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Arraijanal: en peligro la última playa sin urbanizar en Málaga

Desde los años 80 hemos vivido un desaforado interés urbanístico en nuestras costas que han terminado transformando nuestro litoral en un ‘paraíso’ de cemento. Ciudades como Alicante, Málaga, Valencia o Barcelona son, de las ubicadas en el litoral, las que más han construido en su costa. Por eso conservar los pocos espacios naturales que aún quedan sin urbanizar es primordial, un ejemplo de ello es la playa del Arraijanal en Málaga, que ha recogido ya 60.000 firmas para su protección, pero sigue en peligro.

 

 

Vecinos de la zona, movimientos sociales, asociaciones como Ciriana, Ascusve, Torre Vigía, representantes municipales, partidos políticos, Plataformas como Málaga No Se Vende… siguen solicitando la creación de un parque marítimo terrestre y arqueológico de Arraijanal. Activistas llevan meses acampados y hasta se han presentado más de 60.000 firmas para proteger esta última playa. Sin embargo, estas peticiones no han tenido respuesta y la playa del Arraijanal sigue en peligro.

Porque difícilmente se puede entender que ceder suelo público –incluyendo una modificación de las ordenanzas municipales para acortar los tiempos necesarios para calificarla como de interés público– durante 75 años a un jeque para que haga negocios privados suponga ningún beneficio que venga a suplir lo que se perderá en términos de conservación de espacios valiosos desde el punto de vista ambiental. El Arraijanal alberga comunidades vegetales incluidas en la Directiva Europea de Hábitats, con ecosistemas dunares en evolución, cumple una importante función de colchón amortiguador de impactos hacia el Paraje Natural de la Desembocadura del Guadalhorce y permitiría hacer de corredor ecológico necesario para conectar con dicho paraje o con la cercana Sierra. Más importante, si cabe, en este caso son los relevantes restos arqueológicos existentes en la zona, que habrían de conservarse en el mismo lugar y que, sin embargo, quedarán sepultados bajo cemento.

¿Cuánta costa sin urbanizar nos quedará como patrimonio natural después de este último golpe?

Nos duele el uso especulativo que se hace una y otra vez del patrimonio de todos, en teoría por un interés social o de utilidad pública. Y es para muchos malagueños y malagueñas una amarga burla pensar que tenga justificación en el interés general algo que perjudica seriamente el patrimonio común.

 

Obras en la playa del Arraijanal.
Obras en la playa del Arraijanal.

Conservar suelo sin impermeabilizar y sin urbanizar es importante por el hecho de que este es un recurso, como el agua, y ambos, suelo y agua, son de los más amenazados. No es necesario ni el lince, ni el flamenco, ni especies emblemáticas para ponerlo en valor. La peculiaridad de ser de los últimos tramos sin encementar del litoral metropolitano malagueño es más que suficiente argumento, y el objetivo debiera ser protegerlo y no dedicarlo a una escuela de fútbol que será sólo el embrión de lo que vendrá detrás, como así nos dice la experiencia previa. Incluso en la declaración de impacto ambiental que se hizo sobre el PGOU de Málaga hace ya un tiempo se señalaba que la playa y el arenal litoral de la finca Arraijanal eran el último tramo de playa no urbanizada del municipio de Málaga, conservando importantes rasgos ecológicos naturales, lo que hacía de ese espacio un lugar único y singular a la escala no sólo de la ciudad, sino de la aglomeración urbana de Málaga. La provincia, descontando las desembocaduras de los cursos fluviales y parajes protegidos, está urbanizada y hormigonada en un 80%. Por eso, Arraijanal debería ser un valor a proteger.

Recientemente, la Fiscalía de Medio Ambiente de Málaga ha vuelto a abrir diligencias de investigación que afectan a la obra de la ciudad deportiva del Málaga CF, que se construye en el paraje de Arraijanal. Sin embargo, no entendemos cómo no han paralizado aún una obra que no se ajusta al plan especial ni a su propio proyecto de urbanización. De nuevo, lamentablemente, la cultura del pelotazo urbanístico.

Es como la crónica de una muerte anunciada. No por postergada, menos triste.

 

Artículo publicado en El Asombrario el pasado 22/08/2018-

¿Desde dónde miramos el mundo?

Las miradas sobre el mundo y la realidad que nos rodea tienen rasgos muy específicos según quién observe. Pero, siendo diferentes, con circunstancias diferentes y originarias de distintos lugares del planeta, sin embargo, sujetos diferentes pueden llegar a visiones holísticas de este mundo global en el que todos somos interdependientes (no podemos sobrevivir aislados del resto de nuestros semejantes o fuera de la sociedad) y, por supuesto ecodependientes (tampoco podemos pervivir sin tener en cuenta que dependemos de los ecosistemas naturales que son el soporte físico que nos sustenta). ¿La realidad nos avasalla? Reflexionar sobre el mundo y su deriva nos puede motivar a la acción que cambie esa realidad.

Hace un tiempo leí un artículo de opinión de Marga Mediavilla -una mujer que reflexiona sobre el mundo y su deriva-, y me hizo recordar la figura de una de las mujeres que me han inspirado en mi devenir personal, Lynn Margulis. En dicho artículo hacía un certero análisis sobre el camino por donde nos lleva la tecnología y las nuevas habilidades que se le otorgan a los robots. Me pareció muy relevante la reflexión que hacía sobre las habilidades adquiridas por la inteligencia artificial y que tienen que ver con la “percepción” de que la cooperación es la mejor estrategia para evolucionar, dando la razón a Lynn Margulis y contradiciendo a Darwin y su idea de que la evolución se desarrolla mediante la competencia.

Margulis es la bióloga que nos proporcionó una de las teorías más revolucionarias de la historia de la evolución en ese sentido. En realidad, creo que en el fondo, es la base de la condición femenina: a saber, funcionamos con soltura en clave colaborativa o cooperativa. La competencia es más característica de “lo masculino” y es la base de lo que Darwin pensó que impulsaba la evolución de las especies.

Lynn Margulis fue microbióloga, genetista no convencional, divulgadora de la ciencia y, sobre todo, teórica de la evolución. Revolucionó la teoría de la Evolución reivindicando la simbiosis, que es una asociación de organismos en la que hay beneficio mutuo, y en la que ambos sacan provecho de la vida en común. Vio la SIMBIOSIS con el microscopio y se dio cuenta de que cada una de nuestras células era el resultado a su vez, de la cooperación entre otras células más sencillas que se habían aliado para trabajar juntas.

Yo la conocí siendo estudiante de Biología en una conferencia multitudinaria que dio en nuestra universidad. Nos deslumbró, al menos a mí, la energía y lucidez con que exponía lo que claramente constituía una visión muy femenina del mundo. Nos habló de la hipótesis Gaia sobre la que había discutido y debatido ampliamente con James Lovelock. La hipótesis en cuestión es aquella que considera a nuestro planeta como un organismo vivo. Y esa es una idea que entronca con la condición “femenina” de los cuidados y de la que bebe el ecofeminismo.

Lovelock, bioquímico inglés, fraguó la idea de que el ecosistema Tierra funciona como un superorganismo. Cuando publicó la hipótesis de Gaia, provocó una sacudida en muchos científicos, sobre todo en aquellos con una mente más lógica que odiaban un concepto que sonaba tan místico. Tanto más después de que la llamara Gaia, por la antigua diosa de la tierra.

Como Margulis relata en el prólogo de su libro ‘Planeta simbiótico’, no vio inmediatamente la relación de su endosimbiosis con Gaia. Primero fue una frase de su hijo que la hizo reflexionar y después el comentario de uno de su ex-alumnos: “la hipótesis Gaia es ver la simbiosis (asociación donde hay beneficio mutuo) desde el espacio”.  Lynn Margulis colaboró con James Lovelock en el desarrollo de la teoría de Gaia y cuando era entrevistada sobre el tema, argumentaba que suscribía la frase de Nietzsche: “La tierra es un lugar muy bonito, aunque está afectada de una enfermedad: los humanos.”

En el libro ‘¿Qué es la vida?’ Margulis nos invita, primero a explorar con ella, científica y filosóficamente, los enigmas y, de paso, a ahondar en los orígenes de la vida, examinando, por ejemplo, la conexión biológica entre muerte programada y sexo, la evolución simbiótica de los reinos orgánicos, la noción de la Tierra como un superorganismo y la fascinante idea de que la vida, y no sólo la humana, tiene libertad de acción y ha tenido un papel insospechadamente importante en su propia evolución.

Con la inspiración de las reflexiones que se hizo en su día Lynn Margulis podemos imaginar cómo abordar la crisis global asumiendo los postulados que ella aplicó en la Biología y que han acabado siendo admitidos por la comunidad científica, tan reacia al principio. Es decir, evolucionemos cooperando y desechemos la competencia como motor.

Y vuelvo a enlazar con el artículo que leí hace un tiempo: se está promoviendo una competencia feroz en esta sociedad capitalista. Estamos metidos en una dinámica de competencia de la que no sabemos salir. Decía la autora del artículo que “los robots han aprendido a cooperar entre sí para ser similares a los humanos, sin embargo, a los humanos no se nos permite hoy ese lujo. Nosotros debemos someternos a la ley del mercado y jugar los juegos del hambre global que nos impone el capitalismo. Aunque los robots hayan conseguido grandes avances siendo cada vez más sensitivos, nosotros debemos ser insensibles al drama social del desempleo, insensibles al deterioro ambiental, insensibles a nosotros mismos. Aunque la ingeniería moderna está descubriendo las cualidades superiores de la cooperación, nuestra máquina económica tiene como único mecanismo la competencia”.

Y lo que aprendemos de esto es que tenemos que cooperar entre nosotros y ser muy sensibles al medio ambiente que nos rodea si queremos salir adelante, dejando atrás este modelo económico que está rompiendo los equilibrios de Gaia y poniendo en peligro nuestra supervivencia.

De momento estamos demostrando ser bastante torpes a la hora de cooperar y solucionar los problemas globales. ¡Recuperemos el rumbo!

Artículo publicado originalmente en Andalucía Información el 19/07/2017.

Cómo ser capaces de garantizar el suministro de agua para distintos usos

La gestión de los recursos hídricos pasa por ser uno de los temas que ha suscitado mayores controversias entre comunidades y comarcas cedentes y receptoras.

En los últimos tiempos se ha hecho evidente la merma de recursos hídricos disponibles en España por los efectos del cambio climático, una creciente actividad extractiva que no respeta en muchas ocasiones la capacidad de carga de los acuíferos, ni la disponibilidad de agua de las distintas cuencas hidrográficas.

La combinación de la reducción de las precipitaciones y, muy especialmente, la subida de las temperaturas que se está produciendo han generado una reducción media del volumen de agua que va a parar a los cauces de más del 20% en tan sólo 25 años. Si además consideramos que la actividad agrícola supone en torno al 80% del agua consumida en España, para poder recuperar un cierto equilibrio hídrico sería necesario aceptar el hecho de que este recurso es limitante en nuestro país y especialmente en Andalucía lo que requiere que definamos la superficie regada que podemos tener y mantener sin poner en riesgo la propia actividad en el futuro y sin afectar negativamente otros usos del recurso, como ya está ocurriendo en la actualidad. Por tanto es imprescindible incrementar la eficiencia en el uso del agua en agricultura, limitando pérdidas y fomentando infraestructuras y manejos que sean conservativos. Seguramente también tendremos que decir NO a nuevos incrementos de superficies. Algunos expertos consideran que ya hemos superado en un 20% la extracción asumible, con los 4 millones de hectáreas regadas con las que contamos actualmente.

Los trasvases deben ser medidas excepcionales para suplir necesidades urgentes puntuales, y no para incrementar más el consumo del recurso. Sin embargo, los nuevos planes hidrológicos no van en esa línea. Los planes hidrológicos no modifican sustancialmente aquella concepción inicial  de la política de trasvases, a pesar de que se cuenta con un 20% menos de agua en España. Esos planes se hacían teniendo la idea de que el agua era infinita y era un modelo basado en el aumento de la oferta. Lo que no puede ser es que un siglo después sigamos sin entender que el agua que hay disponible es siempre la misma y que se recicla y recircula en un ciclo que estamos alterando. Cuando con nuestra actividad depredadora de recursos, esto no lo tenemos en cuenta sólo estamos propiciando que en un futuro próximo suframos limitaciones severas, tanto en el uso doméstico como en los cultivos. No se puede dar una oferta ilimitada de un recurso limitado.

Pero siendo esto así, debemos reconocer que hay municipios enfrentados a una escasez que hay que abordar con cierta urgencia.

Hay municipios que acaban teniendo que recurrir a camiones cisterna para abastecer a la población durante el verano. Los pozos de algunas localidades, además de suministrar muy poco caudal, no ofrecen agua potable. Las medidas a poner en marcha para paliar las situaciones que se producen, pueden ser la detección de fugas o la reducción de consumos, pero es evidente que eso no es suficiente. El caudal de los manantiales de los que se suelen abastecer algunos municipios está en mínimos históricos, probablemente reflejando no sólo una situación circunstancial sino el efecto de una extracción prolongada en el tiempo sin respetar la capacidad de carga.  La situación es complicada y puede agravarse cuando el régimen de lluvias no es el esperado o necesario, ya que muchos municipios se abastecen de agua potable proveniente de acuíferos subterráneos.

El aumento de la población en determinadas zonas, el incremento de los cultivos de regadío y la escasez de lluvias, tiene como consecuencia que el nivel de reserva y de calidad de estos acuíferos se haya visto reducido de forma alarmante.

Es necesario garantizar el suministro en períodos de pocas lluvias y no aprovechar las reiteradas peticiones de trasvases para seguir propiciando un consumo por encima de la reposición natural. Y no es lo mismo trasvasar por necesidades de suministro a las poblaciones que por extracciones excesivas  para una agricultura intensiva de regadíos.

Los planes hidrológicos se concibieron antes que la DMA y tenían diferentes objetivos. Se diseñaron para satisfacer las necesidades socioeconómicas y para distribuir el agua (teniendo en cuenta la gran desigualdad que existe en España con respecto a los recursos hídricos). La DMA modificó el enfoque de la gestión del agua en España; tras su publicación, las autoridades decidieron combinar ambos enfoques (las demandas de agua y la protección medioambiental).

Deberían haberse buscado otras soluciones para satisfacer las necesidades de agua, como utilizar el agua de las desalinizadoras o reducir el agua para usos turísticos. Un reciente informe ha llegado a la conclusión de que cada turista consume hasta cuatro veces más agua que un residente. Y en España hemos hecho una fuerte apuesta por el sector turístico que consume grandes cantidades de un agua (piscinas, campos de golf, instalaciones acuáticas…) cada vez más escasa y que se debe gestionar con prudencia.

Hay, y se acentuará en el futuro, escasez de agua en amplias zonas de Andalucía debido al cambio climático, a los usos relacionados con la presión urbanística y el riego intensivo, así como a las actividades turísticas. Se han planteado dos soluciones principales para resolver la escasez de agua: el trasvase y la desalinización. Ninguna de ellas es la ideal pero habrá que dirimir en qué medida se recurre a ellas. Por supuesto, también es fundamental la apuesta por el ahorro, la búsqueda de soluciones menos consumidoras de agua y el cierre del ciclo del agua de forma eficiente depurando y recirculando. También debemos implementar medidas educativas que permitan abordar este tema con rigor y no sólo cuando surgen problemas de suministro.

Deben revisarse las futuras demandas de agua para no generar un problema de escasez, que también pondría en peligro los actuales cultivos de regadío.

Hay que pensar en mejorar la gobernanza del agua en las cuencas para no tener que recurrir a medidas de trasvases, porque antes de que se constatara la necesidad de garantizar el suministro a algunas poblaciones que lo precisan y de que fuese evidente la sobrexplotación y el mal estado de la calidad del agua en bastantes acuíferos, se debían haber adoptado las medidas pertinentes que lo evitasen.

 

Cementeras: Quemar residuos y contaminar el aire… ¡Aspire! ¡Expire!

La actividad humana basada en una economía de crecimiento permanente y adicta al consumo de energía ha incrementado la concentración en la atmósfera de gases que son muy perjudiciales para la salud, como los óxidos de azufre, de nitrógeno, de carbono, CFCs… En todos los países existen unos límites impuestos a determinados contaminantes por su influencia en la salud de la población y en su bienestar.

Repasando algunos de esos contaminantes, tenemos los siguientes:

  • El monóxido de carbono que se produce por combustión incompleta en los motores de los coches. En áreas muy urbanizadas tiende a haber una concentración excesiva de este gas.
  • Por otro lado, la concentración de dióxido de carbono CO2 en la atmósfera está aumentando de forma constante debido al uso de carburantes fósiles como fuente de energía y es este el principal causante del incremento de la temperatura de la Tierra –efecto invernadero. La reducción de las emisiones de CO2 a la atmósfera permitiría que el ciclo del carbono alcanzara el equilibrio a través de los grandes sumideros de carbono, como el océano profundo y los sedimentos.
  • El monóxido de nitrógeno, gas incoloro y poco soluble en agua, se produce por la quema de combustibles fósiles en el transporte y la industria. Es además uno de los gases que producen lluvia ácida.
  • En cuanto al dióxido de azufre generado en la combustión del carbón también causa lluvia ácida. Los contaminantes pueden recorrer grandes distancias porque los vientos los trasladan miles de kilómetros antes de caer con el rocío o con la lluvia ácida. Los compuestos de azufre también atacan a los materiales de construcción, formando sustancias solubles en el agua y afectando a la integridad y la vida de los edificios y esculturas.
  • Además de los citados, hay que añadir otros compuestos nocivos que las actividades industriales o el transporte generan cada día.

Son muchos los estudios que han vinculado la contaminación del aire con afecciones a la salud, siendo ancianos y niños especialmente vulnerables. Esta preocupación ha generado Plataformas ciudadanas contra la incineración de residuos en aquellos lugares donde existen estas instalaciones. ¿Quién puede aceptar de buen grado, que coloquen cerca de su casa una instalación que queme residuos y ensucie el aire que respira, por mucho que garanticen el uso de filtros u otros mecanismos para minimizar efectos?

La directiva 2008/98/CE sobre residuos insta a los estados miembros a priorizar la prevención (aquello de que el mejor residuo es el que no se genera) y reutilización, fomentando un reciclado de alta calidad mediante la recogida selectiva de residuos. La jerarquía aprobada a nivel estatal y europeo en materia de residuos prioriza la reutilización y el reciclaje sobre la incineración.

La utilización de residuos como combustible incrementa las emisiones de gases de efecto invernadero y de contaminantes tóxicos. Sin embargo, son muchas las autorizaciones que se están concediendo a cementeras para dedicar sus plantas a la incineración de residuos.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático señala como medida para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero en el sector industrial la reutilización y reciclado de materiales y no su incineración. Este enfoque se mantiene en el texto de la Estrategia española de lucha frente al cambio climático. Dentro de la política comunitaria en materia de residuos, la jerarquía para la gestión es: prevención, reducción, reciclaje, valorización material, y como última opción, la incineración/eliminación. En este orden, y de acuerdo a la reciente postura de la Corte Europea de Justicia, la incineración –con o sin valorización energética– habrá de tener la misma consideración que la eliminación, es decir, la última opción en la jerarquía.

Pero parece que hacerse cargo de la gestión de residuos es una actividad económica muy rentable, y además las cementeras autorizadas negocian con la venta de emisiones de CO2.

Debe quedar claro que la incineración es una fuente de energía sucia e ineficiente. A pesar de que se quiere vender como energía limpia y parte de la transición energética, la incineración tiene unos niveles de aprovechamiento energético muy pobres. La poca producción energética de la incineración no compensa el ahorro energético que se conseguiría con la prevención, la reducción, la reutilización y el reciclaje.

Además, las industrias cementeras y las incineradoras reciben subvenciones fruto de los derechos de emisión de CO2, al considerarse falsamente que la quema de residuos es neutra ante el cambio climático, por lo que se les contabilizan menos emisiones de las reales.

En relación al chantaje que vienen realizando estas empresas con los puestos de trabajo, habría que aclarar que hay una serie de impactos socioeconómicos negativos generados por la incineración de residuos. La actividad agroalimentaria y el turismo son sectores muy sensibles a la contaminación atmosférica, pues causa daños en los cultivos que se traducen en una disminución del rendimiento y una mayor sensibilidad a plagas y enfermedades. Por otra parte, un territorio con contaminación del aire y acumulación de residuos tampoco es atractivo como lugar de ocio o turismo.

Más allá de los efectos directos de dioxinas y otros compuestos emitidos, hay preocupación con su bioacumulación en seres humanos como consecuencia de su persistencia por la ingestión de alimentos de origen animal contaminados. Por ello, hay estrictas normativas que limitan el contenido de estas sustancias tóxicas en los alimentos. La detección de producciones agrícolas contaminadas supone un duro golpe para el productor y su entorno. Por tanto, la sola posibilidad de deteriorar la calidad del aire tiene un impacto económico que no se suele valorar.

En relación al empleo se deberá contemplar el balance entre los puestos de trabajo mantenidos por cementeras y aquellos destruidos en otros sectores, como el agrícola. La incineración perjudica severamente al sector primario, a explotaciones agrarias y ganaderas, incidiendo negativamente en la calidad de su producción y en las posibles certificaciones de calidad. Se hipoteca así el futuro de las comarcas donde operan estas cementeras con autorizaciones para incinerar. Y en cuanto al empleo directo que se genera en estas plantas, baste decir que la incineración emplea a menos personas que las plantas de reciclaje.

Según la fundación Amigos de la Tierra si aumentásemos nuestra tasa de reciclaje, la UE podría crear para el año 2020 hasta 750.000 nuevos puestos de trabajo relacionados con el sector. Cada año, 5.250 millones de toneladas de residuos reciclables terminan en los vertederos e incineradoras europeas. Su reciclaje supondría evitar en la atmósfera aproximadamente 148 millones de toneladas de gases contaminantes. Además, por cada tonelada de residuos que se recicla, se multiplica por 10 la generación de empleos respecto al número de trabajos que se crearían si se incinera o envía a vertederos la misma cantidad de residuos.

Por tanto, el reciclaje además de ecológico y positivo para la naturaleza, puede ayudarnos a mejorar la economía (y más con el SDDR). Una razón más para que nos concienciemos de la necesidad de reciclar nuestros residuos en lugar de dejar que se les “valorice energéticamente” incinerándolos.

Necesitamos con urgencia un Plan de gestión de residuos sostenible y activo, en la búsqueda del residuo cero, que debería ser el objetivo principal hacia el que encaminarnos.

 

Artículo publicado originalmente en el El Blog Sostenible el 17/10/2016.

La laguna de Soliva entre la reseca especulación y el bienestar ciudadano

Gestión y conservación de espacios naturalizados en Málaga. La laguna de Soliva entre la reseca especulación y el bienestar ciudadano

VALGAN como ejemplos de espacios naturalizados en nuestra ciudad la laguna de la Barrera en Colonia Santa Inés y, especialmente, la laguna recientemente aparecida en terrenos de la barriada de Soliva que está siendo desecada por mostrar las autoridades mayor interés en la especulación urbanística que en el bienestar de vecinos y usuarios de zonas verdes y naturales.

LAS aguas subterráneas próximas a la superficie tienen mucha importancia para los ecosistemas terrestres al ayudar a mantener el caudal de los ríos o el suelo húmedo en épocas de ausencia de lluvia, por citar solo dos ejemplos del interés de su conservación. A pesar de su importancia, poco se sabe de la distribución de la capa freática, franja que separa el suelo oxigenado, próximo a la superficie del terreno, de los acuíferos. Lo que se sabe a ciencia cierta es que, el nivel freático en estas zonas mencionadas y otras de la ciudad de Málaga es bastante somero, lo que se evidencia en la facilidad con que afloran las aguas subterráneas al extraer tierras y áridos para la construcción o, como en el caso de la Colonia Santa Inés arcillas para la industria cerámica.

ESTE desconocimiento del gran interés que tendría la conservación de láminas de agua afloradas, en el caso de la ciudad de Málaga, ha dado lugar a que actuaciones urbanas como la realizada en la reciente barriada de Soliva se haya traducido en un afloramiento de agua despreciado por su origen no natural. A la pregunta de qué hacer ahora, parece que la constructora propietaria responde con la desecación. Seguramente el motivo es preparar el terreno para presuntos usos constructivos, carentes de sentido en la actualidad, pero con un claro sentido de evitar la “re-valorización” natural que pudiera añadir presión ciudadana en el futuro. Y, por otro lado, las autoridades no se han hecho eco de la petición vecinal por desconocimiento, a su vez, del valor de una conservación como la planteada aquí. Su defensa y preservación se disculpa por tratarse de zonas de influencia urbana a las que se les presume una vocación artificial dominada por el asfalto y los suelos impermeabilizados, en general.

ESTA asunción debería cambiar, toda vez que las áreas metropolitanas al extenderse de forma imparable sobre el territorio engullen suelos con otras vocaciones y usos previos. Tenemos, por tanto, dos importantes recursos afectados el suelo y el agua, cuyas tasas de renovación están siendo cada vez más limitadas.

EN el caso de Soliva, se ha forzado un afloramiento de agua por la extracción de material y la presencia de una capa freática relativamente superficial. Una vez que esto ocurre y la propia dinámica natural genera un espacio naturalizado, que incluye una lámina de agua con flora y fauna asociadas, no se puede argüir que no estaba antes ahí y por ello no tiene valor, ni merece ser conservado y disfrutado por los ciudadanos del entorno.

ME parece necesario repensar la forma de gestionar esas zonas naturalizadas y ser muy cuidadosos a la hora de seguir aplicando un plan de ordenamiento urbano sin más. También las administraciones debieran ser más sensibles y repensar la gestión ambiental en ambientes urbanos donde la espontaneidad de lo natural debe mantenerse en alguna medida porque sobre ello descansan servicios ecosistémicos de los que no debemos prescindir.

RECIENTES estudios publicados en la revista Science nos informan de que entre el 22 y el 32 por ciento de la superficie emergida global se encuentra influida por una capa freática poco profunda, incluyendo aproximadamente el 15 por ciento de zonas con agua superficial alimentada por las aguas subterráneas, y entre un 7 y un 17 por ciento de áreas con la capa freática accesible a las raíces de las plantas. Cuando esta capa es poco profunda interactúa de diversas maneras con las zonas superficiales: proporcionando agua a ríos y lagos y manteniendo ecosistemas acuáticos en períodos secos. Asimismo, impide el drenaje del terreno y crea las condiciones de suelo saturado que caracterizan a los humedales, e incluso proporcionan agua a las plantas para la fotosíntesis en condiciones de sequía. Las implicaciones de un mejor conocimiento en torno a la capa freática son múltiples, y, entre ellas se podría mencionar la mejora en el microclima del entorno y sus beneficios asociados. Por eso sería deseable que los responsables de gestionar los entornos urbanos fuesen conscientes de todas estas cuestiones. Que las tuviesen en cuenta a la hora de planificar los desarrollos urbanísticos sobre estas masas de agua que aportan un valor añadido a los terrenos sobre los que aparecen.

 

Artículo publicado originalmente en la Revista El Observador el 04/03/2013.

Málaga: Baños del Carmen para todos… ¿o no?

Las costas de la provincia continúan siendo desnaturalizadas con hormigón y edificaciones. El ayuntamiento de Málaga edifica “chiringuitos” en serie con materiales de obra, en el paseo marítimo. En la misma línea de gestión, la Demarcación de Costas de Andalucía Oriental asume que la recarga periódica de arena y la compartimentación de la costa representa el tratamiento habitual, poniendo una alfombra de arena al pie de las edificaciones, asumiéndolo como un coste ambiental y un gasto económico de mantenimiento de la industria turística.

Y los Baños del Carmen no son ajenos a este estado de cosas. Diversos proyectos, anunciados sucesivamente, siempre incluían la regeneración del litoral, un parque, la ampliación de la playa actual y la creación de otra junto a Pedregalejo. Siempre se había contemplado la rehabilitación del antiguo balneario. Y es responsabilidad del Ministerio de Medio Ambiente, de la Demarcación de Costas, y de la administración local, asegurar la función pública y lúdica de la playa, porque sigue siendo lugar de encuentro ciudadano.

A principios de 2013, se anunció que el proyecto público anterior era inviable por falta de fondos, y la única opción para la recuperación y mantenimiento de dicho enclave pasaba por propiciar que la iniciativa privada “rentabilizase” económicamente la defensa de un patrimonio que, aparentemente, seguiría siendo público. El plan era muy parecido a lo que demandaba la ciudadanía y, había sido rechazado repetidas veces por diversos motivos “insuperables”, bien topográficos, bien urbanísticos. Diversas entidades, habían solicitado un concurso de ideas y un tiempo prudencial de reflexión antes de iniciar ningún proyecto.

En las propuestas institucionales se asume que es suelo urbano, y se trata como tal, aunque es evidente que es una playa, lo que debería garantizarle un trato diferente. Pareciera que, las administraciones, no concibieran para el disfrute de los ciudadanos otra cosa que paseos marítimos duros, escolleras y arena de reposición para regenerar este tipo de enclaves. Sin embargo, no a todos los ciudadanos nos gustan los proyectos que abusan del cemento y que además no cuentan con nuestra participación.

La Plataforma Ciudadana en defensa de los Baños del Carmen presentó una propuesta, allá por el mes de febrero, que, ajustándose a los criterios legales, de planeamiento del PGOU y del proyecto aprobado por Costas en 2010, evitaba los mayores desaguisados que se proponían en anteriores proyectos. Sirvan como ejemplos, atravesar todo el parque proyectado con un paseo hormigonado, la construcción de nuevos edificios en el interior del enclave y la nula preservación de buena parte de la flora actual, incrementando aún mas el empleo de flora alóctona.

Ahora, con este traspaso de la concesión, el alcalde De la Torre afirma que, aunque es una cuestión que depende de la Dirección General de Costas, es “positivo” que “la colaboración público-privada pueda dar respuesta al déficit de rehabilitación que tienen los Baños del Carmen, tanto en la parte de tierra como en la playa”. Pero si la Plataforma ciudadana en defensa de los Baños del Carmen ya había presentado al ayuntamiento “su proyecto” y éste aún no se había evaluado, que se sepa, al menos no se ha publicado nada al respecto, caben hacerse las siguientes preguntas:

  1. ¿Por qué se trasfiere una concesión, de un grupo a otro, de empresarios, sean éstos quienes sean?
  2. ¿Por qué tiene que valer el argumento de que debe haber un “margen de desarrollo económico”, en palabras del alcalde?
  3. ¿Por qué privado?

El desarrollo puede muy bien ser lúdico y colectivo, y la gestión pública y/o ciudadana. Quizá, la razón radica en el hecho de que los presupuestos generales para 2015 no contemplan ninguna partida para este fin. Así, se entiende que finalmente, se haya optado por lo que no tenga coste para las arcas municipales, despreciando el esfuerzo de un grupo de ciudadanos creativos y comprometidos con su entorno. ¡Una verdadera lástima! ¡Veremos cómo sigue la historia!

Artículo publicado originalmente en el El Blog Sostenible el 06/10/2014.

 

 

El Jeque, el Ayuntamiento de Málaga y el interés general en Arraijanal

Las fotos, tanto aéreas como en vistas desde el mar o desde tierra muestran a las claras que, sin ser, por extensión o conservación, nada espectacular, la zona de Arraijanal (Málaga) presenta la “peculiaridad” de ser ya de losúltimos tramos sin encementar del litoral metropolitano malagueño. Pues bien, esa sola consideración ya debería tenerla en cuenta el consistorio malagueño a la hora de tomar decisiones respecto al futuro de la zona. Si además añadimos el interés arqueológico de la zona, más aún.

No hay que olvidar que, Alicante, Málaga, Valencia y Barcelona son las ciudades litorales de nuestro país que más han construido en su costa. En la declaración de impacto ambiental de la revisión/adaptación que se hizo sobre el PGOU de Málaga, se señalaba que la playa y el arenal litoral de la finca Arraijanal es  el último tramo de playa no urbanizada del municipio de Málaga, conservando importantes rasgos ecológicos naturales, lo que hace de este espacio, un lugar único y singular a la escala no sólo de la ciudad, sino de la aglomeración urbana de Málaga.

Arraijanal representa un espacio litoral no urbanizado, y eso, en la costa malagueña, donde, descontando las desembocaduras de los cursos fluviales, y parajes protegidos, está urbanizada y hormigonada casi en un 80%. Es un valor a proteger.

Según el portavoz popular del Ayuntamiento, ejecutar el proyecto propuesto por el jeque que preside el club de Martiricos  “podría suponer” una inversión próxima a los 20 millones de euros por parte del club de fútbol del Málaga, con los que ejecutaría una decena de campos de fútbol e instalaciones complementarias en una superficie reservada de unos 100.000 metros cuadrados en Arraijanal, y, siempre desde la perspectiva del grupo de gobierno municipal:  “Es una manera de defender el interés general de la operación”. Lo que no nos dice es cuanto suelo se impermeabilizará más -lo que equivale a matarlo-, y ¿cuánta costa sin urbanizar nos quedará como patrimonio natural? Desde luego, no parece que eso sea defender el  “interés general”.

A poca distancia de estos terrenos, al otro lado de Guadalmar y de la desembocadura del Guadalhorce, la ciudad ya dispone de terrenos donde la concentración de instalaciones deportivas es alta: Pabellón Martín Carpena, estadio de Atletismo, macrocentro acuático bautizado como Inacua, donde también hay gimnasios y espacios para fitness  y otras actividades deportivas… Además, quedan allí terrenos que se podrían dedicar a estos fines futbolísticos, como es el caso de las instalaciones que mantiene LIMASA en el camino de la Térmica u otros terrenos adyacentes no ocupados aún y cercanos a la zona de playa. Tal ubicación ya ha quedado rodeada  por el crecimiento residencial de la ciudad hacia el oeste y por tanto no tiene el interés de conservación que sí presenta Arraijanal. No sé si sería de interés para el jeque, pero desde luego, sí convendría más al interés general.

Esos terrenos, solo por poner un ejemplo de ubicaciones alternativas, nos ofrecerían una estupenda ciudad deportiva. Y permitiría aliviar la presión, ya bastante alta sobre el litoral metropolitano, al menos en esa pequeña zona al poniente del monumento de la desembocadura del río Guadalhorce.  No conozco el motivo que tiene el jeque para preferir  la ubicación de Arraijanal, pero desde luego, el interés general no es  colmar las apetencias de éste. Cuando  menos,  se debería  minimizar la afectación al territorio que nos queda en el litoral y ofrecer a Abdulá Al Thani otra ubicación más  acorde al “interés general”.  Sin embargo, es el Ayuntamiento de Málaga el que se mueve, para obtener una  parcela privada (más digna de ser protegida que impermeabilizada), que  será cedida a otro privado para que construya un equipamiento privado.

Para los técnicos especialistas en Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Arraijanal alberga comunidades vegetales incluidas en la Directiva Europea de Hábitats. Además, cumple una importante función de colchón amortiguador de impactos hacia el Paraje Natural de la Desembocadura del Guadalhorce. Además, se han encontrado restos arqueológicos de interés, que habrían de conservarse en el mismo lugar.

Vecinos de la zona,  movimientos sociales y partidos como EQUO Málaga, apoyan la creación del parque marítimo terrestre y arqueológico de Arraijanal, que se recuperen las ruinas de un antiguo puerto pesquero romano y se conecte con el paraje natural de la desembocadura del Guadalhorce y el antiguo campamento Benítez, recuperando el yacimiento fenicio del Cerro del Villar.

Ese sería un futuro para el espacio litoral de Arrajainal más acorde al interés general.

Artículo publicado originalmente en el El Blog Sostenible el 12/09/2014.

 

 

DOÑANA en el punto de mira: Demasiadas agresiones a nuestro Parque Nacional

El Parque Nacional de Doñana es un mosaico de ecosistemas que albergan una biodiversidad única en Europa. Especialmente vulnerable y frágil es la marisma, de extraordinaria importancia como lugar de paso, cría y refugio de miles de aves europeas y africanas. En el Parque viven especies únicas y en serio peligro de extinción, como el águila imperial ibérica y el lince ibérico.

En Doñana confluyen un conjunto de ecosistemas (playas, dunas, cotos, marismas…) que le dotan de una personalidad única. Sus tierras son ricas y fértiles, ya que la marea deposita sedimentos que enriquecen sus suelos. Las marismas cumplen también importantes funciones, como la de amortiguar y minimizar las corrientes marinas cuando hay mucho viento o tormentas.

Al principal río que la baña, el Guadalquivir, también le llegan amenazas que comprometen la conservación de Doñana, en forma de vertidos contaminantes, desviación de sus aguas mediante trasvases y otras alteraciones como el dragado que, de llevarse a cabo, destrozaría el lecho del río. Y cuando se pone en peligro la marisma, se ponen en peligro ecosistemas muy valiosos y necesarios para gran cantidad de especies de fauna y flora, pero no solo para ellas, también para los pueblos de la zona que tienen en la existencia del humedal su mayor riqueza. Por tanto, debería quedar claro su relevancia y la necesidad de mantener su integridad.

Siendo el más emblemático de nuestros parques nacionales, sin embargo vive acosadopermanentemente por todo tipo de proyectos, como:

  • la extracción de hidrocarburos,
  • la extracción —más allá de lo razonable— de agua del acuífero que es el corazón de la marisma,
  • la contaminación de esas aguas con pesticidas y productos usados en la agricultura intensiva que lo cercan,
  • el proyecto de dragado del río Guadalquivir, que arrasaría donde desemboca,
  • las amenazas de fracking y de sondeos incontrolados,
  • las presiones urbanísticas que no cesan,
  • las exigencias que vuelven, una y otra vez repetidas, de carreteras que atraviesen el parque,
  • o el impacto de los rocieros.

 

Artículo publicado originalmente en el El Blog Sostenible el 19/09/2016.

Transgénicos y riesgos en la alimentación mundial

 

El uso de los OMG en agricultura se ha convertido en un elemento distorsionador en la producción agrícola y supone un problema para la sostenibilidad socio-ambiental.

Los derechos de propiedad intelectual que se aplican sobre estos organismos modificados suponen también una limitación al uso y gestión de recursos naturales necesarios para la producción de alimentos, con lo que la distorsión es más que evidente.

La ciencia es un sistema poderoso de generación de conocimiento del que derivan productos y servicios tecnológicos que actúan en nuestras vidas. Sin embargo, y, a pesar de lo que muchos piensan y defienden, no es neutral, y no lo es porque no lo es su financiación, ni los objetivos que se persiguen cuando se diseñan determinados experimentos y no otros, o las reglas que operan en el traslado de los resultados de investigación a los procesos productivos y su posterior comercialización, o la aplicación de derechos de propiedad intelectual, como las patentes.

Durante un tiempo, cuando aún no se tenía la suficiente experiencia en el cultivo de plantas transgénicas, la posición frente a ellas en agricultura se apoyaba en aplicar el principio de precaución. Transcurrido el tiempo, es cada vez más evidente lo que está suponiendo su cultivo, por ello ya no es tan necesario acudir a ese principio, sino analizar las consecuencias de su uso, los efectos socio-ambientales que ha conllevado y a quienes beneficia económicamente.

La producción agrícola con plantas transgénicas está fuertemente orientada hacia un modelo de producción agrícola industrial regido por un mercado global donde los productos agrícolas y sus transformaciones primarias viajan miles de kilómetros desde sus lugares de producción a sus lugares de consumo, lo que no es sostenible. Entre otros motivos, por la huella de carbono, cuyo coste económico y ambiental no computa pero pagamos todos. Grandes superficies de cultivo a nivel mundial y dependientes de gran cantidad de insumos, en la mayoría de los casos monocultivos, que tienen más valor de mercado. Se estima que la inversión necesaria para poner una planta transgénica en cultivo comercial supone 136 millones de dólares y unos 13 años.

Son varios los cultivos transgénicos que llevan tiempo en producción, como el cultivo de la soja. Los principales productores de este cultivo, considerado paradójicamente el oro verde, son EEUU, Brasil y Argentina y el porcentaje de plantación proveniente de semilla transgénica es del 90% o superior. El 75% de la producción mundial se dedica al forraje animal, a pesar que se sabe que las dietas basadas en ingesta de proteína animal no son sostenibles, por la huella hídrica y el uso de suelo requerido por caloría consumida.

Este modelo está favoreciendo la destrucción de grandes superficies del Bosque Atlántico y de la Amazonía brasileña y ha dado lugar a lo que en Argentina se conoce como la «Sojización del Agro Pampeano». La intensificación de su cultivo ha producido deterioro de suelos, disminución de la cantidad y calidad del agua y efectos negativos evidentes en la biodiversidad. Ninguno de estos efectos es sostenible ni asumible a largo plazo.

Han aparecido plantas (que no malezas) resistentes al glifosato y se han desarrollado variedades transgénicas con resistencias a más de un herbicida. Usar dos herbicidas es menos sostenible que usar uno solo. Por cierto, esa unicidad era una de las razones que justificaba la primera generación de soja transgénica junto a la discutida benignidad del glifosato en comparación con otros herbicidas más tóxicos.

En el informe de 2014 sobre la Situación mundial de los cultivos biotecnológicos las conclusiones que se extraen, responden, más o menos, al siguiente argumento: cultivar plantas transgénicas es más sostenible ya que al ser su rendimiento medio por superficie mayor, el cultivo requiere menor superficie de suelo, se usa y deteriora menos agua, se afecta negativamente menos la biodiversidad y se usan menos insumos que si se produjese una cantidad similar de cosecha con agricultura convencional. Así, según este punto de vista, estos cultivos contribuyen a una intensificación sostenible que salva bosques y conserva la biodiversidad. Pero la realidad no es ésta, por mucho que insistan en venderla así.

La industria que opera con los OGM no está realmente interesada en resolver las causas del problema alimentario que afrontamos por el crecimiento de la población, ni tampoco en la sostenibilidad ambiental y social de la agricultura, sino en demostrar cómo sus productos (las semillas híbridas y transgénicas más los insumos asociados) son menos malos que lo que hay.

Si consideramos cuestiones socioeconómicas, y también en el caso de la soja, se constata que las explotaciones dedicadas a su producción, en Norte y Sudamérica, son mayoritariamente de escala industrial.

Lo que propicia una concentración de la tierra en menos manos. Esto ha desplazado a los pequeños y medianos propietarios, que trabajan extensiones de tierra por debajo de las 100 hectáreas, en favor de los que disponen de más de 1000. En relación al empleo, en algunas regiones argentinas se ha estimado que la conversión a la soja ha destruido cuatro de cada cinco trabajos agrícolas (ver informe 2014 de WWF “El crecimiento de la soja, impacto y soluciones”).

La lógica entonces nos invita a pensar que los transgénicos no son el principal problema, lo son quienes ostentan el control de su uso y hacen negocios con los OGM. Vuelvo con ello a la reflexión inicial de que la investigación científica, sea en transgénicos o en otros campos, no es ni neutral ni inocua. El poder del oligopolio que concentra la producción de material vegetal de reproducción es grande, y se ha dotado de un sistema de patentes que rige y controla la industria biotecnológica. Tras de lo cual, los diferentes tratados comerciales firmados al amparo del proceso de globalización desde los 90 del siglo pasado hasta la actualidad han hecho el resto.

Un ejemplo ilustrativo: Si decidiera algún investigador, por su cuenta, poner a disposición del mundo, plantones de alguna planta transgénica con frutos mejorados, sería muy improbable que lo consiguiera. La razón es haber empleado para desarrollarlo, métodos y materiales que otros han patentado internacionalmente y que, aun permitiéndose la investigación y publicación, al querer producir, aparecerá la reclamación de los derechos de propiedad. Habría que negociar y pagar a obtentores de varias patentes, desde las metodológicas hasta las que tienen que ver con el empleo de los genes.

Existen patentes del uso de todas las aplicaciones prácticas conocidas.

Es realmente preocupante el hecho de que se haya permitido patentar semillas como si fueran un invento, una nueva máquina. Las semillas cultivadas, además de seres vivos, son un recurso renovable, como el agua y el suelo. Los tres son imprescindibles para la producción de alimentos. Y además son patrimonio de todos, las semillas cultivadas encajan en la categoría de los bienes comunes, como nos enseñó la premio Nobel de Economía 2009, Elinor Oström. No son ni del estado ni del mercado, su custodia es de las personas que han sido, son y serán.

Tienen en común con el agua, que son un recurso que fluye en el tiempo y en el espacio. En el caso de las semillas agrícolas, algunas cultivadas miles de años por generaciones de campesinos, la diversidad de especies y variedades disponibles ha resultado de las decisiones de los agricultores al seleccionar semillas para el siguiente cultivo, además de cruces genéticos fortuitos, de los procesos de adaptación de los cultivos a manejos y condiciones ambientales locales, intercambios, etc.

Esta agro-biodiversidad está en grave peligro por un efecto colateral de la revolución verde del siglo pasado, que concentró sus esfuerzos en muy pocos cultivos y variedades que desplazaron muchas especies y variedades tradicionales al ser menos productivas cuando los insumos no son limitantes o por no tener mercado suficiente.

No parece que una agricultura biotecnológica con empresas que defienden que las semillas son suyas y sólo suyas por el mero hecho de haber implementado una mejora biotecnológica en variedades o cruces de variedades previamente existentes, contribuya a frenar esta erosión genética. De hecho, la acelera y es vergonzoso y siniestro que los agricultores puedan ser perseguidos legalmente si usan estas semillas más de una cosecha porque incumplirían los compromisos contractuales que se ven obligados a firmar para adquirirlas. Semejante actitud empresarial pone de manifiesto que las multinacionales ven a las semillas, transgénicas o no, como un producto de un solo uso que hay que volver a comprar cosecha tras cosecha, exactamente lo mismo que el glifosato.

Algo que está en profunda contradicción con la propia naturaleza biológica de las semillas y con el derecho de las personas a acceder a los recursos naturales. Cobrar regalías durante un tiempo razonable por un desarrollo tecnológico que suponga una mejora de unas semillas cultivadas, o sea, pagar por ese servicio, se podría entender. Sin embargo, permitir la patente de semillas es propiciar que una entidad privada con ánimo de lucro se apropie de un bien común al que tenemos derecho de acceso y custodia, todos. Estas patentes de semillas transgénicas son un precedente negativo, que junto a la comercialización de híbridos y la promoción de marcos normativos que limitan el uso comercial de la auto-producción de semillas, van en la dirección de traspasar a las manos de unas pocas empresas el control de este recurso estratégico del que depende la alimentación presente y futura.

La tercera revolución verde de la que escribió el profesor García Olmedo a finales del siglo XX ha potenciado los defectos de la segunda revolución. No ha contribuido a cambiar cultivos y modos de producción que no respetan los límites de crecimiento del planeta,

El debate se mueve del agro-negocio a la agro-subsistencia y la pregunta es ¿quién le da de comer al mundo?

Según estimaciones contenidas en informe de la FAO y basadas en datos obtenidos en 30 países, la alimentación mundial se sostiene a expensas de unos 570 millones de explotaciones, de las cuales un 80% son pequeñas granjas familiares que producen el 80% de la producción mundial. Otra estimación más reciente basada en una aproximación metodológica diferente que incluye a 105 países, estima que el 93% de las explotaciones agrícolas mundiales son fincas familiares y suponen el 53% de la tierra dedicada a producir alimentos. Hay evidencia empírica de que las explotaciones pequeñas producen más por hectárea que las de mayor superficie.

También son diversas las especies cultivadas y los tipos de manejo. El destino de su producción puede ser la subsistencia pero también, de forma complementaria o principalmente, el mercado local. Lo que también va en la dirección de otro de los retos que debemos conseguir que es re-localizar la producción de alimentos.

Esta re-localización supone mayor seguridad alimentaria (objetivo ONU-FAO) y también más soberanía alimentaria, algo reivindicado por movimientos de agricultores internacionales como Vía Campesina.

Los poderes públicos y las instituciones internacionales deben diseñar políticas que aseguren la conservación y la potenciación de las explotaciones familiares mediante marcos normativos que las favorezcan y dedicando recursos de I+D a mejorar su gestión. Brasil cuenta con un modelo bicéfalo, por un lado el modelo industrial con cultivos transgénicos pero también ha potenciado su agricultura local que está dirigida al mercado local y que supone, según datos del 2009, un 70% del consumo doméstico de alimentos en el país.

Hay una agricultura empresarial donde la producción es considerada un producto industrial más de los mercados globales y otra agricultura que produce localmente alimentos y no debe estar reñida con que los agricultores puedan ganarse su vida dignamente ejerciéndola. Esa agricultura es fundamental porque da de comer a la gente más pobre, está localizada, es más resiliente y eficiente termodinámicamente al consumir menos energía por caloría de alimento producido.

Las tecnologías no son buenas ni malas, más bien tienen riesgos y ventajas que dependen de su modo de utilización y de a quienes beneficia. Por cuestiones de mercado y modelo de negocio, las semillas transgénicas requieren para ser económicamente rentables cultivos que ocupen grandes superficies. En este contexto, son una pieza más de un modelo de producción agrícola de tipo industrial concentrado en pocas manos. Este modelo de producción de alimentos es deslocalizado, muy dependiente de insumos y energía y en él prima el condicionante económico. Como efecto colateral, desvaloriza económicamente y desplaza otros modelos de producción, desarrollados en pequeñas explotaciones, más diversas y más sostenibles social y ambientalmente cuya producción y consumo de alimentos está localizada.

Estos modelos de producción de alimentos familiares contribuyen en la actualidad más a la alimentación mundial con menos consumo de energía fósil; y pueden ser determinantes para superar los retos que enfrentará la alimentación en los próximos decenios. Por ello deben ser potenciados y protegidos frente a aquellos intereses que priman una visión economicista, como los que están detrás del uso de plantas transgénicas en la agricultura actualmente.

 

Artículo publicado originalmente en el Diario Responsable el 26/06/2016.