendido masivamente por la zona, situándose dentro de los cauces de avenida.

Los procesos de erosión grave y denudación del suelo están contribuyendo a la desertificación progresiva de la cuenca. Se calcula que ésta provoca la pérdida de unas 200 toneladas de suelo por kilómetro cuadrado al año, y una pérdida de agua por evapotranspiración en torno al 60 %, poniendo en peligro la riqueza y biodiversidad, así como a la sostenibilidad de los asentamientos humanos. Entre la problemática ambiental que acompaña esto, destacan los desmontes para la construcción de invernaderos, y ocupación del cauce por los mismos, las obras de encauzamiento –que han destruido buena parte de sus valores ambientales-, limpiezas ilegales con maquinaria pesada del cauce, que han removido y destruido el lecho y la vegetación por parte de propietarios, agricultores y alguna comunidad de regantes, así como la gran cantidad y variedad de vertidos –sobre todo agrícolas que se arrojan a los cauces.

La conclusión de esto es que el mal uso del territorio y la falta de respeto a las zonas inundables, tiene como resultado que el río tienda a recuperar el territorio que le es propio, dibujando sus límites e imponiendo su lógica natural, demostrando la inutilidad de encauzamientos, escolleras, limpiezas, dragados y estrechamientos artificiales de cauces. Y, sin embargo, continúa la sinrazón de quien sigue obteniendo beneficios de la especulación sobre territorios en riesgo permanente. De todo este trabajo de la plataforma me gustaría que se hubiera tomado nota en el municipio. A los políticos les toca hacer su parte.

En este sentido ha sido pésimo el urbanismo de las últimas décadas, que ha ocupado las zonas inundables con viviendas, naves industriales, carreteras, vías de ferrocarril, cámpings o aeropuertos, llegando incluso a cubrir los ríos, convirtiéndolos en alcantarillas para edificar encima. Se pierden cada año millones de toneladas de suelo fértil arrastrado hacia ríos que han perdido sus funciones ecológicas más elementales, después de sufrir obras de dragado, encauzamiento y destrozos varios. Tanto la Directiva de Inundaciones como los documentos de la Comisión Europea abogan por el respeto del territorio fluvial, librándolo de construcciones en la medida de lo posible, lo que reduciría los efectos perniciosos de las inundaciones.

Pero sobre todo hay que renunciar a peligrosos desarrollos urbanísticos y abordar de una vez una planificación del espacio adaptada al riesgo y fundamentada en el principio de precaución.

Artículo publicado en Contrainformación 30 días, 30 opiniones el 18 de septiembre 2019

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