Mr. Fracking llama a la puerta… ¡no abras!

Mr. Fracking llama a la puerta… ¡no abras!

Nuestro incontenible consumo de energía y las insaciables petroquímicas amenazan la integridad y disponibilidad del suelo que pisamos, del agua que bebemos y del aire que respiramos en la propia puerta de nuestra casa. No exagero, simplemente constato lo que ciudadanos de comunidades rurales de países como Estados Unidos ya están sufriendo en su salud, en su entorno y en un sus economías locales. La causa de ese sufrimiento es la extracción de gas y petróleo mediante una técnica agresiva de fracturación hidráulica del subsuelo, conocida por el término inglés FRACKING .

Esta metodología consiste en perforar verticalmente de 3 a 4 km la corteza terrestre mediante pozos y una vez alcanzada la profundidad requerida inyectar líquido a presión para agrandar las micro-fracturas que existen en la roca y facilitar la liberación y salida del preciado hidrocarburo que pudieran contener. No es una técnica limpia y afecta negativamente recursos renovables como el suelo y el agua.

A pesar de ello, nuestro inefable ministro de Industria, D. José Manuel Soria, es un firme partidario de impulsar el fracking y respalda al sector petroquímico que se manifiesta tal que así: “Estamos instalados encima de un enorme recurso y debemos explotarlo. Los riesgos se pueden gestionar”.

Llama la atención y preocupa que hasta ellos mencionen esa palabra, riesgos. De todos modos, si alguien tiene alguna duda sobre la seriedad del asunto, puede probar una búsqueda en Google con “fracking” and “problem” y verá más de 42 millones de entradas. En Estados Unidos, más de 250 comunidades y el estado de Vermont han aprobado resoluciones para detener este tipo de explotaciones. Pero ahora, Mr. Fracking está llamando a la puerta de la vieja Europa y ¿qué está pasando? Francia y Bulgaria se han hecho las sordas pero Polonia, presurosa, ha cambiado su legislación ambiental para que la perforen más fácilmente. Desde principios de año, los ciudadanos polacos disfrutan de libertad para agujerear el subsuelo patrio hasta 5 km sin necesidad de estudio ambiental riguroso. Una Corporación canadiense que andaba con ganas de agujerear donde se lo permitiesen, a través de un responsable comentaba: “No conozco a nadie que haya perforado tan profundo”.

Este portavoz de la compañía canadiense es también director general en Polonia de dicha empresa, la cual tiene seis concesiones en ese país y tres en España (Burgos y Cantabria) para aplicar el fracking. Hablando claro, a pesar de la agresividad de la tecnología, el principio de precaución no se aplica y se reducen las exigencias y controles para aplicarla. Además, como la insensatez es el signo de estos tiempos, se cumple aquello de que nadie escarmienta en cabeza ajena y no se toman en consideración las consecuencias negativas que padecen los ciudadanos ya afectados, al otro lado del Atlántico.

Ante esta diversidad de respuestas en distintos estados Europeos, ¿hay algo que diga la Comisión? Más bien poco y malo, se ve que el presidente portugués y los 28 comisarios se han rebanado el cerebro inventando tecnologías para recortar gasto público y han quedado exhaustos a la hora de limitar el afán barrenador de estas pobres empresas. Sorprende y decepciona su propuesta sobre los requisitos medioambientales que debería tener el fracking. En lugar de regularlo, se limita a hacer recomendaciones, algunas tan genéricas como “evaluar cuidadosamente el impacto medioambiental y los riesgos”. Además, su retraso en publicar el marco regulador no se debe a las reticencias de la Comisión ante el fracking, sino a su dificultad para dar con la fórmula que permita impulsar la búsqueda del gas y, al mismo tiempo, calmar a los que sabemos que este tipo de explotación causa daños irreparables al subsuelo europeo y afecta negativamente a recursos más importante como el agua, el suelo y el aire. De momento, parece que la directiva requerirá el estudio de impacto medioambiental para la extracción del gas, pero no para la exploración. Pero resulta que, a veces, se utilizan las mismas técnicas en las dos fases.

Por tanto, esto es francamente insuficiente y hay que buscar medidas legislativas en niveles de gestión distintos como el estatal, el autonómico y el local para impedir la visita de Mr. Fracking a nuestro subsuelo.

De la administración central podemos esperar poco, al menos en esta legislatura. Ya sabemos cómo el Sr. Soria entiende la cuestión energética y cómo su compañero de gobierno, el ministro Sr Cañete, se está ocupando de relajar aquí y allá la legislación ambiental. Sin duda, lo más alentador, son las iniciativas que se puedan tomar a nivel autonómico a pesar de que la competencia para extraer recursos del suelo es estatal. La esperanza está en seguir el camino de Cataluña, donde la limitación que ha impuesto la Generalitat a esta práctica se ha sustanciado en la Ley de Acompañamiento de Presupuestos. En concreto, se incluyó una modificación de la normativa sobre urbanismo que señala que no está “permitido utilizar la tecnología de la fracturación hidráulica cuando pueda tener efectos negativos sobre las características geológicas, ambientales, paisajísticas o socioeconómicas”.

Es probable que la iniciativa del Gobierno catalán no responda a convicciones medioambientales, sino más bien a consideraciones económicas, por su falta de rentabilidad tras evaluar las potencialidades de su suelo, pero muestra el camino a seguir; y no estaría mal que la Junta de Andalucía busque también su camino para declararse “libre de Fracking”.

Encontrar ese camino en el marco institucional actual no es fácil porque afecta dos derechos constitucionales como son el de libertad de empresa y el derecho a un medio ambiente adecuado. Pero, sin duda, los ciudadanos también somos actores en esta película. Se siguen extrayendo hidrocarburos y produciendo combustibles a partir de recursos fósiles porque seguimos consumiendo mucha energía de fuentes no renovables. Ocurre lo mismo que cuando abrimos el grifo y el agua corre sin que nosotros nos paremos a valorar lo importante que es. Así que, mientras los responsables de las políticas andaluzas no se pongan a ello, ¡Cierra el grifo y no abras la puerta al fracking!

 

Artículo publicado originalmente en la Revista El Observador el 14/02/2014.

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