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Es necesario acabar ya con la enorme cantidad de pozos ilegales

Recientes y desagraciados acontecimientos han puesto tristemente en evidencia la conocida y muchas veces denunciada realidad de los pozos ilegales en nuestro país.Unos pozos ilegales que muestran la mala gestión realizada durante bastantes años en relación al uso de un recurso tan básico como el agua, y que acarrea conflictos sociales, ambientales, jurídicos y políticos que ya son insostenibles. Es hora de abordar la problemática del uso y gestión con la responsabilidad que se merece. Existe una gran cantidad de pozos ilegales que taladran todo el mapa peninsular y hay una evidente falta de medidas de control que eviten la dramática situación que viven algunos ecosistemas como valiosos humedales y algunas cuencas.

En la actualidad, son muchos los acuíferos que se encuentran catalogados como masas de agua subterráneas en mal estado en los Planes Hidrológicos. A esto se unen la desertificación que avanza y sequías agudizadas por falta de gestión y previsión. Esto lleva a que las perforaciones y extracciones ilegales, e incluso las legales sobredimensionadas, hace tiempo que persistan por encima de los valores de recarga natural. Porque la insostenibilidad no solo viene de los pozos ilegales, sino también de permisos de extracción concedidos por la Administración que se sobredimensionan más allá de la lógica.

Los porcentajes de consumo de agua por sectores evidencian que es el sector agrícola de regadío, el que consume la mayor cantidad de este recurso (alrededor del 87% en la mayoría de los casos). El cambio en los usos del suelo y la intensificación de la actividad agrícola de exportación han generado una grave situación que comienza a ser una amenaza, no solo para el territorio, sino también para la población que lo habita y el suministro de agua a algunas poblaciones. Casi todas las cuencas tienen un exceso de extracciones respecto a los recursos disponibles, pero, sin embargo, los regadíos han seguido incrementándose y esto no se puede mantener por más tiempo.

La realidad nos dice que estamos exportando agua desde la Europa más seca hacia la más húmeda. ¿Hay despropósito mayor? También nos está diciendo que el estrés hídrico que padecemos es de los mayores de la Unión Europea, solo por detrás de pequeñas naciones insulares como Chipre y Malta. Una de las razones es el cultivo superintensivo de plantas tradicionalmente de secano como son los olivos, que se está extendiendo por todo el mundo y también en España. Son muchas las preocupaciones que genera esta modalidad productiva. A los recientemente denunciados métodos de cosechar mecanizados, que, al no parar durante la noche, están acabando con millares de aves en estos campos, se une una gran preocupación por la enorme cantidad de agua que consumen.

Para mantener estas modalidades de cultivo que, siendo tradicionalmente de secano, se reconvierten a regadío para incrementar la productividad, se sigue pidiendo, o más bien, exigiendo, más agua y más infraestructuras hidráulicas, en lugar de mesura en su gestión. Es hora de cuidar un bien tan imprescindible como es el agua para poder garantizar su uso hoy y en el futuro. Porque la demanda actual ya supera con creces la disponibilidad que se puede cubrir en el presente, así que seguir insistiendo en aumentar regadíos es sencillamente proponer el suicidio de comarcas enteras.

Además, es necesario tomar medidas ya para clausurar pozos que llevan demasiado tiempo extrayendo ilegalmente. Mientras no se adopten medidas seguirán proliferando, como lo han hecho hasta ahora por todo el territorio, con la consecuente pérdida de los ecosistemas que dependen del agua. Y de los que a su vez dependemos nosotras y nuestro bienestar, si es que solo se quisiera ver desde un punto de vista egoísta.

Recientemente, la Unión Europea ha denunciado a España ante el Tribunal de Justicia Europeo por el impacto de la extracción ilegal de agua en Doñana. Pero esto no solo es necesario en el espacio protegido y Patrimonio de la Humanidad en peligro que es este parque nacional.

Sabemos que es muy urgente llevar a cabo una restauración integral de las marismas de Doñana y del Guadalquivir para dar respuesta a uno de los principales retos que tiene el espacio natural si se quiere garantizar su futuro. Ciertamente es básico que se recuperen los aportes hídricos de las cuencas que vierten a Doñana y que se haga un deslinde del dominio público hidráulico. Se necesita una restauración hídrica de las marismas. Y clausurar pozos y dejar de extraer por encima de la capacidad de recarga del acuífero.

Tengamos en cuenta la situación de vulnerabilidad frente al cambio climático. Todos los pozos ilegales contribuyen muy negativamente a agravar el estrés hídrico que sufren algunos territorios. Es un problema de gran envergadura y el lobby de las comunidades de regantes presiona en gran medida para mantener unas extracciones insostenibles, de tal manera que no se vea afectada la productividad de sus explotaciones.

El agua no es solo imprescindible, es un derecho, y debemos gestionarlo no solo para nuestro presente, sino para el futuro de los que vendrán.

 

Entrada publicada originalmente el 24 de febrero de 2019 en El Asombrario & Co.

Agua, fuente de vida… y de conflictos

El Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza ha dictado y publicado sentencia contra la sobreexplotación del acuífero Aguas y el expolio de tierras y recursos hídricos en el río Aguas (Almería). Aunque no es una sentencia vinculante, sí ayuda a que la dramática situación de la comarca llegue el Parlamento Europeo a través de la denuncia de las asociaciones y localidades afectadas. Este tribunal trata casos de violaciones cometidas contra los derechos de la Naturaleza en Europa. El expolio del Acuífero Aguas ha sido el único caso español llevado ante dicho Tribunal. Y un aspecto que ha tenido en cuenta el tribunal, y aspecto relevante, es considerar la vulneración de derechos de las generaciones futuras.

Detener la extracción de aguas subterráneas y permitir que los ecosistemas se recuperen es una reivindicación básica. Y por eso, allá por el mes de febrero de este año presentaba una propuesta en el Parlamento andaluz, trabajada con la Plataforma en Defensa del Río Aguas y la recién creada en ese momento plataforma que aglutinaba a todas las de la provincia, Acuíferos Vivos, para que, conocida la situación del acuífero, se tomaran medidas que evitaran el grave deterioro que se cernía sobre la comarca regada por los manantiales del río Aguas. Siguen haciendo falta medidas urgentes para frenar y revertir el ecocidio, porque, como queda reflejado en la sentencia, «el agua no tiene precio: las sociedades que sacrifican las fuentes de agua por dinero pagarán un precio terrible”.

 La provincia de Almería, la región más árida de Europa, exporta grandes cantidades de agua virtual en forma de producción hortofrutícola o aceite de oliva, hacia regiones húmedas del centro y el norte de Europa. Siendo esto así, y siendo conscientes de lo que ello supone, seguir aceptando la existencia de miles de hectáreas de olivar en régimen superintensivo es una necedad. Supone una incoherencia ecológica que compromete el futuro socioeconómico del maltratado sureste peninsular. Todos los acuíferos de la provincia de Almería se encuentran catalogados como masas de agua subterráneas en mal estado en el Plan Hidrológico de las Cuencas Mediterráneas, elaborado por la propia Junta. Sin embargo, y contra toda lógica, los grupos parlamentarios que suman mayorías en el Parlamento Andaluz impidieron la aprobación de la propuesta, que como digo, elaboré conjuntamente con Acuíferos Vivos.

Los regadíos consumen la mayor cantidad de agua (un 86,9%) en la provincia. El cambio en los usos del suelo y la intensificación de la actividad agrícola de exportación han generado una grave situación de insostenibilidad, lo que es una amenaza para el territorio y para la población que lo habita. Y la Junta de Andalucía no está cumpliendo con su papel de gestión y planificación en materia de agua.

La sobreexplotación de los acuíferos forma parte de un modelo agrícola que está haciendo mella en la viabilidad, a largo plazo, de la agricultura en la provincia y ya está provocando una progresiva falta de rentabilidad económica y la puesta en peligro del modelo de agricultura almeriense tradicional, con la pérdida asociada de numerosos puestos de trabajo.

Si la situación de Almería es grave, el resto de territorios andaluces -y también el resto de la península- siguen el mismo camino, sin querer asumir que el ciclo del agua no podemos acelerarlo y lo estamos alterando constantemente, al consumir agua a mayor velocidad de la que se repone.

Por eso es necesaria una planificación y gestión territorial que contemple la viabilidad de la agricultura a largo plazo. Es necesario adoptar medidas para no comprometer el futuro de los recursos hídricos y de las actividades que de estos dependen. La administración, siendo consciente del serio riesgo en que están las masas de agua subterránea por las abusivas extracciones, debe actuar.  Es tarea imprescindible proteger y regenerar las masas de agua subterránea declaradas en mal estado, no permitir que los derechos de los propietarios de concesiones causen la pérdida del derecho al agua de los habitantes de la zona. Hay que conseguir que la situación de sobreexplotación se revierta porque las cifras de las concesiones y los derechos de agua son muy superiores a la disponibilidad.

Y es la Administración la que, inexplicablemente, ha dado más concesiones que recursos existen. Esto se agrava por la gran cantidad de sondeos, captaciones ilegales y pozos reprofundizados que extraen un volumen más alto del autorizado, además de todo un cúmulo de irregularidades que apenas se controlan.

Lamentablemente, los responsables políticos que gestionan en clave cortoplacista, sabiendo que serán evaluados cada cuatro años, son cobardes en relación a lo que se debería hacer, y acaban asumiendo la realización de grandes obras hidráulicas: presas, embalses, diques, trasvases o canalizaciones… Actuaciones todas que no solo no solucionan el problema de fondo, sino que lo agravan. El Gobierno Andaluz y las Confederaciones Hidrográficas, hasta ahora, han negado el problema de sobreexplotación, y es urgente encarar la situación existente para darle un adecuado tratamiento.

Hay que replantear los regadíos actuales y adaptar el número de hectáreas a la capacidad de nuestras cuencas y acuíferos para mantenerlas. Y una cuestión muy importante es la recuperación y conservación del buen estado ecológico de los ecosistemas acuáticos y de ribera, que son los que mejor se encargarán de devolver a la normalidad el ciclo natural del agua.

Conocida toda esta problemática, las extracciones no han disminuido, sino que han aumentado al igual que la superficie regada. En 2015 había más de 5.000 hectáreas en regadío y, en la actualidad, alcanzan un volumen de más de 20 hm3, lo que sitúa la sobreexplotación por encima del 400%. Se calcula que se están extrayendo entre 100 y 300 hm3 de las reservas, por tanto, al acuífero le quedan menos de diez años para agotarse.

Y lo más preocupante de todo esto es que la solución que apunta el Plan Hidrológico de las Cuencas Mediterráneas Andaluzas al agotamiento del acuífero Aguas, lejos de cuestionar el modelo de agricultura superintensiva, propone traer más agua de otros lugares o de desaladoras, todo un despropósito que no cuestiona la lógica del modelo. Un modelo sobre el que necesariamente se impone la reflexión tras la sentencia que viene a refrendar lo que venimos diciendo: que la situación es insostenible.

 

Artículo publicado originalmente en Eldiario.es el 14/11/2017.

Cómo ser capaces de garantizar el suministro de agua para distintos usos

La gestión de los recursos hídricos pasa por ser uno de los temas que ha suscitado mayores controversias entre comunidades y comarcas cedentes y receptoras.

En los últimos tiempos se ha hecho evidente la merma de recursos hídricos disponibles en España por los efectos del cambio climático, una creciente actividad extractiva que no respeta en muchas ocasiones la capacidad de carga de los acuíferos, ni la disponibilidad de agua de las distintas cuencas hidrográficas.

La combinación de la reducción de las precipitaciones y, muy especialmente, la subida de las temperaturas que se está produciendo han generado una reducción media del volumen de agua que va a parar a los cauces de más del 20% en tan sólo 25 años. Si además consideramos que la actividad agrícola supone en torno al 80% del agua consumida en España, para poder recuperar un cierto equilibrio hídrico sería necesario aceptar el hecho de que este recurso es limitante en nuestro país y especialmente en Andalucía lo que requiere que definamos la superficie regada que podemos tener y mantener sin poner en riesgo la propia actividad en el futuro y sin afectar negativamente otros usos del recurso, como ya está ocurriendo en la actualidad. Por tanto es imprescindible incrementar la eficiencia en el uso del agua en agricultura, limitando pérdidas y fomentando infraestructuras y manejos que sean conservativos. Seguramente también tendremos que decir NO a nuevos incrementos de superficies. Algunos expertos consideran que ya hemos superado en un 20% la extracción asumible, con los 4 millones de hectáreas regadas con las que contamos actualmente.

Los trasvases deben ser medidas excepcionales para suplir necesidades urgentes puntuales, y no para incrementar más el consumo del recurso. Sin embargo, los nuevos planes hidrológicos no van en esa línea. Los planes hidrológicos no modifican sustancialmente aquella concepción inicial  de la política de trasvases, a pesar de que se cuenta con un 20% menos de agua en España. Esos planes se hacían teniendo la idea de que el agua era infinita y era un modelo basado en el aumento de la oferta. Lo que no puede ser es que un siglo después sigamos sin entender que el agua que hay disponible es siempre la misma y que se recicla y recircula en un ciclo que estamos alterando. Cuando con nuestra actividad depredadora de recursos, esto no lo tenemos en cuenta sólo estamos propiciando que en un futuro próximo suframos limitaciones severas, tanto en el uso doméstico como en los cultivos. No se puede dar una oferta ilimitada de un recurso limitado.

Pero siendo esto así, debemos reconocer que hay municipios enfrentados a una escasez que hay que abordar con cierta urgencia.

Hay municipios que acaban teniendo que recurrir a camiones cisterna para abastecer a la población durante el verano. Los pozos de algunas localidades, además de suministrar muy poco caudal, no ofrecen agua potable. Las medidas a poner en marcha para paliar las situaciones que se producen, pueden ser la detección de fugas o la reducción de consumos, pero es evidente que eso no es suficiente. El caudal de los manantiales de los que se suelen abastecer algunos municipios está en mínimos históricos, probablemente reflejando no sólo una situación circunstancial sino el efecto de una extracción prolongada en el tiempo sin respetar la capacidad de carga.  La situación es complicada y puede agravarse cuando el régimen de lluvias no es el esperado o necesario, ya que muchos municipios se abastecen de agua potable proveniente de acuíferos subterráneos.

El aumento de la población en determinadas zonas, el incremento de los cultivos de regadío y la escasez de lluvias, tiene como consecuencia que el nivel de reserva y de calidad de estos acuíferos se haya visto reducido de forma alarmante.

Es necesario garantizar el suministro en períodos de pocas lluvias y no aprovechar las reiteradas peticiones de trasvases para seguir propiciando un consumo por encima de la reposición natural. Y no es lo mismo trasvasar por necesidades de suministro a las poblaciones que por extracciones excesivas  para una agricultura intensiva de regadíos.

Los planes hidrológicos se concibieron antes que la DMA y tenían diferentes objetivos. Se diseñaron para satisfacer las necesidades socioeconómicas y para distribuir el agua (teniendo en cuenta la gran desigualdad que existe en España con respecto a los recursos hídricos). La DMA modificó el enfoque de la gestión del agua en España; tras su publicación, las autoridades decidieron combinar ambos enfoques (las demandas de agua y la protección medioambiental).

Deberían haberse buscado otras soluciones para satisfacer las necesidades de agua, como utilizar el agua de las desalinizadoras o reducir el agua para usos turísticos. Un reciente informe ha llegado a la conclusión de que cada turista consume hasta cuatro veces más agua que un residente. Y en España hemos hecho una fuerte apuesta por el sector turístico que consume grandes cantidades de un agua (piscinas, campos de golf, instalaciones acuáticas…) cada vez más escasa y que se debe gestionar con prudencia.

Hay, y se acentuará en el futuro, escasez de agua en amplias zonas de Andalucía debido al cambio climático, a los usos relacionados con la presión urbanística y el riego intensivo, así como a las actividades turísticas. Se han planteado dos soluciones principales para resolver la escasez de agua: el trasvase y la desalinización. Ninguna de ellas es la ideal pero habrá que dirimir en qué medida se recurre a ellas. Por supuesto, también es fundamental la apuesta por el ahorro, la búsqueda de soluciones menos consumidoras de agua y el cierre del ciclo del agua de forma eficiente depurando y recirculando. También debemos implementar medidas educativas que permitan abordar este tema con rigor y no sólo cuando surgen problemas de suministro.

Deben revisarse las futuras demandas de agua para no generar un problema de escasez, que también pondría en peligro los actuales cultivos de regadío.

Hay que pensar en mejorar la gobernanza del agua en las cuencas para no tener que recurrir a medidas de trasvases, porque antes de que se constatara la necesidad de garantizar el suministro a algunas poblaciones que lo precisan y de que fuese evidente la sobrexplotación y el mal estado de la calidad del agua en bastantes acuíferos, se debían haber adoptado las medidas pertinentes que lo evitasen.

 

¿Qué necesita la comarca de la Axarquía para tener un sector agrícola sostenible y con futuro?

Cuando hablo de futuro, no me refiero al año que viene, ni a los próximos 5 años, me refiero a que los hijos de los productores que ahora cultivan aguacates y mangos puedan seguir ganándose la vida cuando sean ellos los responsables de las explotaciones.

La producción de alimentos, en este caso de frutos subtropicales, depende del mercado, de la oferta y la demanda, pero NO TENDRÁ FUTURO si no se incluye en los balances, además de los aspectos económicos, la disponibilidad de los recursos necesarios para producir, que son SUELO, AGUA Y DIVERSIDAD y lo hacen para el presente  y para el futuro.

La verdadera protagonista en la comarca, por ser ahora el factor más limitante, es el AGUA, aunque no estaría de más que analizar también, el maltrato que está sufriendo el suelo en la comarca. Con movimientos de toneladas de tierra para habilitar el cultivo en zonas de pendientes muy elevadas y por encima de la cota de 140 metros, que era una cota límite para el desarrollo del regadío.

Es necesario plantear restricciones a la extensión del riego y asegurar y mejorar la eficiencia del mismo en las zonas que ya cuentan con él.

Hay que ponerle freno a nuevas plantaciones. Y asumir, sin engañar al sector, que el agua regenerada y otras pequeñas actuaciones que se puedan hacer para mejorar la situación no suponen un gran volumen y no pueden dar lugar a incrementos de superficie de riego, sino a asegurar el riego de lo que ya está plantado, que es mucho. Asumirlo será positivo para el sector, aunque ahora en el corto plazo no sea popular.

El sector y las comunidades de regantes  hablan de que la solución pasa por “trasvasar agua de donde sobra”. Habrá que aclarar para quien no sea consciente de ello, que el agua NO SOBRA en España.

A nivel estatal, el balance hídrico de nuestro país es negativo y lo es aún  más en la zona que nos ocupa y también en las zonas próximas de donde se suele proponer trasvasar agua. Y esa situación es probable que empeore porque la demanda del recurso y su consumo es cada vez mayor y ha crecido mucho en general.

El agua que vemos fluir en superficie, -desgraciadamente en poco sitios de nuestra comunidad-, NO SOBRA. Está conectada con las subterráneas, y en la medida que extraigamos el agua superficial de las cuencas, acabaremos afectando negativamente a las aguas subterráneas. Es un ciclo cerrado, y acabaremos creando un déficit de muy difícil gestión, cuando comprometa el suministro a las poblaciones. Así que hablar de cuencas excedentarias en nuestro Sur, es faltar a los datos.

Conviene recordar que, del total de agua extraída para uso humano, en términos generales, un 70% se dedica de media a la agricultura y los datos disponibles de la comarca de la Axarquía indican que se está en ese rango o algo más.

Por otro lado, anualmente llueve de media en la comarca 460 l/m2 por año y la evapotranspiración potencial estimada está en los 1.200 l/m2 año, bastante más del doble. Lo que da una idea, a grosso modo,  del déficit en el balance que tenemos. Más, si cabe, al considerar la gran demanda de agua para riego que ya existe en la actualidad y la permanente demanda de nuevos aumentos de regadíos.

LA DEMANDA ACTUAL YA SUPERA CON CRECES LA DISPONIBILIDAD QUE SE PUEDE CUBRIR EN EL PRESENTE:

-En cuanto al Aguacate: asumiendo que hay unas 6.400 hectáreas de aguacate y que estas plantaciones consumen agua en un rango que va de los 7.000 a los 9.000 m3/Ha año, en función del sistema de riego. Considerando un valor medio de 8.000, se obtiene una necesidad media anual de 51 hectómetros cúbicos para este cultivo en la comarca.

-En cuanto al Mango: en principio, necesitan menos agua y requieren unos 6.000 m3/Ha año, si el riego es eficiente. Considerando 3.120 Hectáreas de cultivo, la estimación de necesidades es de casi 19 hectómetros cúbicos/año.

-Otros regadíos pueden suponer de 12 a 13 hectómetros cúbicos más.

Esto significa que  la demanda de agua y enfatizo DEMANDA DE AGUA PARA RIEGO ESTÁ SOBRE LOS 82,8 HECTÓMETROS CÚBICOS/AÑO AHORA. Y ESTA ES UN ESTIMACIÓN CONSERVADORA que asume el uso de sistemas eficientes de riego, sobre todo en mango. Hay estimaciones y estudios que indican que la demanda puede superar los 100 Hectómetros cúbicos/año.

Estas necesidades de agua hay que BALANCEARLAS con la disponibilidad del recurso en la actualidad que depende en buena medida de dos fuentes:

Por un lado, el pantano de la Viñuela que, según datos de Axaragua, provee consumos anuales de 30 hectómetros cúbicos, 15 para uso urbano y 15 para riego.

A ello habría que sumar lo que llueve de media sobre los subtropicales y resto de riegos. Asumiendo una eficiencia del 100% en su uso y una interceptación de sólo el 15%, la lluvia supondría 37 hectómetros cúbicos de media. Aunque hay que decir que los escenarios que plantea el Cambio Climático es que la disminución de las precipitaciones NO sea puntual, sino la tónica a futuro.  Haciendo el balance entre disponibilidad y demanda  tenemos un déficit medio de 30,8 Hectómetros cúbicos año.

Prácticamente hace falta otro pantano de la Viñuela dedicado sólo a riego.  Es muy probable que los déficits sean bastante elevados porque, como ya he dicho, hay balances  calculados que incrementan la demanda un 20% o incluso más.

Pero la pregunta del millón es ¿y cómo se cubre este déficit entonces?

Aunque hay algo de reutilización de agua, el grueso de la respuesta tiene que estar en la extracción y consumo de agua subterránea de un modo insostenible. De manera que estamos reproduciendo el modelo del poniente almeriense de no contención del crecimiento de la superficie invernada con las consecuencias negativas que todos conocemos a nivel del acuífero. Pero no es sólo una cuestión de ecologistas, porque también tiene consecuencias negativas a nivel de rendimiento monetario por hectárea, no hay que olvidarse de ello.

Dicho lo cual,

¿Quién está poniendo en peligro la viabilidad de los subtropicales en la comarca en el medio y largo plazo? ¿Quién está poniendo en peligro los empleos de la comarca en el medio y largo plazo? ¿Cómo queda la viabilidad del modelo  de agricultura que hay ahora en la Axarquía?

Seguir exigiendo aumento en las Hectáreas de regadío, como ya ha hecho el Partido Popular en el Parlamento Andaluz es populista, cortoplacista e insostenible y, si se analiza en profundidad, no contempla un mañana para la comarca.

Llegados a este punto, no cabe otra, que hacerse consciente que el planeta tiene límites y que los recursos renovables no se pueden gestionar como si fueran ilimitados. Que una gestión sostenible implica que la actividad sea económicamente viable ahora y en el futuro. Y que los recursos dejan de ser renovables cuando los consumimos a una velocidad mayor que la necesaria para su regeneración natural. No resulta cómodo decir estas cosas en la comarca, pero hay que decirlas. Para afrontar los retos que tenemos y los que vienen, en relación a los usos del agua hay que dar respuesta a esta situación de insostenibilidad.

Carmen Molina Cañadas tras analizar la situación en la Axarquía al hilo de una PNL presentada en Comisión de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural del Parlamento de Andalucía por el Grupo Popular en noviembre de 2016

 

 

La laguna de Soliva entre la reseca especulación y el bienestar ciudadano

Gestión y conservación de espacios naturalizados en Málaga. La laguna de Soliva entre la reseca especulación y el bienestar ciudadano

VALGAN como ejemplos de espacios naturalizados en nuestra ciudad la laguna de la Barrera en Colonia Santa Inés y, especialmente, la laguna recientemente aparecida en terrenos de la barriada de Soliva que está siendo desecada por mostrar las autoridades mayor interés en la especulación urbanística que en el bienestar de vecinos y usuarios de zonas verdes y naturales.

LAS aguas subterráneas próximas a la superficie tienen mucha importancia para los ecosistemas terrestres al ayudar a mantener el caudal de los ríos o el suelo húmedo en épocas de ausencia de lluvia, por citar solo dos ejemplos del interés de su conservación. A pesar de su importancia, poco se sabe de la distribución de la capa freática, franja que separa el suelo oxigenado, próximo a la superficie del terreno, de los acuíferos. Lo que se sabe a ciencia cierta es que, el nivel freático en estas zonas mencionadas y otras de la ciudad de Málaga es bastante somero, lo que se evidencia en la facilidad con que afloran las aguas subterráneas al extraer tierras y áridos para la construcción o, como en el caso de la Colonia Santa Inés arcillas para la industria cerámica.

ESTE desconocimiento del gran interés que tendría la conservación de láminas de agua afloradas, en el caso de la ciudad de Málaga, ha dado lugar a que actuaciones urbanas como la realizada en la reciente barriada de Soliva se haya traducido en un afloramiento de agua despreciado por su origen no natural. A la pregunta de qué hacer ahora, parece que la constructora propietaria responde con la desecación. Seguramente el motivo es preparar el terreno para presuntos usos constructivos, carentes de sentido en la actualidad, pero con un claro sentido de evitar la “re-valorización” natural que pudiera añadir presión ciudadana en el futuro. Y, por otro lado, las autoridades no se han hecho eco de la petición vecinal por desconocimiento, a su vez, del valor de una conservación como la planteada aquí. Su defensa y preservación se disculpa por tratarse de zonas de influencia urbana a las que se les presume una vocación artificial dominada por el asfalto y los suelos impermeabilizados, en general.

ESTA asunción debería cambiar, toda vez que las áreas metropolitanas al extenderse de forma imparable sobre el territorio engullen suelos con otras vocaciones y usos previos. Tenemos, por tanto, dos importantes recursos afectados el suelo y el agua, cuyas tasas de renovación están siendo cada vez más limitadas.

EN el caso de Soliva, se ha forzado un afloramiento de agua por la extracción de material y la presencia de una capa freática relativamente superficial. Una vez que esto ocurre y la propia dinámica natural genera un espacio naturalizado, que incluye una lámina de agua con flora y fauna asociadas, no se puede argüir que no estaba antes ahí y por ello no tiene valor, ni merece ser conservado y disfrutado por los ciudadanos del entorno.

ME parece necesario repensar la forma de gestionar esas zonas naturalizadas y ser muy cuidadosos a la hora de seguir aplicando un plan de ordenamiento urbano sin más. También las administraciones debieran ser más sensibles y repensar la gestión ambiental en ambientes urbanos donde la espontaneidad de lo natural debe mantenerse en alguna medida porque sobre ello descansan servicios ecosistémicos de los que no debemos prescindir.

RECIENTES estudios publicados en la revista Science nos informan de que entre el 22 y el 32 por ciento de la superficie emergida global se encuentra influida por una capa freática poco profunda, incluyendo aproximadamente el 15 por ciento de zonas con agua superficial alimentada por las aguas subterráneas, y entre un 7 y un 17 por ciento de áreas con la capa freática accesible a las raíces de las plantas. Cuando esta capa es poco profunda interactúa de diversas maneras con las zonas superficiales: proporcionando agua a ríos y lagos y manteniendo ecosistemas acuáticos en períodos secos. Asimismo, impide el drenaje del terreno y crea las condiciones de suelo saturado que caracterizan a los humedales, e incluso proporcionan agua a las plantas para la fotosíntesis en condiciones de sequía. Las implicaciones de un mejor conocimiento en torno a la capa freática son múltiples, y, entre ellas se podría mencionar la mejora en el microclima del entorno y sus beneficios asociados. Por eso sería deseable que los responsables de gestionar los entornos urbanos fuesen conscientes de todas estas cuestiones. Que las tuviesen en cuenta a la hora de planificar los desarrollos urbanísticos sobre estas masas de agua que aportan un valor añadido a los terrenos sobre los que aparecen.

 

Artículo publicado originalmente en la Revista El Observador el 04/03/2013.