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El rascacielos y la planificación del Futuro. Salvemos nuestro Horizonte de la especulación.

Cada poco tiempo aparece algún conflicto sobre el modo de construir ciudad, la planificación urbana, la movilidad, o el diseño de suficientes zonas verdes y parques. Todo lo que deseamos en nuestra ciudad. La ciudad que queremos, en la que vivimos, soñamos y, a veces la que padecemos. Hoy es el conflicto surgido por la falta de debate público en relación al proyecto de un rascacielos en el dique de Levante del Puerto de Málaga. Un rascacielos que no responde a una demanda ciudadana, que rompe el skyline de la ciudad, que está en suelo público y, por tanto, donde los ciudadanos deberían tener la posibilidad de proponer y debatir alternativas.

Hace poco mas de un año escribí sobre uno de esos conflictos aún no resuelto, el de BUM (Bosque Urbano Málaga), y quise hacer la reflexión que vuelvo a traer de nuevo. Y es sobre el papel a jugar por los responsables municipales, en la gestión de los bienes comunes y del interés público. Un equipo de gobierno, en cualquier ayuntamiento, dirige y administra la ciudad, en base a un programa de gobierno previo, con el que adquirió un compromiso ante la ciudadanía. En el caso de Málaga, el grupo de gobierno, del PP, lo hace con un modo de gestión de arriba abajo, es su estilo, al margen de otras cuestiones que les podamos achacar. Piensan la ciudad que quieren para los ciudadanos de Málaga, pero sin ellos. Con la ayuda de técnicos que asesoran en base a unas directrices que descansan en el modelo neoliberal en el que creen. Tutelan a los ciudadanos, sin entender cómo un grupo de vecinos pueden pensar, organizarse, crear y diseñar una propuesta alternativa para el suelo que pisan. Eso fue lo que sucedió en el caso del BUM. Un grupo de ciudadanos, tras conseguir un elevado nº de firmas que apoyaban la petición de un bosque en los terrenos que habían sido ocupados por Repsol, fueron capaces de trabajar y coordinarse para buscar y ofrecer alternativas al proyecto que quería imponer el equipo de gobierno del ayuntamiento. En el caso del puerto también se exige otra forma de proceder, que ofrezca diálogo y debate sobre el proyecto, y no acelerar los plazos necesarios como se ha hecho.

Desde la ecología política, también podríamos proponer un proyecto “verde” y un diseño de ciudad acorde a nuestro ideario. Adolecería, explicaba en ese artículo, del mismo defecto que critico en el equipo de gobierno del PP, si no facilitara e incorporara la participación de los vecinos y vecinas en el diseño del proyecto. Especialmente, cuando hay ciudadanos que se movilizan por una idea distinta y a la búsqueda del interés común. Los ciudadanos debemos poder decidir, ser escuchados e incorporados a la toma de decisiones, explicando los condicionantes y toda la casuística que intervenga en cada caso, pero teniendo en cuenta aportaciones y peticiones.

En el ya mítico 15M, se gritaba, ese: “No Nos Representan” en una clara queja por no tener en cuenta la opinión ciudadana. Como residentes y contribuyentes queremos participar en el diseño y creación de la ciudad y en la toma de decisiones que corresponda. Una reivindicación que no se puede seguir obviando. Se exigía en ese despertar ciudadano, allá por 2011 transitar hacia modelos de gestión de abajo a arriba, de la raíz a las hojas, dicho en un símil gráfico. Si las raíces trasladan los nutrientes a las hojas, la ciudadanía trasladaría propuestas que nutrirían el diseño del espacio urbano.

No todo lo que se proponga será técnica o legalmente posible; pero lo que sí debe conseguirse es poner en marcha proyectos compartidos que incorporen el poder creativo y la participación de las ciudadanas y los vecinos.

Resultó chocante en el caso del BUM que el concejal de participación, buscase argumentos legales para limitar la participación que debería defender institucionalmente. Su función debiera ser buscar los cauces para que los vecinos/as puedan expresarse y nunca lo contrario. El modelo que limita la participación no es el que quiero en mi ciudad.

La planificación urbanística debe orientarse hacia una idea del futuro que se quiere para la ciudad. Y el que augura la construcción de este rascacielos, fruto de la especulación con suelo público, sin transparencia, sin buscar el interés común y sin consultar a las principales afectadas, las y los que viven la ciudad, no es una planificación acertada.

En base a lo que hemos aprendido del pasado y del presente de tantos pelotazos urbanísticos, deberíamos orientar el diseño de ciudad para un futuro que la mejore y regenere sus espacios urbanos. Buscar un espacio de reflexión ciudadana conjunta, también de asesoramiento, llamando la atención sobre los potenciales efectos asociados a distintas opciones, según cada alternativa futura elegida. Los pronósticos más interesantes son aquellos que nos permiten anticiparnos a posibles situaciones a evitar. Y en este caso, el potencial efecto del rascacielos en el futuro perfil del horizonte malagueño no parece nada deseable.

Tanto el planeamiento urbano como el territorial se siguen realizando con los criterios e instrumentos habituales hasta ahora y que han conducido a la burbuja y sobredimensión constructiva, de modo que, sin duda alguna, se repetirán los graves problemas que el crecimiento urbano en su forma más actual viene ocasionando. Por ello, la reflexión sobre este rascacielos para el que se ha modificado el Plan especial del puerto, es pertinente y da pie a abrir el foco respecto a la Málaga futura.

La apelación insistente al carácter sostenible que se auto atribuyen los documentos de planificación urbanística y el horizonte de futuro que prefiguran, es pura retórica. En el caso del rascacielos más aún. Supone la puesta en marcha de una operación inmobiliaria en un marco de arbitrariedad urbanística y bajo el criterio del corto plazo, provocando una transferencia de las consecuencias y de los impactos, al futuro. El rascacielos carece de un diagnóstico honesto en aspectos decisivos como: la adecuación al frágil y saturado entorno del puerto, el impacto visual y paisajístico, la medición de su resiliencia a fenómenos meteorológicos cada vez mas frecuentes en el litoral, las consecuencias esperables en tal lugar, del cambio climático y su difícil prevención, o los efectos de la generación de residuos, emisión de vertidos y deterioro de las aguas del puerto en un proyecto de tal calibre, además de los problemas de movilidad que también generaría… En fin, necesitamos una reflexión intensa sobre el rascacielos y sus implicaciones. Y es que, la modificación del Plan Especial del Puerto, apenas cumple una función justificadora de decisiones ya adoptadas. Sin embargo, sólo desde la disponibilidad de un diagnóstico preciso, y no sujeto a modificaciones arbitrarias o coyunturales, tanto respecto al Plan Especial del Puerto como del resto de documentos de planificación de la ciudad, es posible ofrecer a los ciudadanos/as el análisis que les permita definir y diseñar la ciudad en la que quieren vivir.

Se deduce de lo anterior la necesidad urgente de creación de unos nuevos marcos de referencia jurídicos respecto a la planificación urbana, que atiendan a los actuales desafíos y que permitan la intervención de los ciudadanos. Hay que insistir en el cumplimiento de la legislación vigente respecto de la Evaluación Ambiental Estratégica de los instrumentos planificadores y de las Evaluaciones de Impacto sobre la salud, sobre el paisaje, sobre el medioambiente urbano…

Para concluir,- y recordando debates con el profesor Alfredo Rubio-, de todo el debate suscitado por el rascacielos, se deduce la necesidad de reformar la política urbanística, de manera que incluya una repolitización del futuro. El escenario futuro es una combinación de incertidumbre y responsabilidad, por tanto, sujeto a procedimientos de deliberación y legitimación colectiva. Ello sin duda implica asumir esos cambios necesarios que abran el debate informado a la ciudadanía. Todo lo que en el caso del rascacielos no se ha producido.

 

Artículo publicado originalmente en el blog Ecologismo de Emergencia del Diario Público el 10/12/2017.

El Papel de los Políticos y la Participación Ciudadana en el Diseño Urbano

El caso del Bosque Urbano de Málaga

En la ciudad de Málaga no hay acuerdo entre ayuntamiento y vecinos sobre qué hacer en los antiguos terrenos de Repsol. El gobierno municipal de Málaga, encabezado por el Sr. alcalde Francisco de la Torre, mantenía desde el pasado mes julio guardado en un cajón el informe positivo del interventor municipal sobre la posibilidad de hacer una consulta ciudadana para que los vecinos decidan qué hacer con los terrenos donde se ubicaron los antiguos depósitos de Repsol.

En dicha consulta nos iban a preguntar si podríamos disfrutar de una zona verde arbolada con especies autóctonas, el denominado “Bosque Urbano”, o bien construir 4 rascacielos y un frío parque urbano (proyecto original). Los distritos de Carretera de Cádiz y Cruz de Humilladero serían los más afectados y se ha lanzado una campaña de recogida de firmas.

El propio PP votó en su día a favor de esta consulta y sin embargo ha maniobrado durante estos meses para conseguir que no se hiciera. El grupo del partido Ciudadanos también duda sobre la legalidad de la consulta. Esta duda ha venido propiciada, paradójicamente, por el argumento del Concejal de “Participación Ciudadana que dice que ese tipo de consulta no aparece en el articulado de la nueva Ley de Procedimiento Administrativo Común, recientemente aprobada. Primero hay que decir que el hecho de que no aparezca no significa que no sea posible y, como indica Ángel Sánchez en su artículo publicado en la Opinión de Málaga: “Es una paradoja que el responsable de participación se desprenda de una figura significativa de participación ciudadana en la gestión municipal y, en la paradoja, concurre que la afirmación la realiza, sin la menor referencia a la legislación local”. En ese artículo, el catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Málaga incluye más argumentos jurídicos de peso que ponen en entredicho la sesgada interpretación del concejal.

El papel de los políticos

Sin embargo, la reflexión que quiero hacer en relación a esta cuestión es sobre el papel que los políticos, como yo, debemos jugar en la gestión de los bienes comunes y del interés público. El PP gobierna la ciudad y lo hace con un modo de gestión de arriba abajo. Ellos piensan la ciudad que quieren para los ciudadanos de Málaga, con la ayuda de técnicos que les asesoran en base a unas directrices que descansan en el modelo neoliberal en el que creen. Tutelan a los ciudadanos, supuestamente por su bien, y no acaban de entender cómo un grupo de vecinos pueden pensar, organizarse, crear y diseñar una propuesta alternativa para el suelo que pisan.

Proyecto de la plataforma Bosque Urbano Málaga

Por supuesto que yo también fundamento mi actuación política en un marco conceptual, el de la ecología política, y que también podría proponer un proyecto “verde” para esos terrenos. Quizá sería más coincidente con la propuesta de la plataforma vecinal pero seguiría adoleciendo del mismo defecto que critico en el equipo de gobierno del PP, si no facilitara e incorporara al máximo posible, la participación de los vecinos en el diseño del proyecto. Especialmente, cuando ellos han tomado cartas en el asunto, como es el caso.

El gobierno del PP tutela a los ciudadanos, supuestamente por su bien, y no acaba de entender cómo un grupo de vecinos pueden pensar, organizarse, crear y diseñar una propuesta alternativa para el suelo que pisan.

Es un hecho que un grupo de vecinos del barrio han tomado la iniciativa, se han empoderado, han acudido a sus representantes en el ayuntamiento con una petición alternativa a la inicialmente propuesta y no ejecutada. La plataforma ciudadana “Málaga Ahora” tomó nota y propuso en su día en el pleno esa consulta ciudadana para dar cauce a esa participación y fue apoyada por todos los grupos. Fue un pleno con intervenciones de vecinos del barrio, profesores de universidad y en el debate se expusieron problemáticas diversas. Se defendieron: la propuesta del Bosque Urbano, el proyecto original del ayuntamiento y propuestas alternativas del PSOE, Ciudadanos, e Izquierda Unida. El ayuntamiento dio la impresión de estar con los vecinos, escuchándolos e incorporándolos a la toma de decisiones y explicándoles también los condicionantes previos. Desgraciadamente el PP se ha ocupado de convertir aquello en un espejismo.

Concentración el pasado 23 de noviembre para reclamar un pulmón verde para Málaga

 

Puedes leer el artículo completo aquí.

Artículo publicado originalmente en el Blog Sostenible el 2/11/2016.

Sobre suministros para viviendas ilegales

Intervengo en el pleno del Parlamento (10/11/2016) para analizar la petición del PP de facilitar el acceso a los suministros de las viviendas construidas en terreno ilegal. Defendí el acceso de las viviendas legalizadas tras la reciente modificación de la LOUA, aunque insistí en la necesidad de controlar el crecimiento urbanístico y hacer cumplir la ley. La propuesta del PP finalmente no salió adelante.
 

El Jeque, el Ayuntamiento de Málaga y el interés general en Arraijanal

Las fotos, tanto aéreas como en vistas desde el mar o desde tierra muestran a las claras que, sin ser, por extensión o conservación, nada espectacular, la zona de Arraijanal (Málaga) presenta la “peculiaridad” de ser ya de los últimos tramos sin encementar del litoral metropolitano malagueño. Pues bien, esa sola consideración ya debería tenerla en cuenta el consistorio malagueño a la hora de tomar decisiones respecto al futuro de la zona. Si además añadimos el interés arqueológico de la zona, más aún.

No hay que olvidar que, Alicante, Málaga, Valencia y Barcelona son las ciudades litorales de nuestro país que más han construido en su costa. En la declaración de impacto ambiental de la revisión/adaptación que se hizo sobre el PGOU de Málaga, se señalaba que la playa y el arenal litoral de la finca Arraijanal es  el último tramo de playa no urbanizada del municipio de Málaga, conservando importantes rasgos ecológicos naturales, lo que hace de este espacio, un lugar único y singular a la escala no sólo de la ciudad, sino de la aglomeración urbana de Málaga.

Arraijanal representa un espacio litoral no urbanizado, y eso, en la costa malagueña, donde, descontando las desembocaduras de los cursos fluviales, y parajes protegidos, está urbanizada y hormigonada casi en un 80%. Es un valor a proteger.

Según el portavoz popular del Ayuntamiento, ejecutar el proyecto propuesto por el jeque que preside el club de Martiricos  “podría suponer” una inversión próxima a los 20 millones de euros por parte del club de fútbol del Málaga, con los que ejecutaría una decena de campos de fútbol e instalaciones complementarias en una superficie reservada de unos 100.000 metros cuadrados en Arraijanal, y, siempre desde la perspectiva del grupo de gobierno municipal:  “Es una manera de defender el interés general de la operación”. Lo que no nos dice es cuanto suelo se impermeabilizará más -lo que equivale a matarlo-, y ¿cuánta costa sin urbanizar nos quedará como patrimonio natural? Desde luego, no parece que eso sea defender el  “interés general”.

A poca distancia de estos terrenos, al otro lado de Guadalmar y de la desembocadura del Guadalhorce, la ciudad ya dispone de terrenos donde la concentración de instalaciones deportivas es alta: Pabellón Martín Carpena, estadio de Atletismo, macrocentro acuático bautizado como Inacua, donde también hay gimnasios y espacios para fitness  y otras actividades deportivas… Además, quedan allí terrenos que se podrían dedicar a estos fines futbolísticos, como es el caso de las instalaciones que mantiene LIMASA en el camino de la Térmica u otros terrenos adyacentes no ocupados aún y cercanos a la zona de playa. Tal ubicación ya ha quedado rodeada  por el crecimiento residencial de la ciudad hacia el oeste y por tanto no tiene el interés de conservación que sí presenta Arraijanal. No sé si sería de interés para el jeque, pero desde luego, sí convendría más al interés general.

Esos terrenos, solo por poner un ejemplo de ubicaciones alternativas, nos ofrecerían una estupenda ciudad deportiva. Y permitiría aliviar la presión, ya bastante alta sobre el litoral metropolitano, al menos en esa pequeña zona al poniente del monumento de la desembocadura del río Guadalhorce.  No conozco el motivo que tiene el jeque para preferir  la ubicación de Arraijanal, pero desde luego, el interés general no es  colmar las apetencias de éste. Cuando  menos,  se debería  minimizar la afectación al territorio que nos queda en el litoral y ofrecer a Abdulá Al Thani otra ubicación más  acorde al “interés general”.  Sin embargo, es el Ayuntamiento de Málaga el que se mueve, para obtener una  parcela privada (más digna de ser protegida que impermeabilizada), que  será cedida a otro privado para que construya un equipamiento privado.

Para los técnicos especialistas en Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Arraijanal alberga comunidades vegetales incluidas en la Directiva Europea de Hábitats, cumple una importante función de colchón amortiguador de impactos hacia el Paraje Natural de la Desembocadura del Guadalhorce y, además, se han encontrado restos arqueológicos de interés, que habrían de conservarse en el mismo lugar.

Vecinos de la zona,  movimientos sociales y partidos como EQUO Málaga, apoyan la creación del parque marítimo terrestre y arqueológico de Arraijanal, que se recuperen las ruinas de un antiguo puerto pesquero romano y se conecte con el paraje natural de la desembocadura del Guadalhorce y el antiguo campamento Benítez, recuperando el yacimiento fenicio del Cerro del Villar.

Ese sería un futuro para el espacio litoral de Arrajainal más acorde al interés general.

 

Artículo publicado originalmente en el El Blog Sostenible el 12/09/2014.