Sobre el proyecto de presa en Río Grande, Málaga

Sobre el proyecto de presa en Río Grande, Málaga

Estos días se vuelve a oír hablar de un proyecto descartado en 2.007 por el rechazo social que suscitó. Y es porque la Junta de Andalucía vuelve a mostrar interés, como método para evitar inundaciones.

Por ello quiero empezar diciendo que es rotundamente FALSO que la principal causa de las inundaciones sea que un río no esté regulado. Y decir, como argumento de refuerzo que va a prevenir crecidas e inundaciones en el río Guadalhorce, es falaz e incorrecto. Se puede pretender justificar la obra en que se precisa garantizar el abastecimiento de agua potable a varias zonas de la provincia, pero solo en caso de dedicarse exclusivamente al consumo humano, porque las demandas existentes aguas abajo, son en su práctica totalidad de regadíos.

Los embalses y trasvases de agua, de los que estamos sobredotados, tienen un gran impacto ambiental, y sirven para seguir incrementando la oferta de un recurso, el agua, que ya está sobrexplotado. En los últimos años, principalmente como consecuencia de la subida de las temperaturas a causa del cambio climático, los recursos hídricos disponibles en España se han visto disminuidos de manera muy importante.

En 2009 se aceptó una propuesta de IU para proteger Río Grande y retirar el proyecto de presa, esa propuesta instaba a la Consejería de Medio Ambiente a la protección integral del río y al Gobierno central a la retirada del proyecto de la presa de Cerro Blanco, incluido en el Plan Hidrológico Nacional. El río, que riega las huertas de buena parte del Valle del Guadalhorce, quedaría libre de cualquier nuevo proyecto destinado a embalsar sus aguas. Parece que, la situación actual de escasez de recursos hídricos es la que desentierra de nuevo estos proyectos. En su día hubo una fuerte presión vecinal, de grupos ecologistas, la Plataforma de Río Grande y ayuntamientos de la zona para evitar el deterioro de un río que es uno de los mejores de la provincia, porque no está apresado y nutre de agua a todos los acuíferos de la zona. En EQUO Málaga no podemos sino sentirnos decepcionados por esta vuelta atrás en una pretensión que no solventará los problemas que pretende.

Los embalses y trasvases de agua, de los que estamos sobredotados, tienen un gran impacto ambiental, y sirven para seguir incrementando la oferta de un recurso, el agua, que ya está sobrexplotado.

Proponemos en nuestro programa, el abandono definitivo de la construcción de embalses y trasvases (tenemos más de 1.100embalses en la actualidad), dado el gran impacto ambiental y social que genera y su cada vez más que dudosa utilidad. En agricultura, existen alrededor de 3.600.000 Has. de regadío, que suponen el 80 % del consumo. La superficie de regadío se sigue incrementando y por tanto el consumo. Si a ello unimos la reducción de los recursos disponibles a causa del cambio climático, todo apunta a una mayor sobreexplotación de los recursos hídricos, y por tanto a un escenario de total insostenibilidad.

Las siguientes medidas serían las deseables a corto plazo:

Moratoria a la creación de nuevos regadíos.

– Continuar con la inversión pública para el incremento de la eficiencia en la utilización de agua mediante la modernización de los sistemas de canalización y riego, pero con la obligatoriedad de que los recursos hídricos liberados, se destinen a reforzar los caudales ecológicos.

Establecimiento de un precio para el agua de riego que refleje la totalidad de los costes ambientales, sociales y económicos que conlleva su obtención, tal y como establece la normativa europea.

Para la protección del dominio público hidráulico y márgenes fluviales es necesario que a los ríos se les considere como lo que realmente son: ecosistemas fluviales, no meros contenedores de agua, donde habitan gran cantidad de especies animales y vegetales, y cuya existencia es fundamental para el mantenimiento de otros ecosistemas colindantes. El abandono en el que se encuentran los cauces, ha permitido que se hayan construido numerosas edificaciones en los mismos, lo que ha contribuido a que se hayan visto las consecuencias que todos conocemos con las riadas, que, al fin y al cabo, son demostración de la mala gestión y conservación de los márgenes de los cauces.

Deberíamos desarrollar un plan cuyo objetivo sea, la restauración ambiental de todas las riberas de nuestros ríos, mediante su limpieza y revegetación con especies arbóreas y arbustivas autóctonas, de cara a la recuperación de los bosques de ribera originarios en un ancho mínimo de 5 metros de zona de servidumbre. Así, no solo reduciríamos, sino que evitaríamos los efectos de esas inundaciones de las que nos lamentamos. También el mantenimiento de los caudales ambientales o ecológicos es fundamental para que puedan preservarse adecuadamente los ecosistemas fluviales. Los caudales ambientales actualmente fijados incumplen claramente la definición establecida en la Ley, siendo muy inferiores a lo que deberían ser.

Es necesario que a los ríos se les considere como lo que realmente son: ecosistemas fluviales, no meros contenedores de agua, donde habitan gran cantidad de especies animales y vegetales, y cuya existencia es fundamental para el mantenimiento de otros ecosistemas colindantes.

Río Grande, es el único cauce de la cuenca del Río Guadalhorce que no está regulado, por lo que se planteó como nueva fuente de recursos hídricos para el abastecimiento de la ciudad de Málaga, aprovechando la gran calidad de su agua para el consumo humano. Los aportes procedentes de la derivación del Río Grande, que se cifraban en 20 hm3/año, no subsanarían el déficit de abastecimiento en el futuro, ya que los recursos son ya insuficientes para abastecer a las demandas existentes aguas abajo, que son en su práctica totalidad regadíos. Así que lo que debemos plantear es una reevaluación de la situación, no permitir más extracciones ilegales ni más aumentos de regadíos y mejorar los sistemas de canalización evitando pérdidas al mismo tiempo que se les da uso a las aguas regeneradas.

Es necesario adaptarse a los recursos disponibles.  Por eso hay que dirigirse desde las políticas de oferta hacia la gestión de la demanda. Y transitar desde una oferta que no tiene en cuenta la finitud del recurso, hacia una gestión eficiente de la demanda implica no sólo la política de aguas, sino que debe abarcar la planificación general a largo plazo y la ordenación territorial, sobre la base de la contención de los sectores principales demandantes de recursos hídricos, como el urbano-turístico y especialmente el regadío. Una reducción eficaz de las demandas agrarias requiere no sólo más eficiencia (menores consumos hídricos por hectárea) sino también contener y reducir la superficie total de regadío.

 

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