El sector del cangrejo rojo y el respeto a la legislación: buscando alternativas

El sector del cangrejo rojo y el respeto a la legislación: buscando alternativas

La introducción del cangrejo en las Marismas del Guadalquivir, data del año 1974. Trece años más tarde, un trabajo de Miguel Delibes e Isabel Adrián, concluía que este crustáceo  ya se había convertido en una presa bastante común para numerosos depredadores naturales de las marismas y es claro que su presencia afecta a la diversidad faunística del ecosistema favoreciendo a algunas especies y perjudicando a muchas otras. Hay que destacar el papel negativo del cangrejo sobre muchos aspectos de los ecosistemas en que se ha introducido, efectos sobre anfibios, turbidez y macrófitos, que, sin querer pecar de excesivamente técnica, debo decir que tiene consecuencias sobre toda la cadena trófica. Respecto a las aves, decir que favorece a algunas especies y perjudica a otras.

Por tanto, cabe decir que, treinta años después de ese trabajo pionero, es un hecho que el cangrejo rojo ha alterado la dinámica natural de las zonas húmedas españolas, que forma parte de las redes tróficas actuales de las marismas y que la pesca extractiva supone, aparte de una actividad económica que da empleo, una muy importante medida de control de su población.

De hecho para poder luchar contra esta especie invasora y poder erradicarla o, al menos, disminuir el tamaño de su población actual, es necesario pescarlo, aunque la pesca no se comercializase.

Por tanto, el hecho es que la sentencia del Tribunal Supremo, planteaba una tremenda paradoja porque su aplicación literal tendrá como consecuencia más inmediata,  un efecto contrario a lo que se pretende que es erradicar esta especie invasora limitando su uso como alimento autorizado.  Además de los efectos negativos socioeconómicos en la zona.

Si  el sector del cangrejo rojo para totalmente su actividad, y deja de extraer de la marisma cuatro millones de toneladas de crustáceos anuales (son las cifras que se manejan), la consecuencia inmediata va a ser un incremento tremendo de la población de cangrejos. Esto afectará a los equilibrios de las redes tróficas del ecosistema que se han establecido hasta la actualidad, no hacia su dinámica natural sino en dirección contraria y, con mucha probabilidad, tendrá efectos negativos en el cultivo del arroz de la zona y en el buen funcionamiento de los sistemas de irrigación. Además de facilitar que el cangrejo invasor colonice nuevas áreas al disminuir la presión sobre él.

La solución no puede pasar por modificar la normativa actualmente en vigor al albur de los intereses políticos. No se pueden  utilizar los instrumentos legales para poner parches en vez de hacer propuestas de transición ecológica de la economía que permitan aunar la protección del medio ambiente, la generación de empleo estable y sano y la calidad de vida.

Por eso,  una solución coherente debe respetar la legalidad vigente y las directrices  europeas en materia de especies invasoras.  A corto plazo, un Plan de Control y Erradicación progresiva del cangrejo rojo que permita mantener los jornales que dependen del sector, y a medio plazo un Plan de Control de Especies Invasoras que conlleve la implantación en la zona de un Centro Experimental de Investigación y Desarrollo que se dote de los recursos y medios necesarios para hacer cumplir la legislación en materia de especies invasoras. La dotación económica para este centro puede proceder de fondos comunitarios. Siendo Doñana uno de los Parques Nacionales más emblemáticos de Europa, este centro puede convertirse en referente de control de especies invasoras a nivel mundial.

Una solución coherente debe respetar la legalidad vigente y las directrices  europeas en materia de especies invasoras.

En vez de crear una excepción para la pesca del cangrejo rojo, o modificar la normativa ambiental, como proponen quienes, como  PP y  PSOE, no ven alternativas, se debe asumir que tenemos que disminuir la población de cangrejo mediante la aplicación de un plan de gestión que use a la pesca como el medio de hacerlo. Se trataría de diseñar un plan técnico que contemplara una extracción del recurso por encima de su capacidad de reposición y convencer de su viabilidad a las autoridades comunitarias. Existen precedentes de la participación de los pescadores, administraciones locales  y convenios entre entidades a través de fondos europeos  para el control de esta especie invasora en otros lugares de España  y protocolos de las tareas recomendadas para realizarlo.

Sobre qué hacer con esa pesca, dada la limitación de recursos presupuestarios en la que vivimos, especialmente en gestión ambiental, sería complicado eliminar, valorizar o compostar toda esa biomasa. Además, es necesario dar una respuesta rápida y consistente a las personas que viven de ello. Así que nos parece asumible, justificado y defendible que durante  un período transitorio regulado y establecido en base a criterios técnicos y socioeconómicos, se pueda seguir comercializando el total o parte de la pesca obtenida con el principal fin de controlar y disminuir la población  de la especie invasora. Si las cosas se hacen bien, lo esperable es que esa producción fuese decreciendo anualmente. Para ello sería necesario que las extracciones de cangrejos se planificaran teniendo en cuenta la fenología reproductora de la especie para limitar su éxito reproductor, en lugar de para mantener su productividad.

Esta comercialización estaría justificada porque con ella se financiaría el control de la población de la especie invasora a la vez que limitaría y repartiría en el tiempo los efectos negativos socio-económicos que supone suprimir esta actividad en las poblaciones de la zona.

Supondría poder contar con un periodo de transición para que el alto porcentaje  de la población que se dedica a esta actividad profesional  disminuyese de forma paulatina en favor de actividades alternativas cuya implantación se podría favorecer dedicando recursos del pilar 2 de la PAC, el correspondiente al desarrollo rural, a este fin. Sería importante que como modelo de gestión final se planificara una inversión pública en el mantenimiento del control de la población de cangrejos utilizando para ello una parte de la mano de obra de las poblaciones que hoy día viven del cangrejo, que en gran medida podría implementarse con ayuda de fondos europeos a través de un proyecto LIFE como se ha hecho en otros lugares.

Para que esta propuesta funcionara y fuese admitida debería estar auditada externamente y la gestión de la pesca ajustada a un modelo plurianual y un control que asegurase que el objetivo de la disminución de la población de la especie invasora  se mantuviese sin prostituir. Este plan de gestión debería incluir otras medidas complementarias y especiales desde el principio y también para cuando la pesca “comercial transitoria” no fuese rentable. Por ejemplo, medidas de gestión que favoreciesen el incremento de poblaciones de depredadores naturales autóctonos como el galápago leproso, algo que se está probando en otras zonas, como Cataluña.

En paralelo y desde el primer minuto hay que potenciar un plan de desarrollo rural en la zona que permita transitar hacia una situación de no dependencia de este recurso en una plazo de tiempo razonable. Una posibilidad factible sería  potenciar la producción de arroz ecológico, como en el delta del Ebro. Esta transición es posible y además tendría efectos ambientales positivos para el entorno, pero requiere planificación y un apoyo institucional decidido.

 

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