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Sobre el proyecto de presa en Río Grande, Málaga

Estos días se vuelve a oír hablar de un proyecto descartado en 2.007 por el rechazo social que suscitó. Y es porque la Junta de Andalucía vuelve a mostrar interés, como método para evitar inundaciones.

Por ello quiero empezar diciendo que es rotundamente FALSO que la principal causa de las inundaciones sea que un río no esté regulado. Y decir, como argumento de refuerzo que va a prevenir crecidas e inundaciones en el río Guadalhorce, es falaz e incorrecto. Se puede pretender justificar la obra en que se precisa garantizar el abastecimiento de agua potable a varias zonas de la provincia, pero solo en caso de dedicarse exclusivamente al consumo humano, porque las demandas existentes aguas abajo, son en su práctica totalidad de regadíos.

Los embalses y trasvases de agua, de los que estamos sobredotados, tienen un gran impacto ambiental, y sirven para seguir incrementando la oferta de un recurso, el agua, que ya está sobrexplotado. En los últimos años, principalmente como consecuencia de la subida de las temperaturas a causa del cambio climático, los recursos hídricos disponibles en España se han visto disminuidos de manera muy importante.

En 2009 se aceptó una propuesta de IU para proteger Río Grande y retirar el proyecto de presa, esa propuesta instaba a la Consejería de Medio Ambiente a la protección integral del río y al Gobierno central a la retirada del proyecto de la presa de Cerro Blanco, incluido en el Plan Hidrológico Nacional. El río, que riega las huertas de buena parte del Valle del Guadalhorce, quedaría libre de cualquier nuevo proyecto destinado a embalsar sus aguas. Parece que, la situación actual de escasez de recursos hídricos es la que desentierra de nuevo estos proyectos. En su día hubo una fuerte presión vecinal, de grupos ecologistas, la Plataforma de Río Grande y ayuntamientos de la zona para evitar el deterioro de un río que es uno de los mejores de la provincia, porque no está apresado y nutre de agua a todos los acuíferos de la zona. En EQUO Málaga no podemos sino sentirnos decepcionados por esta vuelta atrás en una pretensión que no solventará los problemas que pretende.

Los embalses y trasvases de agua, de los que estamos sobredotados, tienen un gran impacto ambiental, y sirven para seguir incrementando la oferta de un recurso, el agua, que ya está sobrexplotado.

Proponemos en nuestro programa, el abandono definitivo de la construcción de embalses y trasvases (tenemos más de 1.100embalses en la actualidad), dado el gran impacto ambiental y social que genera y su cada vez más que dudosa utilidad. En agricultura, existen alrededor de 3.600.000 Has. de regadío, que suponen el 80 % del consumo. La superficie de regadío se sigue incrementando y por tanto el consumo. Si a ello unimos la reducción de los recursos disponibles a causa del cambio climático, todo apunta a una mayor sobreexplotación de los recursos hídricos, y por tanto a un escenario de total insostenibilidad.

Las siguientes medidas serían las deseables a corto plazo:

Moratoria a la creación de nuevos regadíos.

– Continuar con la inversión pública para el incremento de la eficiencia en la utilización de agua mediante la modernización de los sistemas de canalización y riego, pero con la obligatoriedad de que los recursos hídricos liberados, se destinen a reforzar los caudales ecológicos.

Establecimiento de un precio para el agua de riego que refleje la totalidad de los costes ambientales, sociales y económicos que conlleva su obtención, tal y como establece la normativa europea.

Para la protección del dominio público hidráulico y márgenes fluviales es necesario que a los ríos se les considere como lo que realmente son: ecosistemas fluviales, no meros contenedores de agua, donde habitan gran cantidad de especies animales y vegetales, y cuya existencia es fundamental para el mantenimiento de otros ecosistemas colindantes. El abandono en el que se encuentran los cauces, ha permitido que se hayan construido numerosas edificaciones en los mismos, lo que ha contribuido a que se hayan visto las consecuencias que todos conocemos con las riadas, que, al fin y al cabo, son demostración de la mala gestión y conservación de los márgenes de los cauces.

Deberíamos desarrollar un plan cuyo objetivo sea, la restauración ambiental de todas las riberas de nuestros ríos, mediante su limpieza y revegetación con especies arbóreas y arbustivas autóctonas, de cara a la recuperación de los bosques de ribera originarios en un ancho mínimo de 5 metros de zona de servidumbre. Así, no solo reduciríamos, sino que evitaríamos los efectos de esas inundaciones de las que nos lamentamos. También el mantenimiento de los caudales ambientales o ecológicos es fundamental para que puedan preservarse adecuadamente los ecosistemas fluviales. Los caudales ambientales actualmente fijados incumplen claramente la definición establecida en la Ley, siendo muy inferiores a lo que deberían ser.

Es necesario que a los ríos se les considere como lo que realmente son: ecosistemas fluviales, no meros contenedores de agua, donde habitan gran cantidad de especies animales y vegetales, y cuya existencia es fundamental para el mantenimiento de otros ecosistemas colindantes.

Río Grande, es el único cauce de la cuenca del Río Guadalhorce que no está regulado, por lo que se planteó como nueva fuente de recursos hídricos para el abastecimiento de la ciudad de Málaga, aprovechando la gran calidad de su agua para el consumo humano. Los aportes procedentes de la derivación del Río Grande, que se cifraban en 20 hm3/año, no subsanarían el déficit de abastecimiento en el futuro, ya que los recursos son ya insuficientes para abastecer a las demandas existentes aguas abajo, que son en su práctica totalidad regadíos. Así que lo que debemos plantear es una reevaluación de la situación, no permitir más extracciones ilegales ni más aumentos de regadíos y mejorar los sistemas de canalización evitando pérdidas al mismo tiempo que se les da uso a las aguas regeneradas.

Es necesario adaptarse a los recursos disponibles.  Por eso hay que dirigirse desde las políticas de oferta hacia la gestión de la demanda. Y transitar desde una oferta que no tiene en cuenta la finitud del recurso, hacia una gestión eficiente de la demanda implica no sólo la política de aguas, sino que debe abarcar la planificación general a largo plazo y la ordenación territorial, sobre la base de la contención de los sectores principales demandantes de recursos hídricos, como el urbano-turístico y especialmente el regadío. Una reducción eficaz de las demandas agrarias requiere no sólo más eficiencia (menores consumos hídricos por hectárea) sino también contener y reducir la superficie total de regadío.

 

El agua, un recurso sobreexplotado

En Andalucía, el agua es un recurso estratégico del que dependen las actividades productivas, la calidad de vida de sus habitantes y la supervivencia de ecosistemas de gran valor ecológico. Forma parte del patrimonio natural de los andaluces al ser corazón y motor de ecosistemas fundamentales como marismas, humedales, ríos…

El futuro del recurso debe pasar por una gestión sostenible e integral, como así se establece en la Directiva Marco de Aguas (DMA), apostando por un mayor control en la demanda o limitando la oferta que hasta ahora parece infinita.

En los últimos tiempos se ha hecho evidente la merma de recursos hídricos disponibles en España por los efectos del cambio climático, una creciente actividad extractiva que no respeta la capacidad de carga de los acuíferos, ni la disponibilidad de agua de las distintas cuencas hidrográficas.

La reducción de las precipitaciones y, muy especialmente, la subida de las temperaturas, han generado una reducción media del agua que va a parar a los cauces, de más del 20% en tan sólo 25 años. Si además consideramos que la actividad agrícola supone en torno al 80% del agua consumida en España, para poder recuperar un cierto equilibrio hídrico sería necesario aceptar el hecho de que este recurso es limitante en nuestro país y especialmente en Andalucía lo que requiere que definamos la superficie regada que podemos tener y mantener sin `poner en riesgo la propia actividad en el futuro y sin afectar negativamente otros usos, como está ocurriendo.  Por tanto es imprescindible incrementar la eficiencia en el uso del agua en agricultura, limitando la oferta y las concesiones de extracción de los acuíferos. Algunos expertos consideran que ya hemos superado en un 20% la extracción asumible, con los 4 millones de hectáreas regadas con las que contamos actualmente.

Los trasvases deben ser medidas excepcionales para suplir necesidades urgentes puntuales, y no para incrementar más el consumo de agua. Los planes hidrológicos que se aprobaron en 2016 no modificaban sustancialmente aquella concepción inicial  de la política de trasvases, a pesar de que se cuenta con un 20% menos de agua en España. Esos planes se hacían teniendo la idea de que el agua era infinita y era un modelo basado en el aumento de la oferta. Lo que no puede ser es que un siglo después sigamos sin entender que el agua que hay disponible es siempre la misma y que se recicla y recircula en un ciclo que estamos alterando. Cuando con nuestra actividad depredadora de recursos no lo tenemos en cuenta, sólo estamos propiciando que en un futuro próximo suframos limitaciones severas, tanto en el uso doméstico como en los cultivos. No se puede dar una oferta ilimitada de un recurso limitado.

La falta clara de gobernanza por parte de las Administraciones Central y Autonómica es un obstáculo para la correcta aplicación de las disposiciones de la DMA en España, ya que consiente la sobreexplotación del agua permitiendo asignaciones más allá de los recursos disponibles, lo que afecta al estado de las masas de agua e impide establecer políticas de gestión de la demanda eficaces. Este desajuste se utiliza, por parte de los usuarios y los propios Organismos de Cuenca, como justificación para solicitar la puesta en marcha de nuevos trasvases, infraestructuras de regulación y nuevas fuentes de recursos (a través de la desalación o la reutilización) para aumentar la oferta de agua.

Se debe desterrar la idea de que el agua es un mero recurso económico, sin tener en cuenta otros aspectos como los sociales o los ambientales. No se puede hacer política de aguas únicamente en función del uso económico. Esto provoca agresiones  a los ecosistemas fluviales, tanto a los cedentes como a los receptores. Desde el punto de vista social su simple planteamiento desencadena enfrentamientos entre unas comarcas y otras, de forma que lejos de esa pretendida vertebración en torno a lazos de dependencia y solidaridad hidrológicos son motivo de enfrentamiento. La gestión de los recursos hídricos pasa por ser uno de los temas que ha suscitado mayores controversias entre comunidades y comarcas cedentes y receptoras. Porque los desequilibrios entre disponibilidades reales y consumos de agua, son preocupantes y agudizan los conflictos provocados por el agua. En este contexto, la disponibilidad de agua, tanto en cantidad como en calidad, puede transformarse, en un futuro próximo, en un verdadero problema para nuestra sociedad.

Se debe desterrar la idea de que el agua es un mero recurso económico, sin tener en cuenta otros aspectos como los sociales o los ambientales.

La política hidrológica necesita como eje, la gestión ecológica de la demanda y no el aumento de la oferta. Asumir una política del agua planificada desde las disponibilidades hídricas y los condicionantes ambientales que contemplen objetivos como:  •la supresión de regadíos subvencionados para cultivos insostenibles; •prevalencia de la conservación de ecosistemas acuáticos; •eficiencia en la utilización del recurso; •garantizar la calidad del agua y proteger adecuadamente el dominio público hidráulico; •liberar las llanuras de inundación de la realidad territorial y del urbanismo ilegal; •eliminar la sobreexplotación de las aguas subterráneas; •proteger las zonas húmedas; •completar la depuración de aguas residuales; •establecer la recuperación de costes para todos los usuarios; etc., solo así se garantizaría una buena gestión, eficaz y eficiente.

Las perspectivas en relación al agua y las previsiones para España de las consecuencias del cambio climático podrían significar mayores temperaturas, precipitaciones menores, o más concentradas en el tiempo, y mayor evapotranspiración potencial. Lo cual incrementará los problemas de eutrofización de nuestras aguas, empeorando su calidad y reduciendo los posibles usos. Ante esta situación, la respuesta técnica de los gestores del agua debe centrarse, no sólo en aumentar la capacidad de regulación, sino en conceder mayor importancia a la gestión de los embalses, tanto en lo que se refiere a la reducción de los aportes contaminantes como en la mejora de la calidad de las aguas embalsadas.

La forma de gestionar embalses, determina también el funcionamiento y las posibilidades del ecosistema fluvial regulado río abajo. El ecosistema fluvial depende del régimen de caudales y de la calidad de sus aguas.

Hay, y se acentuará en el futuro, escasez de agua en amplias zonas de Andalucía debido al cambio climático, a los usos relacionados con la presión urbanística y el riego intensivo, así como a las actividades turísticas. Será fundamental la apuesta por el ahorro, la búsqueda de soluciones menos consumidoras de agua y el cierre del ciclo del agua de forma eficiente, depurando y recirculando.

Deben revisarse las futuras demandas de agua para no generar un problema de escasez, que también pondría en peligro los actuales cultivos de regadío. Y pensar en mejorar la gobernanza del agua en las cuencas para no tener que recurrir a estas medidas de trasvases.

Cada vez hay mayores consumos en la práctica totalidad de las zonas regables, y un aumento considerable de los niveles de salinidad. Por eso hay que insistir en que los llamados déficits hídricos no tienen que ver con los caudales de la cuenca sino con las crecientes peticiones de más agua de las comunidades de regantes.

La procedencia del agua que gastamos tiene 3 orígenes distintos: origen superficial, origen subterráneo y aguas reutilizadas. Debería hacerse un esfuerzo en conseguir mayor porcentaje de aguas reutilizadas lo que implicaría mayor inversión en la mejora de depuración y saneamiento de las masas de agua, con el consiguiente ahorro de las masas subterráneas y superficiales. Esta debe ser, una premisa a tener en cuenta antes que la propuesta de más construcciones y obras hidráulicas con la intención de aumentar la extracción para regadíos.

En años de menores precipitaciones que la media, como el de ahora, las campañas de riego se anticipan, y vamos hacia escenarios de aumento considerable de los periodos de sequía, mayores temperaturas, desprotección de la capa de suelo por pérdidas de masa arbórea y roturaciones para cambiar zonas de secano por regadíos… Todo esto lleva a una pérdida por evapotranspiración de las plantas. Ello nos debe llevar a ser escrupulosos con el agua embalsada y a poner coto al aumento descontrolado de los regadíos, en todas las cuencas de Andalucía.

 

Agricultura sostenible y con futuro en la Axarquía malagueña, ¿es posible?

¿Qué necesita la comarca de la Axarquía para tener un sector agrícola sostenible y con futuro?

Cuando hablo de futuro, no me refiero al año que viene, ni a los próximos 5 años, me refiero a que los hijos de los productores que ahora cultivan aguacates y mangos puedan seguir ganándose la vida cuando sean ellos los responsables de las explotaciones.

La producción de alimentos, en este caso de frutos subtropicales, depende del mercado, de la oferta y la demanda, pero NO TENDRÁ FUTURO si no se incluye en los balances, además de los aspectos económicos, la disponibilidad de los recursos necesarios para producir, que son SUELO, AGUA Y DIVERSIDAD y lo hacen para el presente y el futuro.

La verdadera protagonista en la comarca, por ser ahora el factor más limitante, es el AGUA, aunque no estaría de más analizar también, el maltrato que está sufriendo el suelo en la comarca. Con movimientos de toneladas de tierra para habilitar el cultivo en zonas de pendientes muy elevadas y por encima de la cota de 140 metros, que era una cota límite para el desarrollo del regadío.

Es necesario plantear restricciones a la extensión del riego y asegurar y mejorar la eficiencia del mismo en las zonas que ya cuentan con él.

Hay que ponerle freno a nuevas plantaciones. Y asumir, sin engañar al sector, que el agua regenerada y otras pequeñas actuaciones que se puedan hacer para mejorar la situación no suponen un gran volumen y no pueden dar lugar a incrementos de superficie de riego sino a asegurar el riego de lo que ya está plantado, que es mucho. Asumirlo será positivo para el sector, aunque ahora en el corto plazo no sea popular.

El sector y las comunidades de regantes  hablan de que la solución pasa por “trasvasar agua de donde sobra”. Habrá que aclarar para quien no sea consciente de ello, que el agua NO SOBRA en España.

A nivel estatal, el balance hídrico de nuestro país es negativo y lo es aún  más en la zona que nos ocupa y también en las zonas próximas de donde se suele proponer trasvasar agua. Y esa situación es probable que empeore porque la demanda del recurso y su consumo es cada vez mayor y ha crecido mucho en general.

El agua que vemos fluir superficialmente, -desgraciadamente en poco sitios de nuestra comunidad-, no sobra. Está conectada con las subterráneas y en la medida que extraigamos el agua superficial de las cuencas, acabaremos afectando negativamente a las aguas subterráneas. Es un ciclo cerrado, y acabaremos creando un déficit de muy difícil gestión, cuando comprometa el suministro a las poblaciones. Así que hablar de cuencas excedentarias en nuestro Sur, es faltar a los datos.

Conviene recordar que, del total de agua extraída para uso humano, en términos generales, un 70% se dedica de media a la agricultura y los datos disponibles de la comarca de la Axarquía indican que se está en ese rango o incluso algo más.

Por otro lado, anualmente llueve de media en la comarca 460 L/m2/año y la evapotranspiración potencial estimada está en los 1200L/m2/año, bastante más del doble. Lo que da una idea, a grosso modo, del déficit en el balance que tenemos. Más, si cabe, al considerar la gran demanda de agua para riego que ya existe en la actualidad y la permanente demanda de nuevos aumentos de regadíos.

Es necesario ser conscientes de que el planeta tiene límites y que los recursos renovables no se pueden gestionar como si fueran ilimitados.

La demanda actual ya supera con creces la disponibilidad que se puede cubrir en el presente:

  • En cuanto al Aguacate: asumiendo que hay unas 6.400 hectáreas de aguacate y que estas plantaciones consumen agua en un rango que va de los 7.000 a los 9.000 m3/Ha/año, en función del sistema de riego y, considerando un valor medio de 8.000 m3, se obtiene una necesidad media anual de 51 hectómetros cúbicos para este cultivo en la comarca.
  • En cuanto al Mango: en principio,necesitan menos agua y requieren unos 6.000 m3/Ha/año, si el riego es eficiente. Considerando 3.120 Hectáreas de cultivo, la estimación de necesidades es de casi 19 hectómetros cúbicos/año.
  • Otros regadíos pueden suponer de 12 a 13 hectómetros cúbicos más.

Esto significa que la demanda de agua, y enfatizo demanda de agua para riego está sobre los 82,8 hectómetros cúbicos/año ahora.  Y esta es una estimación conservadora que asume el uso de sistemas eficientes de riego, sobre todo en mango. Hay estimaciones y estudios que indican que la demanda puede superar los 100 Hectómetros cúbicos/año.

Estas necesidades de agua hay que balancearlas con la disponibilidad del recurso en la actualidad, que depende en buena medida de dos fuentes:

  • Por un lado, el pantano de la Viñuela que, según datos de Axaragua, provee consumos anuales de 30 hectómetros cúbicos, 15 para uso urbano y 15 para riego.
  • A ello habría que sumar lo que llueve de media sobre los subtropicales y resto de riegos. Asumiendo una eficiencia del 100% en su uso y una interceptación de sólo el 15%, esta lluvia supondría 37 hectómetros cúbicos de media. Aunque hay que decir que ha sido bastante menor durante este año hidrológico, y los escenarios que plantea el Cambio Climático es que esta circunstancia NO sea puntual, sino la tónica a futuro.

Haciendo el balance entre disponibilidad y demanda, tenemos un déficit medio de 30,8 Hectómetros cúbicos/año.

Prácticamente hace falta otro pantano de la Viñuela dedicado sólo a riego.  Este año el déficit ha sido superior, unos 43,4 Hectómetros cúbicos y es posible que los déficits sean superiores porque, como ya he dicho, hay balances calculados que incrementan la demanda un 20% o incluso más.

Pero la pregunta del millón es ¿y cómo se cubre este déficit entonces?

Aunque hay algo de reutilización de agua, el grueso de la respuesta tiene que estar en la extracción y consumo de agua subterránea de un modo insostenible. De manera que estamos reproduciendo el modelo del poniente almeriense de no contención del crecimiento de la superficie invernada con las consecuencias negativas que todos conocemos a nivel del acuífero. Pero no es sólo una cuestión de ecologistas, porque también tiene consecuencias negativas a nivel de rendimiento monetario por hectárea, no hay que olvidarse de ello.

Dicho lo cual,

¿Quién está poniendo en peligro la viabilidad de los subtropicales en la comarca en el medio y largo plazo? ¿Quién está poniendo en peligro los empleos de la comarca en el medio y largo plazo? ¿Cómo queda la viabilidad del modelo de agricultura que hay ahora en la Axarquía?

Seguir exigiendo aumento en las Hectáreas de regadío, como ya ha hecho el Partido Popular en el Parlamento Andaluz es populista, cortoplacista e insostenible y, si se analiza en profundidad, no contempla un mañana para la comarca.

Llegados a este punto, no cabe otra, que hacerse consciente que el planeta tiene límites y que los recursos renovables no se pueden gestionar como si fueran ilimitados. Que una gestión sostenible implica que la actividad sea económicamente viable ahora y en el futuro. Y que los recursos dejan de ser renovables cuando los consumimos a una velocidad mayor que la necesaria para su regeneración natural. No resulta cómodo decir estas cosas en la comarca, pero hay que decirlas. Para afrontar los retos que tenemos y los que vienen, en relación a los usos del agua hay que dar respuesta a esta situación de insostenibilidad.

Sobre la sobreexplotación de los recursos hídricos en la provincia de Almería

Intervención que realizo en relación a la Proposición No de Ley que presentamos desde el grupo parlamentario de Podemos Andalucía, con relación a la sobreexplotación de los recursos hídricos de la provincia de Almería.

 

 

Puedes leer mi intervención completa aquí.

Si quieres leer el texto de nuestra PNL, pincha aquí.

 

Mr. Fracking llama a la puerta… ¡no abras!

Nuestro incontenible consumo de energía y las insaciables petroquímicas amenazan la integridad y disponibilidad del suelo que pisamos, del agua que bebemos y del aire que respiramos en la propia puerta de nuestra casa. No exagero, simplemente constato lo que ciudadanos de comunidades rurales de países como Estados Unidos ya están sufriendo en su salud, en su entorno y en un sus economías locales. La causa de ese sufrimiento es la extracción de gas y petróleo mediante una técnica agresiva de fracturación hidráulica del subsuelo, conocida por el término inglés FRACKING.

Esta metodología consiste en perforar verticalmente de 3 a 4 km la corteza terrestre mediante pozos y una vez alcanzada la profundidad requerida inyectar líquido a presión para agrandar las micro-fracturas que existen en la roca y facilitar la liberación y salida del preciado hidrocarburo que pudieran contener. No es una técnica limpia y afecta negativamente recursos renovables como el suelo y el agua.

A pesar de ello, nuestro inefable ministro de Industria, D. José Manuel Soria, es un firme partidario de impulsar el fracking y respalda al sector petroquímico que se manifiesta tal que así: “Estamos instalados encima de un enorme recurso y debemos explotarlo. Los riesgos se pueden gestionar”.

 

Llama la atención y preocupa que hasta ellos mencionen esa palabra, riesgos. De todos modos, si alguien tiene alguna duda sobre la seriedad del asunto, puede probar una búsqueda en Google con “fracking” and “problem” y verá más de 42 millones de entradas. En Estados Unidos, más de 250 comunidades y el estado de Vermont han aprobado resoluciones para detener este tipo de explotaciones. Pero ahora, Mr. Fracking está llamando a la puerta de la vieja Europa y ¿qué está pasando? Francia y Bulgaria se han hecho las sordas pero Polonia, presurosa, ha cambiado su legislación ambiental para que la perforen más fácilmente. Desde principios de año, los ciudadanos polacos disfrutan de libertad para agujerear el subsuelo patrio hasta 5 km sin necesidad de estudio ambiental riguroso. Una Corporación canadiense que andaba con ganas de agujerear donde se lo permitiesen, a través de un responsable comentaba: “No conozco a nadie que haya perforado tan profundo”.

 

Puedes leer el artículo completo aquí.

Artículo publicado originalmente en la Revista el Observador el 14/02/2014.

DOÑANA en el punto de mira

Demasiadas agresiones a nuestro Parque Nacional

El Parque Nacional de Doñana es un mosaico de ecosistemas que albergan una biodiversidad única en Europa. Especialmente vulnerable y frágil es la marisma, de extraordinaria importancia como lugar de paso, cría y refugio de miles de aves europeas y africanas. En el Parque viven especies únicas y en serio peligro de extinción, como el águila imperial ibérica y el lince ibérico.

En Doñana confluyen un conjunto de ecosistemas (playas, dunas, cotos, marismas…) que le dotan de una personalidad única. Sus tierras son ricas y fértiles, ya que la marea deposita sedimentos que enriquecen sus suelos. Las marismas cumplen también importantes funciones, como la de amortiguar y minimizar las corrientes marinas cuando hay mucho viento o tormentas.

Al principal río que la baña, el Guadalquivir, también le llegan amenazas que comprometen la conservación de Doñana, en forma de vertidos contaminantes, desviación de sus aguas mediante trasvases y otras alteraciones como el dragado que, de llevarse a cabo, destrozaría el lecho del río. Y cuando se pone en peligro la marisma, se ponen en peligro ecosistemas muy valiosos y necesarios para gran cantidad de especies de fauna y flora, pero no solo para ellas, también para los pueblos de la zona que tienen en la existencia del humedal su mayor riqueza. Por tanto, debería quedar claro su relevancia y la necesidad de mantener su integridad.

Siendo el más emblemático de nuestros parques nacionales, sin embargo vive acosado permanentemente por todo tipo de proyectos, como:

  • la extracción de hidrocarburos,
  • la extracción —más allá de lo razonable— de agua del acuífero que es el corazón de la marisma,
  • la contaminación de esas aguas con pesticidas y productos usados en la agricultura intensiva que lo cercan,
  • el proyecto de dragado del río Guadalquivir, que arrasaría donde desemboca,
  • las amenazas de fracking y de sondeos incontrolados,
  • las presiones urbanísticas que no cesan,
  • las exigencias que vuelven, una y otra vez repetidas, de carreteras que atraviesen el parque,
  • o el impacto de los rocieros.

 

Puedes leer el artículo completo aquí.

Artículo publicado originalmente en el El Blog Sostenible el 19/09/2016.