Cuidar la casa común. Frenar el saqueo

Que nuestra civilización ejerce sobre los ecosistemas de la Tierra una gran presión y este nos la devuelve de una forma u otra, es una evidencia que no podemos negar. Ya sabemos que los virus del ébola, el SARS o el VIH han saltado de los animales a los humanos después de la destrucción masiva de selvas y bosques tropicales. Lo mismo podemos decir de la actual pandemia.

“El 70% de los últimos brotes epidémicos han comenzado con la deforestación”

 Las prácticas de deforestación intensa, que se hacen siempre en nombre de la economía a corto plazo tienen efectos devastadores no sólo para los ecosistemas.

Cada año, el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra se adelanta. Y nos recuerda que gastamos recursos naturales, a MUCHA Velocidad. Nuestro planeta entró en números rojos en 2020 el 27 de mayo. A partir de ese día, todos los recursos que consumíamos se sumaban al déficit en la cuenta de resultados del planeta.

Lo que hemos aprendido con el COVID 19 es que el cuidado de los ecosistemas y de la diversidad deben incluirse entre las acciones prioritarias en el abordaje de Pandemias.

Hay diferentes causas del deterioro tan intenso que sufre la biosfera. Nuestra forma de producir alimentos es una de las principales. Las granjas industriales de animales, en muchos casos para alimentarnos y en otros, más grave si cabe, para vestirnos son focos de epidemias y pandemias.

Recordad que, por ejemplo, debido al COVID 19 se han sacrificado 17 millones de visones en Dinamarca, que tiene una población de animales humanos tres veces menor. En España también se han debido sacrificar algunos millones.

La ingente cantidad de piensos y pastos necesarios para alimentar la producción industrial de carne es uno de los principales factores de deforestación mundial.

Al cortar la selva para remplazarla por agricultura intensiva y contaminante, los animales que viven en esos lugares sufren alteraciones por la transformación de sus hábitats. Son especies con las que antes no estábamos en contacto las que ahora pueden transmitir nuevas enfermedades.

Y es que pasar de tener una foresta tropical a un cultivo, con abonos y fitotóxicos ajenos a ese ecosistema, lo altera permitiendo que algunos animales sirvan de vectores para transmitir virus.

Además de efectos colaterales como la resistencia a antibióticos debida a que la ganadería industrial es la principal consumidora de antibióticos en el mundo. España es el país de Europa donde más se utilizan.  Según la OMS, la resistencia a antibióticos podría provocar más muertes que el cáncer en 2050. Otro problema sanitario a abordar.

Un dato muy llamativo y preocupante del que se ha hablado poco: la biomasa en Carbono de la humanidad y de los mamíferos que nos acompañan (domésticos y ganado, como vaca y cerdo) supone el 96% de la la biomasa total en forma de carbono de estos animales en la biosfera (Bar-On YM et al., 2018). Mientras que los silvestres suponen un escueto 4%.

De hecho, entre el 75% y el 80% de la superficie agraria mundial se destina a producir alimentos para animales. Otro tanto ocurre con las aves de corral, que triplican en biomasa a las silvestres.

Y pensemos que toda la vida en el planeta descansa sobre los productores primarios, es decir las plantas, siendo la biomasa actual de la vegetación natural, tan solo, la mitad de la vegetación potencial que deberíamos tener.

En resumidas cuentas, producimos múltiples extinciones al ocupar/transformar el territorio como lo hacemos. La tala de árboles mata directamente algunas especies, pero, sobre todo, perturba a muchas mas por la incursión destructiva en su espacio vital.

Estamos siendo responsables de la sexta mayor extinción de especies de la que se tiene evidencia científica. Están desapareciendo cada año 100 especies por cada millón de especies existentes.

Es decir, conservar y recuperar los ecosistemas naturales es una prioridad, tanto por razones socio-ambientales como porque pueden actuar como cortafuegos de epidemias y pandemias. Los propios ecosistemas nos brindan el servicio de limitar y regular la posibilidad de que animales infectados transmitan enfermedades.

              -Necesitamos Tratados Internacionales que protejan la Biodiversidad. Adoptar medidas en que participen comunidades locales y, especialmente, comunidades indígenas que han cuidado estos espacios de forma sostenible.

              – Reducir el consumo de carne y lácteos, porque hay que frenar la deforestación y esas son medidas imprescindibles contra la crisis climática y de biodiversidad.

              -Poner en marcha programas de recuperación de especies, yendo a las causas de su declive y atajar aquellas actividades que impactan negativamente en la biodiversidad.

              -Frenar la especulación urbanística y la sobredimensión de infraestructuras. Porque consume muchos suelos necesarios y además fragmenta el territorio con consecuencias indeseables en ecosistemas y especies.

              -Cambiar los sistemas de producción agroalimentaria, abandonando la agricultura y ganadería intensivas en pro de sistemas agroecológicos y sostenibles, que no comprometan el funcionamiento de los ecosistemas naturales.

En España tenemos que abordar la crisis de determinados territorios rurales (España vaciada) fortaleciendo a la población rural como agente clave que conoce su entorno y sabe conservarlo.

El equipo de Rockström, (Instituto de Resilencia de Estocolmo) estableció 9 límites, sobre los que se estimaron unos umbrales, por encima de los cuales los cambios que se produzcan nos pueden poner en aprietos. Estos son:

El [CO2] en la atmósfera, las nuevas sustancias químicas (Xenobióticos), la concentración de [O3] estratosférico, la carga de aerosoles y contaminación química, la acidificación de los océanos, los ciclos biogeoquímicos del N y del P, la disponibilidad de agua dulce, los usos del suelo (Proporción de tierras cultivadas), y la pérdida de diversidad biológica.

Todos estos límites son interdependientes por lo que sobrepasar uno de ellos puede llevar a rebasar otros. Así que hay que establecer un marco de seguridad para NO traspasarlos.

En situación de emergencia tenemos:

 La diversidad biológica y los ciclos biogeoquímicos del nitrógeno y el fósforo, lo que está relacionado con los usos del suelo.

Ello está relacionado con la agricultura y ganadería intensivas. Más de un tercio de la superficie de la tierra y más de un 70% del agua que se extrae se dedican a este fin.

El año 2019 y este pasado año han saltado algunas alarmas en relación a la situación de estos límites planetarios. Si observamos la situación a nivel global, se están desencadenando cambios en comportamientos funcionales de la biosfera que puede que no sean reversibles. Las consecuencias pueden ser peores que las de una pandemia vírica. Estos cambios son:

A) Sequias en la Amazonía

B) Reducción del hielo ártico

C) Ralentización de la circulación oceánica en el Atlántico

D) Fuegos y problemas fitosanitarios en bosques boreales

E) Muerte de arrecifes de coral

G) Pérdida de la capa de hielo de Groenlandia

H) Descongelación del permafrost: la fusión del permafrost en latitudes altas libera enormes cantidades de CH4, gas de efecto invernadero 20 veces mas potente que el CO2

J) Pérdida de banquisa y Retroceso del Hielo antártico.

Estamos viendo el deterioro progresivo y, a veces brusco, de recursos vitales como la diversidad, el aire, el agua o el suelo. Y por justicia intergeneracional deberíamos trabajar para que dentro de 50 años nuestras hijas y nietas tengan, como mínimo, un acceso a los recursos similar al que nosotros disfrutamos.

Kate Raworth en su trabajo: Un espacio seguro y justo para la humanidad, se preguntaba si todas podríamos vivir dentro de un hipotético donut, entre el techo planetario que marca las condiciones de habitabilidad de nuestro entorno y un suelo social, que es el que permite una vida mínimamente digna.

La rosquilla que propone Raworth, no es una guía de políticas concretas, sino más bien una manera de analizar la situación para orientar las decisiones. Su modelo se basa en una imagen muy sencilla: la humanidad debe vivir dentro de un donut. En el interior de la rosquilla se encuentran las necesidades básicas para el bienestar: Alimentación sana, accesos al agua potable, vivienda, energía, sanidad, educación, igualdad de género y libertad política, entre otros.

El límite exterior de la rosquilla representa el techo ecológico. En medio, está lo que nos comemos es decir lo que necesitamos para disfrutar vidas dignas y saludables sin poner en peligro nuestra casa común que es la biosfera.

 Para lograrlo, tenemos que construir entre todas, el bien común; establecer medidas, marcos normativos, políticas, que hagan más probable traer a las personas al interior de ese espacio seguro y justo que decía Raworth. El momento histórico que nos ha tocado es de verdadera emergencia. Y a todas nos toca, aunque en distinta medida, la responsabilidad de abordarlo y resolverlo.

Por tanto, hay que tomar decisiones y actuar, tanto a nivel de gobernanza global como local.

En algunas ciudades ya se han puesto manos a la obra, planificando su propia rosquilla de bienestar. Es el caso de Amsterdam, que anunció en 2020, en plena pandemia, que iba a adoptar el ‘modelo donut’ de Kate Raworth. Planean una reducción drástica en el uso de recursos y materiales. Y quieren salir de la recesión asegurando que reducirán un 50% el consumo de nuevos materiales en la próxima década.

Depende de nosotros en última instancia, tanto colectiva como individualmente, que se generen los cambios necesarios para minimizar los riesgos a que nos enfrentamos.

Artículo publicado en Ecologismo de Emergencia el 10 de abril 2021

Soberanía y territorio

¿Quién ostenta en la actualidad la soberanía en todos los ámbitos y territorios del planeta, en esta aldea global en que nos hemos convertido?

Hablamos, sin analizarlo demasiado, del Sur global, del Norte rico, de las periferias de un sistema global o de los márgenes de ese sistema. Expresiones de un discurso que cambia nuestra percepción del espacio que ocupamos y del territorio que nos contiene. Es como un juego dialéctico en el que la geopolítica conforma y decide las relaciones entre estados. Al fondo, conflictos fronterizos, refugiados que migran buscando territorios y horizontes amigables que difícilmente encontrarán.  

Hay muchos “sures” en el norte que mantienen una relación económica de neo-colonia, en relación a un, cada vez mas reducido norte rico global. Y los territorios fuera de ese privilegiado círculo, carecen de soberanía para decidir cómo gestionan y usan el espacio que ocupan.

La soberanía tiene distintas escalas. Como ciudadanas, somos sujetos titulares de derechos políticos, a la vez que estamos sometidos a leyes autonómicas, estatales y de instituciones supraestatales como la Unión Europea, además de otros marcos globales como los que imponen los tratados de libre comercio, que son limitadores de soberanía, sin duda. La Soberanía Ciudadana está menos delegada, cuando los derechos y los deberes se concretan en un espacio próximo o local. Es más fácil ejercer nuestra soberanía y sentir como nuestro lo que conocemos en primera persona, lo que nos afecta a nosotras y lo que afecta a nuestros prójimos y vecinas de forma directa.

Hay en la percepción del paisaje y paisanaje que compartimos, un componente emocional. Sentir como nuestro el territorio que pisamos, no por poseerlo, sino porque nos acoge, puede motivarnos a asumir un proyecto colectivo que valga la pena y que consideremos nuestro. Un proyecto ligado al territorio, pero no entendido éste como superficie y divisorias sino como continente del paisaje y las personas que lo habitan. Ese paisaje, que mientras perdura, es testimonio de pasado y esperanza de futuro.

Por esto es imperativo fortalecer y hacer efectiva la SOBERANÍA, partiendo del nivel MUNICIPAL, asegurando la representación y participación de los VECINOS (munícipes) y potenciar las herramientas de participación y corresponsabilidad vecinales. Es el MUNICIPALISMO una herramienta esencial.

Si vamos a un ámbito superior de gobernanza, asumimos que todos los Estados de la UE, en mayor o menor grado y a pesar de que la soberanía que prima todavía, es la soberanía nacional, han cedido una parte de ella a esta Institución que, lamentablemente, todavía carece de un parlamento que haya alcanzado la mayoría de edad, ya que como europeos no tenemos aún una constitución.

Desde un punto de vista económico, en general, a un alto porcentaje de regiones y jurisdicciones territoriales menores les toca jugar el papel en que, el dinero que generan es el resultado de vender y estropear los recursos de los que disponen, poniendo en peligro la salvaguarda de los bienes comunes que garantizan la supervivencia, y por tanto hipotecando el futuro. En este sentido está justificado decir que somos una tierra sin soberanía y en el contexto socioeconómico global la situación en muchos lugares del sur y otras periferias europeas es la de ser colonias del siglo XXI.

 En aras de la convivencia en cualquier sociedad, hay que definir los mecanismos y formas de gobierno territoriales que permitan y aseguren a los ciudadanos unos mínimos para disfrutar de un buen vivir en libertad y ejerciendo la solidaridad. Buen vivir significa asegurar el disfrute efectivo de derechos como la educación, la sanidad, el techo, acceso a la energía, al agua y a alimentación sana, el cuidado de los mayores y los refugiados entre otros. Para esto hay que concretar en el marco de convivencia e incluir soberanías, como la alimentaria o la energética. Algunos de estos derechos se pueden concretar desde el ámbito municipal, pero otros encuentran mejor encaje en estructuras de gestión de nivel autonómico, federal o confederal, de manera que se aseguren los derechos y el bienestar de las personas allí donde vivan, es decir facilitar que sean soberanas. 

De nuestro propio pasado reciente y el de estados como Portugal y, especialmente, Grecia (recordemos como estaba en 2012 y como continúa estando) ha quedado bien a las claras que, en una Europa sin constitución y con un parlamento limitado, la soberanía ha estado en manos del poder económico y que los Estados se han plegado a él, supeditando los derechos de las ciudadanas a, por ejemplo, dar «prioridad absoluta» al pago de la deuda, algo que lamentablemente se incluyó en la constitución vigente, sin preguntar a los depositarios directos de la soberanía que somos los ciudadanos. En la actual situación parece que las prioridades económicas hubiesen cambiado, pero no es así. Lo que ha cambiado es la situación general de degradación ecológica y disminución de recursos energéticos y materiales en general.

Así que la soberanía, en realidad la ejerce el poder económico de las élites mundiales y no la ciudadanía.  La globalización ha potenciado este hecho y los tratados internacionales de comercio lo han normalizado. Hay un Gobierno Global Soberano sin rostro, nada representativo, que ostenta cada vez más poder y resta soberanía.  El hecho de que la riqueza a nivel mundial se acumule cada vez en menos manos es la manifestación clara de este hecho. La Globalización económica está permitiendo intercambios financieros y comerciales sin límites de fronteras, mientras impide movimientos de personas y deja que se mueran los desposeídos y los que huyen de conflictos bélicos, de gobiernos injustos o, cada vez mas, de condiciones climatológicas extremas que expulsan a las gentes de sus tierras.

Hay que romper el paradigma de que el crecimiento económico permanente sea condición necesaria e incuestionable para progresar. De sobra sabemos que no puede ser en un planeta finito del que ya hemos extraído y consumido recursos físicos, que nunca más volverán a estar disponibles. No podemos mantener una economía equivocada asumiendo que crecer es la única manera de generar empleo, porque el objetivo de la economía es asegurar el bienestar de los ciudadanos que viven hoy y de las que están por llegar, sin sobrepasar los límites planetarios.

Debemos andar los caminos que faciliten una transición ordenada hacia un modelo de economía estacionaria donde impere sobre todo el bien común.

La ciudadanía tiene que recuperar la soberanía económica. Supeditando la economía a dar respuesta a la crisis social y ambiental que encaramos. ¿Cómo empezar a hacerlo?: Por ejemplo, incluir en un nuevo marco constituyente, que no se antepongan los intereses comerciales y financieros a los derechos de las personas. Un Anti 135, dicho sin rodeos. Para conseguir objetivos de este tipo se requiere que este marco también se incluya a nivel europeo, no solo estatal. Al menos, un nuevo tratado que complete el poder del parlamento, y con un núcleo de países que realmente crean en esa Europa con identidad ciudadana y no sólo de los mercados.

Creo que hay un sentir general manifiesto a favor de una Europa de los ciudadanos.

Me gusta pensar en un marco constituyente que potencie la soberanía a distintos niveles, desde lo más local hasta lo europeo, un marco enfocado al aseguramiento de los derechos de todos los ciudadanos/as y la preservación de los recursos naturales de los que dependemos, por encima de los intereses comerciales y financieros globales. La soberanía global depende de que se respeten las soberanías de cada comunidad local.

Este artículo se publicó en Revista El Observador el 7 de junio 2021 https://revistaelobservador.com/opinion/98-las-historias-que-nos-contamos/16655-soberania-y-territorio

En defensa de una Renta Básica Universal e incondicional al pasar el ecuador de la Iniciativa Ciudadana Europea que propone su debate en el Europarlamento

Durante lo peor de la crisis de deuda en Grecia, allá por 2012, los niveles de pobreza alcanzados en el país heleno nos mostraron con claridad a qué conduce una crisis económica que degrada las condiciones sociales. La deforestación en Grecia fue el primer efecto ambiental constatado, y es que, ante la imposibilidad de pagar el combustible, centenares de familias calentaban sus casas con madera extraída de los bosques que rodean Atenas provocando una muy preocupante deforestación. Es decir, no se puede, en ningún caso desligar, la situación económica, de la social y de la ambiental.

Una propuesta planteada, y que no acaba de cuajar, para paliar la crisis social y que sin duda, contribuiría a mejorar la económica y la ambiental, es la implantación de una Renta Básica Universal e incondicional. Es una medida que le daría la vuelta a la economía especulativa y financiarizada, esa que socializa pérdidas y acumula dinero y poder en muy pocas manos. Una medida para revertir los niveles de desigualdad crecientes en nuestras sociedades.

No podemos optar por una salida individual a ninguna de las crisis. No es posible la supervivencia o escapatoria individual. La salida de todas las crisis es, necesariamente, un deporte de equipo. Cualquiera que sea el futuro que encaremos, nos afectará a todas.

Va a ser imprescindible repensar el reparto del trabajo remunerado, la jornada laboral, la distribución de la riqueza, y como digo, plantear una renta básica.

La estabilidad, la protección ante el despido o la negociación colectiva han sido pilares del derecho al trabajo y de la democracia. Sin embargo, el poder económico ha construido formas de reproducir el capital en las que el trabajo humano es cada vez más prescindible y a la vez, mas esclavo. El empleo que depende de la extracción de cantidades ingentes de materias primas de territorios colonizados y de la generación de cantidades ingentes de residuos, está llegando a su fin. Por eso, deberíamos reflexionar sobre el objetivo último de la economía. Debería ser un instrumento para que prospere la sociedad y no parece que sea así. La premisa del crecimiento en que se apoya la economía neoliberal, es falaz. No puede ser que nos dediquemos a crecer y acumular socavando las bases que sustentan nuestro mundo.

Hay que decir también, que la renta básica se opone a la idea imperante de que el trabajo remunerado es un derecho y cambia esta lógica por el derecho a vidas dignas. Vidas y economía que no socaven las bases ambientales que las sostienen y que alivien la ansiedad causada por la máquina neoliberal, con grandes corporaciones que dirigen y orientan la política global, en beneficio no se sabe de quién.

Según un informe de Naciones Unidas, hasta dos tercios de los empleos en los países en desarrollo podrían desaparecer en un futuro próximo. El desempleo que genera la tecnología hará desaparecer los modestos logros conseguidos contra la pobreza y el hambre crecerá. Los gobiernos deben buscar respuestas, y no hay muchas opciones en este modelo económico. Una renta básica universal puede ser “LA OPCIÓN”.

En noviembre de 2018, la red europea de RBU incondicional se reunió en Budapest para analizar la situación en Europa, discutir sobre la conveniencia de una posible Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) sobre la RBUi y el tipo de renta básica a desarrollar.

La RBU otorga dignidad al ser humano, sin necesidad de tener que dignificarse a través de un empleo. Es frecuentemente confundida -muchas veces, intencionadamente- con las rentas mínimas y otros subsidios condicionados que otorga el estado a los desempleados y personas con muy bajos ingresos. Bien al contrario, la RBUI es un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad, incluso si no quisiera trabajar de forma renumerada, independientemente de otras fuentes de rentas o de si es rico o pobre, y sin importar con quién conviva. No sustituye a otras prestaciones universales e incondicionales, como la sanidad y la educación públicas. Es decir, su implantación no debe suponer merma alguna de los servicios públicos ni de los derechos sociales (educación, sanidad, dependencia, vivienda, etc.)  que son derechos fundamentales de un Estado Social que se considere como tal. 

Es posible garantizar una RBUI a toda la población, financiándola de varias posibles maneras:

  • con una subida de la imposición fiscal, que hiciese que el 20% más rico de la población pagara de acuerdo a su riqueza.
  • gravando actividades que generan beneficios a quien las acomete, pero suponen un alto coste para la sociedad.
  • aumentando los impuestos indirectos a quienes más consumen.
  • exigiendo impuestos a las transacciones financieras (tasa Tobin) y a las emisiones contaminantes.
  • luchando contra el fraude fiscal y los paraísos fiscales.

Estas medidas no son excluyentes entre sí.

La implantación de una RBUI favorecería los trabajos vocacionales, voluntarios, el cuidado de los niños, de los mayores y discapacitados y dotaría a mujeres víctimas de violencia de género de independencia económica para alejarse de su agresor. Es la mejor opción ante la creciente automatización de las labores en todos los sectores de actividad, ya que, con los avances tecnológicos se prevé que desaparecerán en 20 años el 50% de los empleos actuales. (Aunque aparecerán otros).

La RBUi es perfectamente posible y una alternativa plausible para el futuro que viene. Con ella tendríamos libertad para aceptar o no, según qué empleos, y para negociar las condiciones de los mismos, o para asociarnos con otras personas en cooperativas, o explorar modelos de trabajo asociado distintos.

“…Con la RBUI se cuestionan varias creencias arraigadas en el sistema: la primera es la de que el trabajo (o empleo) dignifica a los seres humanos; la segunda, que proviene de la Biblia, nos condena a ganar el pan con el sudor de nuestra frente; la tercera, que afirma que el sentido de la vida de las personas es el trabajo; la cuarta es la equiparación de empleo a supervivencia; y la quinta, la de que la riqueza actual pertenece sólo a sus propietarios “legales”, las grandes compañías multinacionales y lobbies financieros mundiales.” Así se recoge en textos trabajados por Humanistas por la Renta Básica Universal.

Sírvanos de ejemplo el “Fuero de los Bosques”, publicado en 1217 en Inglaterra. Este corto y potente documento garantizaba los derechos de los plebeyos a las tierras comunales, que podían usar para labrar, pastar, recoger agua y para recolectar madera o frutos. Otorgó reconocimiento oficial a un derecho humano: que nadie debería ser privado de los recursos necesarios para el sustento. Y hoy sabemos, gracias a la premio nobel de economía Elinor Östrom, que se gestionan mucho mejor los recursos compartidos o bienes comunes cuando la responsabilidad de su conservación y mantenimiento corre a cargo de los que se benefician de esa conservación. Retomar el antiguo “Fuero de los Bosques” y el derecho de acceso a lo común se vislumbra como la mejor alternativa.

El 25 de septiembre de 2020 se inició una Iniciativa Ciudadana Europea (ICE), mecanismo para que la ciudadanía europea pueda someter a la Comisión y el Parlamento Europeos una propuesta para su discusión y posible aprobación, en este caso sobre la RBUi. Para ello hay que recoger 1 millón de firmas. Y elperíodo para su recogida es de 1 año. 

La ICE pide a la Comisión Europea que elabore una propuesta para introducir rentas básicas incondicionales en toda la UE, que reduzcan las disparidades regionales y fortalezcan la cohesión económica, social y territorial de la UE. La recogida de firmas se extenderá hasta el 25 de septiembre de 2021. El sitio web de recogida de firmas que facilita la UE es: https://eci.ec.europa.eu/014/public/#/screen/home

La conclusión de esta “historia” que os cuento es pediros esa firma para poder lograr el objetivo. Aún quedan algunos meses por delante. Creo que es un debate necesario.

Este artículo se publicó en la Revista el Observador el 29 de marzo de 2021

“El gobierno de los Bienes Comunes”, una relevante aportación de Elinor Ostrom

Revisó alternativas de gestión de los Recursos de Uso Común diferentes a las del Mercado y del Estado

Elinor Ostrom nació y creció en la pobreza junto a su madre, durante los años de la Gran Depresión que empezó en 1929. Fue la primera de su familia en conseguir un título universitario a partir del cual desarrolló una trayectoria notable, a pesar de que, como ella misma admitía, la mujer no solía tener grandes aspiraciones laborales en esa época. En el curso de un postgrado se introdujo en el estudio de grupos de acción colectiva, observando cómo ponían a un lado sus diferencias para afrontar problemas en común. Y eligió este tema para realizar su tesis doctoral. Así comenzó su vasto análisis de la gestión de lo común, que duró 5 décadas.

Sabiendo que los sistemas de organización política son complejos, afirmaba que: “complejidad no es lo mismo que caos”. Y concluyó tras analizar y contrastar gran número de estrategias de gestión, que muchos de los problemas ecológicos que generamos y luego queremos resolver con tecnología, se solucionarían mejor con habilidad política y social. Se trata de administrar los recursos de los que dependemos, organizándonos para que un uso desmesurado no nos prive del mismo.

En ese sentido, Elinor Ostrom, dedicó buena parte de su labor como académica y docente de profunda sensibilidad social, a estudios socioeconómicos y ambientales que resolviesen y sintetizasen las actividades colectivas de gestión que se correspondían con un aprovechamiento óptimo de los recursos comunitarios compartidos. Porque los seres humanos somos capaces de interactuar para mantener a largo plazo y sin deteriorar, los recursos que son comunes. ​ Su obra culminó en el reconocimiento por parte del Comité del Premio Nobel en 2009, que la galardonó en el área de Economía.

El manejo de los bienes comunes, los derechos de propiedad, el capital social y la acción colectiva eran los elementos que incluía en su ecuación. Cómo acertar en el uso del capital natural para que se conserve la diversidad biológica y se asegure la subsistencia económica de los dueños de ese capital. Para ello consideró fundamental la capacidad de comunicación entre los individuos. Ese es el motor para la cohesión y la cooperación y confiere a la organización social un sentido profundo y amplio. Cuando esto no se da, se consiguen sociedades desiguales y conflictivas.

Decía el librero Paco Puche cuando presentó, en 2016, dentro de la colección de cuadernos de apoyo mutuo, la figura de esta politóloga estadounidense, que desde que le dieron el Nobel en 2009 no había conseguido encontrar su obra cumbre: “El gobierno de los Bienes Comunes” en ninguna librería española, afirmando socarronamente que la Academia la había ignorado por ser demasiado contrahegemónica. Y así es. Las lecciones que se extraen de su obra no casan bien con la escuela neoliberal (escuela de Chicago y su idea del libre mercado) que ha imperado en la enseñanza de la ciencia económica desde mediados del siglo XX, y que es aceptada e impartida en universidades de todo el mundo.

El trabajo de Elinor Ostrom constituye una magnífica aportación a la búsqueda de alternativas que permitan conservar la diversidad biológica y a la vez contribuir al desarrollo de las comunidades, sin destruir los sistemas y recursos naturales de los que dependen.

Sus investigaciones mostraron que una serie de fuerzas, más allá de las del mercado y los Estados, pueden generar una cooperación organizada, de grupos que utilizan recursos comunes. La distinción con el Premio Nobel fue también un reconocimiento tácito del valor del capital humano y del capital social de muchas comunidades indígenas y rurales que poseen sus propias formas de organización social, política y productiva. A la luz de su trabajo, cabe preguntarse por qué este capital humano y social y los valores en que descansan no son asumidos como el núcleo del desarrollo de un país. A través de sus estudios ha llegado a la conclusión de que hay soluciones alternativas a las planteadas por los teóricos del Estado o de la privatización, ya que estas no son, ni lo serán en el futuro, las únicas vías para resolver los problemas sobre el deterioro de «recursos de uso común». En muchos casos, tanto la gestión estatal como la privatizada han provocado la destrucción de los bienes comunes naturales, la devastación de los ecosistemas, ocasionando estragos en las especies y en la diversidad genética, además de erosionar el capital social de las comunidades dueñas.

Sus investigaciones son relevantes a la luz de los graves problemas socioambientales que afectan a la “aldea global” en que nos hemos convertido y de los esfuerzos que serán necesarios para alcanzar acuerdos de alcance mundial entre gobiernos.

Ostrom hablaba de “la trampa de la panacea”: No podemos pensar que hay un modelo de gestión universal aplicable a todos los casos y recursos, no hay una fórmula mágica, sino que es necesario analizar cada situación y asumir la diversidad ecológica y social, para adaptarnos a ella. 

 Además, Elinor Ostrom resalta la importancia de los actores locales en la solución de problemas ambientales globales. En ese escenario, Ostrom anima a promover el manejo comunitario de bosques y recursos hidrológicos, pesca y sistemas de irrigación, pastizales, etc. para que sean sostenibles en el largo plazo, porque se convertirán en vías de desarrollo económico autónomo para las comunidades dueñas o gestoras de las tierras, bosques, montañas, pastos… Independientemente de las capacidades técnicas de un país, reside en las comunidades que poseen los recursos forestales, hídricos, pesqueros etc. y en su cohesión social, sus conocimientos y sus sistemas de gobernanza, el uso sostenible del capital natural. La cohesión social de las comunidades es un elemento esencial para que se organicen y funcionen razonablemente; sin embargo, se somete recurrentemente a manipulación política o limitaciones de tipo económico o demográfico a estas comunidades.

El “manejo” del planeta de acuerdo con el criterio exclusivo del rendimiento económico de las empresas y la monetarización de todos los afanes humanos, están arrinconando a la humanidad en un callejón sin salida. Se niegan las necesidades colectivas no ligadas al mercado, ese que derrocha enormes cantidades de recursos finitos, y que excluye a grupos cada vez mayores de la población mundial.

Un modelo durable de desarrollo, modificaría profundamente los estilos de producción y de vida y las formas de consumo. Sería un modelo de reforzamiento de redes ciudadanas y de solidaridad.

Elinor Ostrom se refería al desarrollo sustentable como «un prerrequisito” para cualquier desarrollo futuro. Una sostenibilidad en los niveles local y nacional que contribuya a la sostenibilidad global.

En los países que poseen una elevada y ampliamente distribuida población rural, que depende de los bienes de los sistemas naturales para subsistir y que a menudo es dueña de las tierras donde se encuentran esos ecosistemas, la estrategia de conservar la biodiversidad «sin tocarla«, como proponen algunos conservacionistas, es un enfoque limitado para preservar la biodiversidad.

Sin embargo, los procesos diversificados y sostenibles de extracción de componentes de los ecosistemas, constituyen mecanismos para dotar de alternativas de sustento económico a los dueños de esos recursos y alternativas compatibles con la conservación de las características estructurales y funcionales de los ecosistemas, que son los factores determinantes para la provisión de los servicios y bienes ambientales que recibimos de los ecosistemas.

Elinor Ostrom diseñó un sólido marco conceptual para la gestión de los recursos comunitarios de bosques y áreas naturales en general, mostrándonos lo que descubrió observando y analizando el modo en que gestionan lo común diversos grupos humanos en diferentes lugares del mundo. Un legado que no debemos perder.

Publicado el 9 de febrero de 2021 en Blog Sostenible

Los subtropicales de la Axarquía contra su propia supervivencia

Hace unos días, la delegada de la Junta en Málaga, Patricia Navarro, nos ofreció en primicia una noticia: la Junta de Andalucía espera tener listo el trasvase de La Viñuela este verano. Explicó que se iniciarían en breve las obras, tras adjudicar la obra de bypass de Churriana, para lo que cuentan con un presupuesto de 1,4 millones €. El bypass de Churriana, -afirmaba-, permitirá traer agua del embalse de La Concepción, en la costa occidental hasta La Viñuela.

Atiende así a la demanda de los productores de la Axarquía, que quieren tener acceso a mas agua. Ese es el motivo para plantear un trasvase desde La Concepción hasta el pantano de La Viñuela: Atender una demanda en lugar de controlar una oferta sobredimensionada. ¿Cómo podrán, los hijos de los productores que ahora cultivan aguacates y mangos, seguir ganándose la vida cuando sean ellos los responsables de las explotaciones, si no se para pronto esta dinámica destructiva que amenaza con dejar un erial en herencia?

No se puede seguir extrayendo agua por encima de la capacidad total del sistema hídrico. Y se lleva haciendo desde hace mucho, con la evidente consecuencia de poner en peligro el futuro del sector, tan dependiente de aportaciones extras de las que no se dispone.

En las cuencas mediterráneas andaluzas, donde se ubica el pantano de la Viñuela la situación es la siguiente:

 Capacidad Total (Hm3)Año Actual  Año AnteriorMedia de los 10 últimos años
Cuenca Mediterránea Andaluza1174543623682
 100%46´2%53%58%

Lo que evidencia que, a pesar de las intensas lluvias con que ha comenzado el año, el agua embalsada mengua a ojos vista, año tras año, aunque los responsables de las políticas hídricas e hidráulicas en la consejería, no quieran verlo. Las demandas no pueden ser ilimitadas, ni se puede ofrecer un aumento permanente de permisos de extracción, trasvases de lugares donde tampoco sobra, o vender la idea (como así hace la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible) de que se pueden sumar recursos para ampliar regadíos, si se impulsan los tratamientos terciarios en las Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) que permitan la utilización de aguas regeneradas. Por este procedimiento no se pueden recuperar grandes volúmenes, como para pretender ampliar regadíos.

Las medidas que se van adoptando van habitualmente enfocadas a seguir incrementando la oferta, y se basan en la realización degrandes obras hidráulicas; presas, embalses, diques, trasvases o canalización de los ríos. Por supuesto que optimizar los sistemas de riego es imprescindible y evitar pérdidas, pero, es imprescindible replantear los regadíos actuales y adaptar el número de Hectáreas a la capacidad de nuestras cuencas y acuíferos de mantenerlas y mantenerse. Porque hay que poner el foco en el deficiente estado de las cuencas hidrográficas y posibilitar la recuperación y conservación del buen estado ecológico de los ecosistemas acuáticos y de ribera, además de evitar la sobreexplotación.

Y es que, a pesar del avance que supuso la Directiva Marco de Aguas (DMA) para comprender el ciclo integral del agua, se sigue gestionando como si fuera un bien ilimitado. Estamos desbordando la capacidad de recuperación de ese ciclo y poniendo en peligro no sólo el abastecimiento humano, sino también la conservación y preservación de humedales, acuíferos, ecosistemas fluviales, etc. Los ecosistemas de agua dulce y su biodiversidad se encuentran entre los más amenazados por el calentamiento global y el cambio climático en marcha.

Una de las principales consecuencias del cambio climático, especialmente en la cuenca mediterránea, es un aumento de las sequías y de la temperatura, y por lo tanto el agua va a ser un bien cada vez más escaso, tanto por su falta como porque las reservas están cada vez más contaminadas. Por ello, no es lógico que desde las Confederaciones Hidrográficas y gobiernos locales, autonómicos o centrales se siga sin cambiar la tendencia. Las acciones deberían ir justo en la dirección contraria, evitando la construcción de nuevas presas, de nuevos embalses o de trasvases. A nivel mundial se está promoviendo la demolición de infraestructuras obsoletas. Por esa misma razón se debería desistir de seguir construyendo presas, embalses o sistemas de tuberías para trasvasar un agua que supuestamente “sobra” en un lugar, para llevarlo a otro en el que falta. La terminología usada de cuenca excedentaria o deficitaria no deja de ser una tremenda falacia. Los productores de la comarca acabarán pagando el error de intensificar los regadíos y exigir un agua de la que no se dispone. Vamos al colapso hídrico porque se lleva mucho tiempo gastando mas agua de la que hay y el déficit hídrico es muy evidente.

Apoyar al sector de los subtropicales en la Axarquía malagueña implica trabajar para lograr un sector sostenible en la actualidad para que pueda tener futuro. Sin duda se deben incluir en los balances, la disponibilidad de recursos necesarios para producir esos frutos subtropicales que tanto éxito tienen, que son SUELO, AGUA Y DIVERSIDAD. La verdadera protagonista ahora es el agua, por ser el recurso limitante, aunque los otros dos también peligran, pero, al menos, hay que plantear restricciones a la extensión del riego y asegurar y mejorar la eficiencia del mismo en las zonas que ya cuentan con él. No son admisibles incrementos de superficie de riego. Si los principales interesados, los productores, no lo entienden; y la administración -que debe estar atenta a ello- no lo controla, el futuro de la comarca será incierto.

El pantano de la Viñuela, es el que presenta un porcentaje menor de agua embalsada de todos los embalses de la provincia, con 31´38%. El de la Concepción, el que mas (74´41%). Pero esto no significa, ni mucho menos, que en la Concepción sobre agua y esta se pueda derivar para contentar a los productores de frutos subtropicales en una zona que no es tropical y que mediante la acción humana acabará siendo subdesértica.

Aunque se pueda reutilizar agua depurada tras poner en marcha los tratamientos terciarios en las estaciones depuradoras, el grueso de la respuesta, al final está en la extracción y consumo de agua subterránea de un modo insostenible. De manera que se reproduce el modelo del poniente almeriense de no contención del crecimiento de la superficie invernada con las consecuencias negativas que todos conocemos a nivel del acuífero.

En la Axarquía existe un incremento de superficie cultivada de subtropicales muy elevado con casi 13.000 hectáreas y este incremento se ha dado por encima de la cota de 140 m., que era la contemplada para la gestión hidrológica de la cuenca.  Lo que ya supone un incumplimiento flagrante y ese incremento ha supuesto más producción, pero también más limitación del recurso para el resto de regantes que sí están ajustados a la norma. Además, el subir en cota conlleva bombeos que requieren consumos de energía.

Se está poniendo en peligro la viabilidad de los subtropicales en la comarca en el medio y largo plazo. La Junta de Andalucía, en manos del PP ahora, pero también en las del PSOE anteriormente, ha aplicado una mirada cortoplacista e insostenible que no contempla un mañana para la comarca.

Y es que, una gestión sostenible implica que la actividad sea económicamente viable ahora y en el futuro. Y no podemos dejar de actuar en consecuencia ahora que lo sabemos.

Publicado en Revista El Observador el 1 de febrero 2021

La singularidad de una Sierra que quiere ser Parque Nacional: Sierra Bermeja

Hace bastantes años que se constituyó una Plataforma para reclamar y defender la declaración de la Sierra Bermeja, situada al occidente de la provincia de Málaga y en el extremo occidental de la Cordillera Bética, como Parque Nacional, la máxima distinción como figura de protección ambiental.

La sierra está formada por una roca especial, que es la peridotita, sobre la que cabalgan unos ecosistemas también únicos: los ecosistemas serpentínicos. Por ello fue solicitada formalmente su protección como Parque Nacional ya en 2007. La peridotita representa, una de las intrusiones de rocas ultrabásicas más extensas y mejor expuestas del mundo, con una gran visibilidad internacional debido a que constituye un laboratorio natural excepcional para el estudio del manto terrestre subcontinental.

Encarna esta sierra, de manera incontestable, un ecosistema singular aún no representado en el catálogo de Parques Nacionales. En la Plataforma, los colectivos científicos y sociales que la constituyen, convencidos del interés y valores específicos que contiene, se han esforzado en tareas de estudio, análisis pormenorizado de endemismos, de la biodiversidad que contiene, de las peculiaridades del afloramiento ultramáfico que le confiere su rareza y de las rocas peridotíticas que la configuran y que le otorgan unas características muy especiales. También se han esforzado en difundir y explicar el resultado de tales estudios, con la intención de que se conociera y reconociera que cumple de forma impecable con los requisitos de representatividad, naturalidad, continuidad superficial, escasa intervención humana y viabilidad futura, todos los que se precisan para ser declarada P.N.

Sin embargo, la propuesta que llega ahora a término es la de Parque Nacional para la Sierra de las Nieves, colindante con la Bermeja, pero siendo los ecosistemas que pueden considerarse «únicos» o «irrepetibles» en la misma, de una superficie muy reducida. Se ha incluido en el proyecto de ley, además de los PINSAPARES de esta sierra de las Nieves, los ECOSISTEMAS SERPENTÍNICOS (vegetación y flora sobre PERIDOTITAS) incorporándose poco mas de un tercio de la Sierra Bermeja, la que sí es, en toda su extensión, representante de esa rareza geológica.

En mayo de 2018 participé en el debate en la comisión de Medioambiente y Ordenación del Territorio del Parlamento andaluz sobre la propuesta para impulsar la declaración de la Sierra de las Nieves como PN, en la que se tomaba una pequeña parte de esta sierra Bermeja con la intención de cubrir lo que le faltaba a la sierra de las Nieves para cumplir con los requisitos que se requerían, añadiéndole algunas elevaciones de Sierra Real, de manera que así se incorporaba la complejidad del sustrato peridotítico, por ser la presencia de peridotitas en la Sierra de las Nieves, testimonial. Y es ese característico sustrato el responsable de la peculiaridad de sus especies endémicas, que no se dan en otros lugares y que se manifiesta en hábitats, especies y elementos geológicos singulares.

Así que no se ha incorporado el rico territorio de Sierra Bermeja, sino únicamente una muestra relativamente pequeña, al proyecto de ley de declaración de PN de Sierra de las Nieves, siendo la Sierra Bermeja la que mejor representa los excepcionales ecosistemas que se ubican en un sistema geológico también excepcional.

Solo tres pequeñas zonas de Sierra de las Nieves y de sus sierras más cercanas son únicas por los ecosistemas representados: los sabinar-enebrales oromediterráneos con pinsapos (unas 100 hectáreas), el quejigal adehesado (unas 500 hectáreas) y el alcornocal con pinsapos (éste fuera de la Sierra de las Nieves propiamente dicha, unas 100 hectáreas). Para solventar esta deficiencia, se añadieron ecosistemas limítrofes como es el caso de las peridotitas de Sierra Bermeja. En la propuesta de Parque Nacional Sierra de las Nieves, al que finalmente no se ha incorporado el nombre de Bermeja, se han añadido 10.000 hectáreas de Sierra Bermeja -un 35%-, fragmentando una Zona de Especial Conservación Europea, una montaña compacta en su constitución geográfica e histórica, sin justificación científica que lo avale.

La Plataforma ha solicitado en multitud de ocasiones ante la administración una serie de modificaciones que incorporasen lo que aporta este territorio excluido, comenzando por el propio nombre, en atención a la imprescindible aportación de esta montaña malagueña. O, por ejemplo, en caso de no modificar los límites decididos, que la Zona Periférica de Protección del futuro parque nacional incluyera la totalidad de la ZEC “Sierras Bermeja y Real” excluida, y la ZEC “Los Reales de Sierra Bermeja”. O convertir la A-397 en carretera paisajística, dotándola de los conectores ecológicos necesarios para garantizar la permeabilidad de la vía. La voluntad de dialogar sobre expectativas y potencialidades ha sido permanente por parte de la plataforma, pero no se ha visto colmada.

Con la propuesta de Parque Nacional Sierra de las Nieves que finalmente llegará a la mesa del Consejo de Ministros antes de su debate en el Congreso, NO quedarán fielmente representados los ecosistemas serpentínicos, y al fragmentar el territorio a conservar, se va “a la contra” de las actuales políticas de conservación. En la etapa del proceso en que se ha abierto a la participación, se han alegado las razones para sumar el territorio mas representativo y singular, sin que haya habido reconocimiento de esas razones (que son científicas y no políticas) o la mas mínima concesión. Queda fuera de la propuesta de Sierra de las Nieves el único bosque de pinsapos sobre peridotitas del mundo.

Incorporar la Sierra Bermeja (con 30.000 hectáreas continuas de peridotitas, con pinar-coscojar endémico, con matorral serpentinícola exclusivo y con su pinsapar serpentinícola único en el planeta) a los territorios de Sierra de las Nieves sería una propuesta Bermeja + Nieves, mucho más grande y sólida, pero no ha habido interés político en defender esta fórmula. No ha habido en toda la tramitación del anteproyecto y proyecto de ley, voluntad de diálogo y de aceptar los dictámenes científicos y la presión social por parte de las administraciones responsables.

A pesar de no haber sido escuchada, la plataforma Sierra Bermeja Parque Nacional ambiciona que se proteja el territorio. Que se le otorgue la distinción a la Sierra de las Nieves, pero que se haga sin marginar a la SIERRA BERMEJA. Queremos un GRAN PARQUE NACIONAL para Málaga, para Andalucía y en interés de la sociedad.

Artículo publicado en el blog de Público.es «Ecologismo de Emergencia» el 23 de enero 2021

Rachel Carson y su “Primavera Silenciosa”

En 1962 la escritora y bióloga marina Rachel Carson publicó “Primavera silenciosa”, una investigación sobre el uso generalizado de pesticidas, en donde denunció que los venenos utilizados se acumulaban en la cadena alimentaria, con enormes riesgos para la salud humana y terribles efectos para flora y fauna: “Polvos y aerosoles ahora se aplican casi universalmente a granjas, jardines, bosques y hogares. Productos químicos no selectivos que tienen el poder de matar a todos los insectos, a los “buenos” y a los “malos”, de calmar el canto de los pájaros y el salto de los peces en los arroyos, de cubrir las hojas con una película mortal para luego permanecer en el suelo. Todo esto, aunque el objetivo deseado puedan ser solo unas pocas hierbas o insectos”, escribió. Algunos autores habían sugerido anteriormente que los plaguicidas modernos planteaban peligros, pero ninguno escribió con la elocuencia de Carson.

Primavera Silenciosa no solo se enfocó en los peligros de los pesticidas químicos, fue una historia magistral sobre el mundo natural, convirtiéndose en uno de los primeros libros sobre ecología que impregna la cultura popular.

Carson había demostrado ser una escritora de gran talento, capaz de tomar material científico árido y convertirlo en una lectura interesante para el público en general. Al recibir el Premio Nacional del Libro dijo: “Si en mi libro hay poesía sobre el mar no es porque lo expresé deliberadamente, sino porque nadie podía escribir con sinceridad sobre el mar y dejar de lado la poesía”. En 1955 completó su trilogía de temática marina con The Edge of the Sea (“El borde del mar”), que se publicó inicialmente en The New Yorker y se convertiría en éxito de ventas.

Rachel era alegre, tierna y sosegada cuando escribió sus tres libros sobre el mar. Pero “Primavera silenciosa” es sobrio, más denso y mucho menos optimista sobre la relación entre nuestra especie y la naturaleza.

Contribuyó a un nuevo conocimiento del lugar que ocupa la especie humana en el mundo y a promover políticas y conductas para preservar ese mundo. Fue Rachel Carson la que ayudó, con su libro y su testimonio, a la creación, años después de su muerte, de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), a controlar el uso del DDT y de otros pesticidas, a la celebración del Día de la Tierra, a las leyes que se dictaron en muchos países del planeta sobre pesticidas, insecticidas, fungicidas, rodenticidas y productos similares y, en fin, al desarrollo del movimiento filosófico y político que hoy llamamos ecologismo. 

En “Primavera silenciosa” Carson trata, de manera precisa pero asequible para todos y con narrativa sencilla, la relación de la vida con el medio ambiente. Su libro era un grito al público lector para ayudar a frenar los programas públicos y privados que, mediante el uso de venenos, terminarían destruyendo la vida en la tierra. Para asegurarse de que se conocieran los hechos, los relata y los documenta con 55 páginas de referencias. Temía a los venenos insidiosos, que se propagan en forma de aerosoles y polvo o que se agregan a los alimentos, mucho más que a los desechos radiactivos de una guerra nuclear.

Carson aplaudía las alternativas al uso generalizado de productos químicos venenosos. Por ejemplo, señalaba el control exitoso de insectos escamosos con escarabajos mariquita en la «enfermedad láctea». Y es que, muy a menudo, las especies dañinas nuevas en un área dada, han dejado de ser un problema cuando aparecen o se introducen sus enemigos naturales o sus equivalentes. La lucha natural por la supervivencia puede mantener el número de plagas en un nivel bastante bajo. Este enfoque, como subrayaba Carson, rara vez crea nuevas plagas, mientras que las campañas de exterminio químico, a menudo lo hacen.

Era difícil refutar las declaraciones cuidadosamente documentadas de Rachel Carson. Pero fueron muchos los ataques de usuarios de biocidas por aquella época, defendiendo sus motivos y métodos. Esgrimían argumentos que, admitiendo el peligro de estos productos químicos, insistían en que las sustancias podrían ser útiles usadas correctamente. Evidentemente no hacían mención a calamidades observadas tras la aplicación de los venenos, como sí lo hacía con profusa documentación «Silent Spring». Y es que, además, el noventa por ciento de todos los insectos son buenos, y si mueren, los servicios que prestan se desvanecen de inmediato.

El libro menciona que en 1960 los ciudadanos privados de América invirtieron más de 750 millones Ֆ en venenos para matar insectos, ratas, peces no deseados, hierbas y otras “plagas”. Los gobiernos federales, estatales y locales gastaron una cantidad aún mayor para poner veneno en tierras públicas (incluidos bosques nacionales, parques y bordes de carreteras) y en propiedad privada (muchos de cuyos propietarios se opusieron vehementemente a dicho tratamiento). Comprensiblemente, los fabricantes, distribuidores y aplicadores de todas estas toneladas de productos químicos esperaban que aumentase la demanda de pesticidas. Para expandir sus negocios, invertían gran cantidad de dólares en investigación y promoción. Con una inversión financiera tan grande, necesitaban acallar las voces críticas.

Decía Carson: “Ninguna enmienda a la Constitución nos protege de este nuevo peligro. Si la Declaración de Derechos no contiene ninguna garantía de que un ciudadano esté seguro frente a venenos letales distribuidos por particulares o por funcionarios públicos, seguramente es solo porque nuestros antepasados, a pesar de su considerable sabiduría y previsión, no podrían concebir tal problema”.

No era probable que el Congreso americano, a menos que lo exigieran suficientes personas, votara las asignaciones para permitir que la Administración de Drogas y Alimentos controlase los residuos venenosos en los alimentos. Los dos criterios que los legisladores entienden son los votos y los impuestos. Pocos votos y pocos impuestos provenían de grupos naturalistas, como la Sociedad Nacional Audubon. Eran organizaciones (y sus revistas) de pequeña circulación y con poco dinero para gastar en educar e influir en los legisladores.

La industria química estaba alterando el equilibrio de la naturaleza. Y «Primavera Silenciosa” advertía que cantidades triviales de un veneno podían hacer que, cantidades triviales de otro fuesen repentinamente desastrosas; y los venenos almacenados en el cuerpo se toleran con buena salud, pero surten efecto dramático cuando una enfermedad disminuye la resistencia del cuerpo. A lo que la industria contestaba: “Cualquier daño causado por el uso de pesticidas está sobrecompensado por el bien que hacen».

La autora se enfrentó a uno de los problemas más graves que la Revolución Industrial, el siglo XX y las conductas de nuestra especie, han dejado en herencia al futuro, y a quienes vivan ese futuro en nuestro planeta: la contaminación y sus efectos. Rachel escribió en Primavera silenciosa que:

[…] por primera vez en la historia del mundo, todo ser humano está ahora en contacto con productos químicos peligrosos, desde el momento de su concepción hasta su muerte… Se han encontrado en peces en remotos lagos de montaña, en lombrices enterradas en el suelo, en los huevos de los pájaros y en el propio hombre, ya que estos productos químicos están ahora almacenados en los cuerpos de la vasta mayoría de los seres humanos. Aparecen en la leche materna y probablemente en los tejidos del niño que todavía no ha nacido.”

El libro se publicó por entregas en la revista New Yorker en 1962 y, avisada la industria agroquímica sobre su contenido, intentaron impedir su edición como libro. Los ataques fueron terribles, tanto a su libro como a ella misma. Dijeron que sus datos no eran de fiar, aunque nadie lo pudo demostrar. Llevaba cuatro años preparando el libro y, además de los textos que revisó, se entrevistó y mantuvo correspondencia con gran cantidad de científicos y expertos sobre el DDT y sus efectos. De ella se dijo que ni siquiera era doctora, como mucho una técnico que venía de la administración. Y tuvo que aguantar insultos y calumnias constantes. Un antiguo Secretario de Agricultura llegó a escribir, en una carta dirigida al Presidente Eisenhower (que luego se hizo pública), que “…como no se ha casado, a pesar de ser físicamente atractiva, probablemente es comunista”. ¡Extraordinaria crítica científica a falta de mejores argumentos!

Pero Rachel sabía cómo contar esa historia utilizando la información científica a la que accedía y compilaba, y seleccionó cuidadosamente su trabajo, ya que tanto ella como su editor esperaban que el libro fuera examinado de cerca por científicos y críticos. Eran 260 páginas de informes con historias atractivas, algunas de gente común que lidiaba con problemas químicos en sus comunidades, a las que Carson agregaría información científica o una explicación más detallada. Cargada de citas científicas para apoyar su presentación de informes, ilustrando conceptos más amplios, como el funcionamiento de las cadenas alimentarias y los sistemas ecológicos.

Así que cuando el libro se publicó, tuvo un éxito extraordinario. Llegaron los apoyos y los elogios, aunque siguieron los ataques. Incluso 50 años después, en 2012 y desde la revista Nature se le acusaba de provocar la prohibición del DDT en Estados Unidos en 1972 (en España se prohibió en 1971) debido a la difusión y popularidad de su libro. Una crítica que se centraba, sobre todo, en la utilidad del DDT en la lucha contra el mosquito de la malaria.

En realidad, nunca se prohibió el DDT en las fumigaciones contra el mosquito de la malaria cuando era necesario, y en muchos países se sigue utilizando con ese fin.  Carson nunca se opuso a la utilización de insecticidas, y en concreto del DDT, en el control de la malaria pero, sí que pidió más vigilancia en su uso.

Desde el punto de vista conceptual y biológico, Rachel Carson popularizó que nuestra especie no es dueña de la naturaleza, sino parte de ella como cualquier otro ser vivo. Lo aceptáramos o no, éramos, y somos, parte de esa naturaleza.

Primavera silenciosa era el compromiso de una mujer que pasó por una mastectomía en 1960 por un cáncer de mama, que se le diagnosticó mientras preparaba y escribía el libro. Murió dos años después de la publicación del mismo, en 1964. El cáncer de mama se asociaba a la exposición a productos químicos carcinogénicos y al DDT se le consideraba entonces un producto cancerígeno.

Carson pidió el establecimiento de alguna agencia reguladora independiente para proteger a las personas y al medioambiente de los peligros químicos, y afirmó que uno de los derechos humanos más básicos era el “derecho del ciudadano a estar seguro en su propio hogar contra la intrusión de venenos aplicados por otras personas”. Solicitó el control estricto de la fumigación aérea de plaguicidas, la reducción y eventual eliminación del uso de plaguicidas persistentes, y más investigación dedicada a los métodos no químicos de control de plagas. Con este libro consiguió que mucha gente se preocupase por la ética ambiental y ayudó a sentar las bases de una conciencia ecológica de masas, estableciendo la conexión entre lo que sucede en la naturaleza y la salud pública, especialmente si se trataba de un nuevo tipo de contaminación, invisible, que podía infiltrar la biología a nivel celular y molecular, acarreando daños acumulativos y generacionales a las aves, los peces y los seres humanos.

El próximo año se cumplirán 60 desde la publicación de Silent Spring, y ante el empeoramiento de las condiciones ambientales y sanitarias a nivel mundial, las nuevas tecnologías destructivas y el agotamiento de recursos, vale la pena recordar y valorar el trabajo pionero de Rachel Carson: “Todavía hablamos en términos de conquista. Todavía no hemos madurado lo suficiente como para pensar que somos solo una pequeña parte de un vasto e increíble universo”, había dicho Carson. “La actitud del hombre hacia la naturaleza es hoy de importancia crítica simplemente porque ahora hemos adquirido un poder fatídico para alterar y destruir la naturaleza”.

Carson ayudó a cambiar nuestra manera de ver el mundo y nuestro lugar en él.

Esta entrada se publicó el 14 de enero 2021 en Blog Sostenible https://blogsostenible.wordpress.com/2021/01/14/rachel-carson-primavera-silenciosa-pesticidas-biodiversidad/

LA MARISMA QUE DESAPARECIÓ BAJO UNA MONTAÑA TÓXICA EN SOLO 50 AÑOS. Una de las tragedias onubenses

Estos días se han congregado más de cien colectivos, protestando a las puertas del Ayuntamiento de Huelva para mostrar su rechazo a la intención de la empresa Fertiberia de enterrar los fosfoyesos, y rechazando el proyecto presentado en la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) que sí ha recibido el visto bueno del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico porque, -afirman-, pretende cubrir con una fina capa de tierra las miles de toneladas de fosfoyesos que se han depositado durante tantos años. El otorgamiento se condiciona a numerosas cuestiones ambientales de la DIA, y supone para la ciudad de Huelva el enterramiento definitivo de los fosfoyesos en las marismas y su permanencia geológica en un problemático futuro.

La ciudad de Huelva se asienta en una gran llanura litoral donde abundan las marismas, caños, lagunas y esteros, junto a zonas de arenas. La estructura sedimentaria es de elementos muy finos (arcillas), y expuestos a dinámicas de flujo continental y marítimo, con materiales aún no consolidados. Su situación en la confluencia y desembocadura de los ríos Tinto y Odiel explica algunos de los riesgos que existen, como consecuencia del grave conflicto ambiental generado. Son necesarias medidas urgentes, ineludibles y costosas para neutralizar la enorme montaña tóxica de fosfoyesos que se ha acumulado a lo largo de mas de cuatro décadas, sobre fangos poco compactados y arenas embebidas en agua. Una montaña originada por la acumulación de materiales industriales que es una de las mayores del mundo. Tras su clausura se ha mantenido la zona en permanente riesgo de desastre ecológico. Un riesgo de gran magnitud que podría dejar pequeña la devastación ya vivida en Aznalcóllar.

 Fertiberia obtuvo en 1968 la concesión para verter sus residuos a la Marisma del Tinto, y lo hizo hasta que en 2004 el Ministerio de Medio Ambiente declaró caducadas las concesiones de los terrenos en que se asientan las enormes balsas. Entre 700 y 1000 hectáreas, la misma extensión que la ciudad de Huelva y a escasos 500 m. de sus viviendas. Tiene entre 80 y 100 millones de toneladas de residuos, en su mayoría fosfoyesos, que son un subproducto resultante de la fabricación de fertilizantes fosfatados.*[1] Antes de la concesión, la marisma estaba limpia. Pero después de contaminar tanta extensión y durante tanto tiempo, no va a ser técnicamente posible descontaminar y volver a dejar limpia la marisma como así están exigiendo los colectivos. Son cosas de la entropía: imposible volver al punto de partida tras el disparate consentido durante tantos años.

El Polo Químico suele dividir a los ciudadanos entre los que lo ven como motor económico de la ciudad (por los puestos de trabajo que genera) y los que lo ven como su primer problema al afectarles a su salud (las balsas emiten una radiación 27 veces por encima de lo permitido, muy por encima de la legislación española y la directiva europea) o destruir los ecosistemas que circundan la ciudad.

El dilema ya está servido: Es un hecho que no se debió permitir el vertido continuado, durante décadas, de residuos tan tóxicos a las puertas de la ciudad y en zona tan frágil. De hecho, en ningún otro lugar. Y también es un hecho que la insistente petición ecologista de que “quien contamine, pague” nunca se cumple, porque una vez rotos los equilibrios ambientales, no se vuelve a la situación de partida y el destrozo nunca se repara. Pero a las amenazantes balsas, hay que buscarles una enmienda que no genere otros problemas.

Por eso, respecto a la DIA, en este caso, como en los demás, se analizan distintas alternativas. Lo que ha aceptado el Ministerio es que se encapsule la zona de vertidos, no que se regenere, que es lo que piden desde asociaciones ecologistas y ciudadanas de Huelva. Regenerar la marisma con garantías no es fácil y supondría mover los fosfoyesos. Pero, si se trasladasen los fosfoyesos para limpiar la marisma ¿qué hacer con ellos? ¿Dónde depositarlos? Aunque el sellado in situ sea una mala solución, es evidente que implica menos riesgos que el que significa trasladar todos los vertidos tóxicos a otro lugar. Asumiendo, claro está, que se ha evaluado con rigor y con las herramientas que existen para ello, (Mejores Tecnologías Disponibles que suelen decir las empresas). Existe la posibilidad de pedir otra evaluación de riesgos de las distintas alternativas de gestión, para tener una opinión independiente y cualificada aparte de la de la empresa y la del ministerio. La Universidad de Huelva cuenta con equipos de investigación que han trabajado sobre ello.

Pero es evidente que NO se resuelve el problema porque no hay una solución óptima para unos vertidos que no se debieron autorizar, y menos durante tanto tiempo de acumulación y lo único que ya se puede hacer es convivir con el riesgo; al que –en teoría- pretenden mantener dentro de un rango asumible.

Las alternativas que suponen mover el suelo o los sedimentos contaminados se suelen desechar, al ser más peligroso mover el material y acabar trasladando el problema a otro sitio. No es un volumen pequeño que se pueda llevar a un vertedero, son muchas hectáreas de balsas (entre 700 y 1000 Has). Y, asumido que no se mueve, lo que queda es actuar in situ. En general, se suele optar por soluciones ”ingenieriles” aunque para determinados contaminantes como metales pesados y petróleo pueden funcionar tratamientos biológicos. Aquí no es el caso. Demasiado contaminante y extensión. Ante eso, lo propuesto es una especie de sellado de las balsas (encapsulado) que limite las pérdidas, posibles infiltraciones, límite riesgos de rotura y otros posibles problemas. Como se sabe que eso no es seguro y con el paso del tiempo puede haber rotura e infiltraciones, quizá gases también, se propone vigilancia a 30 años, aunque después de ese tiempo el riesgo va a persistir. Para fijar taludes tiran de vegetación, que de camino queda bien. No se puede descontaminar a 0. Se descontamina hasta que el riesgo se considere aceptable para la salud de las personas y del ecosistema. Dónde esté ese límite aceptable no creo que nadie lo sepa con certeza.

Es la solución menos mala dada la situación. Por supuesto siendo muy exigente con la ejecución y con “el aval” que garantice que los riesgos se mantendrán en “límites aceptables”. Se debe exigir a Junta y Ministerio que consideren adecuadamente el riesgo que de verdad es asumible para la ciudad de Huelva y en consecuencia, que exijan a Fertiberia el máximo rigor en el encapsulado de suelos (que quede con la estanqueidad garantizada) y que aporte el montante que se considere necesario para su mantenimiento a futuro, asegurando que ese dinero no se pueda dedicar a otra cosa. No sé si los 65 millones € exigidos como fondo de garantía, son garantía suficiente, pero tendría que ser depositado en un banco para estos fines y estar disponible para los imprevistos y los probables incumplimientos que tenga el proyecto y su monitorización durante 30 años. Con certeza es una cantidad pequeña para los daños ocasionados y los riesgos que sufrirán generaciones de onubenses. Pero ¿qué criterio se podría usar para declarar una cantidad como razonable y suficiente?

Conclusión: Es una actividad que no se debería haber permitido y por la que Feriberia, además de remediar debe compensar a la ciudad de alguna manera. Al dar el Ministerio por bueno el proyecto, tendría que argumentar porqué considera que se han evaluado suficientemente los riesgos con los que tendrán que convivir los onubenses y su ecosistema de marismas.

Quiero aclarar que, coincidir, en un marco de evaluación de riesgos comparativos, que un confinamiento sea la solución menos mala en el corto-medio plazo, no blanquea la desastrosa gestión que Fertiberia ha hecho en Huelva y los daños ambientales y para la salud de las personas que ha producido por decenios. Además, en ese mismo sentido, habría que preguntar al Ministerio de Transición Ecológica, Dirección de Biodiversidad y Calidad Ambiental cómo es que se conceden permisos para que vengan 70.000 toneladas de residuos peligrosos procedentes de territorio extracomunitario, de Montenegro concretamente, hasta Nerva, y que se sumarían a otras 40.000 ya depositadas a comienzos de este año.  Se incumple así la premisa de la que parto en este artículo: la de que se traten los residuos allí donde se producen.

El vertedero de Nerva iba a destinarse a tratar los residuos de Huelva, Sevilla y Cádiz. Pero se ha convertido en el basurero de Europa, un vertedero de residuos tóxicos y peligrosos a 700 metros de las casas del pueblo. Se esperan más envíos desde Montenegro hasta completar la operación de “limpieza” (bastante cuestionable) de 150.000 toneladas de residuos, el equivalente a 15 torres Eiffel, repartidas en 1,7 hectáreas. Y esta situación es contradictoria con la que se plantea para Huelva capital.

*[1] Respecto a lo que ha sucedido tras caducar las concesiones, hay que apuntar alguna cosa que amplíe el foco.  Y es que Fertiberia ha pasado a comprar su materia prima (ac. Fosfórico) a Marruecos. Lo ha hecho al no poder seguir vertiendo aquí, porque la legislación ambiental le ponía “difícil” contaminar sin costes. Y Marruecos le facilita esa materia prima que previamente roba al Sahara Occidental. Zonas ricas en Fosfatos y pobres en legislación ambiental. Marruecos controla el 75% del volumen de exportaciones de fosfatos en roca en el mundo. El 10% lo extrae del Sahara Occidental ocupado. Un expolio que implica no solo degradación ambiental por vertidos incontrolados, que van directamente al mar, sino degradación moral por la pobreza y humillación a que se somete al pueblo saharaui para expoliar sus riquezas naturales. Altos responsables de la empresa admiten sin sonrojarse, que son conscientes de que Marruecos les proporciona la materia prima vertiendo los residuos de la producción de fosfatos, directamente al mar, como puede observarse desde los satélites. Así es como Villar Mir entiende la Responsabilidad Social Corporativa (RSC).

Si el sistema de producción capitalista arruina las pesquerías de zonas marinas de gran valor pesquero como los caladeros de las costas atlánticas africanas, arruina las marismas y la salud de las gentes que viven donde se han venido produciendo fertilizantes fosfatados o de otro tipo y lo hace para mantener un sistema agroindustrial que supuestamente debe alimentar a una población mundial creciente… no creo que por ese camino lleguemos lejos antes de colapsar.

Publicado en el Blog de Público.es: Ecologismo de Emergencia el 9 de diciembre 2020

#25Nov. Demandando una transformación de la realidad, opresiva y violenta contra las mujeres, para transmutarla en armoniosa para todas

Historias de feministas y feminismos, adjetivados de formas diversas, todas conocemos unas cuantas.

 Historias conocidas de abusos del sistema “patriarcal”, sobre todos los ámbitos de la vida de las mujeres, (ese sistema que ha organizado la sociedad reservando la autoridad exclusivamente al hombre). Historias de cómo afrontamos esos abusos como colectivo y como mujeres individuales también, de cómo vivimos, procesamos o nos adaptamos a las pautas y patrones de comportamiento que se nos quieren imponer y de hecho se nos han impuesto desde hace centurias. De todo eso hablaremos y oiremos hablar hoy con profusión. Hoy 25 de noviembre, día en que la comunidad internacional quiere dedicar el día a la eliminación de la violencia contra la mujer.

El objetivo que entiendo primordial del feminismo es lograr la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, ​y eliminar la dominación y violencia ejercida por hombres sobre mujeres, en el entendido de que el sistema político, social y económico que nos gobierna es profundamente “patriarcal” y por ello causante de la desigualdad estructural que un día como hoy, denunciamos con fuerza, y lo seguimos haciendo el resto de días del año. Y con la esperanza de que cambie esta realidad para todas las féminas porque ello querrá decir que hemos conseguido una sociedad mas justa y feliz.

Asumiendo que todo lo personal es político, entramos como mujeres ideológica y políticamente armadas, a dar, cada cual su batalla, en los ámbitos y entornos en que transcurre nuestra actividad diaria. Queremos entender el mundo tal y como está configurado y queremos saber por qué se ha organizado precisamente así, según la voluntad patriarcal. Porque solo entendiendo sus mecanismos lograremos cambiarlo. ¿En qué forma se puede mejorar la vida colectiva acabando con la subordinación de las mujeres? ¿cómo se usa y/o malgasta “el poder” en mantener subyugada y en permanente subordinación a la mujer en la sociedad? ¿Qué hacer para que se produzca el cambio? ¿Para que desaparezcan la sumisión y la subordinación de la mujer?

Las mujeres nos hemos visto empujadas a reivindicar derechos, crear redes y subvertir la marginación política y social a lo largo de la historia. Queremos construir un futuro mejor, y no solo para nosotras.

Afirman en el Manifiesto de las Mujeres de la Vía Campesina: “…Unidas ante el imperativo ético y político de defender el derecho a la alimentación, la agricultura campesina, la defensa de la biodiversidad, de nuestros bienes naturales y la lucha por poner fin a la violencia en todas sus expresiones, agudizada ante este sistema económico capitalista y patriarcal.”

Conectan así, estas mujeres, en este párrafo, la crítica feminista en el mundo campesino, con la crítica a la dominación capitalista que causa todo tipo de violencia contra la mujer y contra la naturaleza.

Se trata de batallar a diario por la defensa de los espacios y los cuerpos, por la defensa de la tierra, contra el saqueo y la devastación que provoca el capitalismo -que se acompaña y sustenta en un ideal patriarcal-, solo preocupado por hacer girar la rueda del mercado, -oferta y demanda- como fin último y absurdo. ¿El medio para conseguirlo?, subyugando y oprimiendo a la mitad femenina de la humanidad, las mujeres; además de a colectivos artificialmente clasificados para poder señalarlos, denigrarlos y explotarlos mejor. Es decir, se trata, desde el feminismo, de cómo lidiar con los problemas más acuciantes de nuestro tiempo, que son los problemas causados por el capitalismo global, que se ensaña especialmente con las mujeres, sirviéndose del modelo patriarcal para perpetuar privilegios.

A estas alturas, son mas que evidentes los efectos del neoliberalismo en el género; así como las   interrelaciones entre desarrollo, crisis socioeconómicas, subordinación femenina y género.

Dado que el capitalismo global es un problema cada vez de mayor calibre, y sus crisis aumentan en número e intensidad, habrá que desconfiar de medidas que se propongan para integrar a las mujeres en los procesos de crecimiento económico: la única solución viable para acabar con la explotación y abuso sobre ellas, es un cambio socioeconómico en gran escala. O, dicho de otra forma, las tesis feministas no son compatibles con el capitalismo, ese que está dando la penúltima vuelta de tuerca a la explotación masiva de la biosfera y recursos materiales y humanos.

El feminismo político lucha por mejorar el futuro del mundo y no puede encerrarse en una estrategia única, sino ser un movimiento amplio que articule las batallas contra las diferentes facetas de la injusticia de género: políticas, culturales y socioeconómicas. Esto precisa de un esfuerzo colectivo. Porque la precarización de la vida en general se ceba con especial intensidad en las mujeres, generando una vulnerabilidad que no debe ser aceptada en ningún caso.

Por tanto, como todo lo personal es político y el feminismo es ambas cosas, trabaja en la formulación de alternativas políticas y económicas al neoliberalismo. La economía feminista es buena prueba de que, para acabar con el neoliberalismo hay alternativas. Y en ese sentido, hay que mantenerse alerta, para evitar el riesgo de entrar en el juego del razonamiento neoliberal o de servir a sus procesos de reestructuración. Además, en una era de redes enmarañadas, que amoldan su cosmovisión a las circunstancias que nos envuelven y que son tan cambiantes, necesitamos un «feminismo fluido», es decir, un feminismo que sea adaptable sin perder su esencia.

En realidad, una tarea colosal en la que andamos embarcadas y cuyo utópico objetivo es dar un vuelco a la organización social que nos ha mantenido aprisionadas en roles de subordinación a lo largo de la historia, y perduran hasta hoy porque el sistema necesita mantenernos en situación de injusta precariedad y de sometimiento.

¡Hacia esa utopía vamos!

Publicado en Revista el Observador el 25 de noviembre 2020