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¿Desde dónde miramos el mundo?

Las miradas sobre el mundo y la realidad que nos rodea tienen rasgos muy específicos según quién observe. Pero, siendo diferentes, con circunstancias diferentes y originarias de distintos lugares del planeta, sin embargo, sujetos diferentes pueden llegar a visiones holísticas de este mundo global en el que todos somos interdependientes (no podemos sobrevivir aislados del resto de nuestros semejantes o fuera de la sociedad) y, por supuesto ecodependientes (tampoco podemos pervivir sin tener en cuenta que dependemos de los ecosistemas naturales que son el soporte físico que nos sustenta). ¿La realidad nos avasalla? Reflexionar sobre el mundo y su deriva nos puede motivar a la acción que cambie esa realidad.

Hace un tiempo leí un artículo de opinión de Marga Mediavilla -una mujer que reflexiona sobre el mundo y su deriva-, y me hizo recordar la figura de una de las mujeres que me han inspirado en mi devenir personal, Lynn Margulis. En dicho artículo hacía un certero análisis sobre el camino por donde nos lleva la tecnología y las nuevas habilidades que se le otorgan a los robots. Me pareció muy relevante la reflexión que hacía sobre las habilidades adquiridas por la inteligencia artificial y que tienen que ver con la “percepción” de que la cooperación es la mejor estrategia para evolucionar, dando la razón a Lynn Margulis y contradiciendo a Darwin y su idea de que la evolución se desarrolla mediante la competencia.

Tenemos que cooperar entre nosotros y ser muy sensibles al medio ambiente que nos rodea si queremos salir adelante, dejando atrás este modelo económico que está rompiendo los equilibrios de Gaia y poniendo en peligro nuestra supervivencia.

Margulis es la bióloga que nos proporcionó una de las teorías más revolucionarias de la historia de la evolución en ese sentido. En realidad, creo que en el fondo, es la base de la condición femenina: a saber, funcionamos con soltura en clave colaborativa o cooperativa. La competencia es más característica de “lo masculino” y es la base de lo que Darwin pensó que impulsaba la evolución de las especies.

Lynn Margulis fue microbióloga, genetista no convencional, divulgadora de la ciencia y, sobre todo, teórica de la evolución. Revolucionó la teoría de la Evolución reivindicando la simbiosis, que es una asociación de organismos en la que hay beneficio mutuo, y en la que ambos sacan provecho de la vida en común. Vio la SIMBIOSIS con el microscopio y se dio cuenta de que cada una de nuestras células era el resultado a su vez, de la cooperación entre otras células más sencillas que se habían aliado para trabajar juntas.

Yo la conocí siendo estudiante de Biología en una conferencia multitudinaria que dio en nuestra universidad. Nos deslumbró, al menos a mí, la energía y lucidez con que exponía lo que claramente constituía una visión muy femenina del mundo. Nos habló de la hipótesis Gaia sobre la que había discutido y debatido ampliamente con James Lovelock. La hipótesis en cuestión es aquella que considera a nuestro planeta como un organismo vivo. Y esa es una idea que entronca con la condición “femenina” de los cuidados y de la que bebe el ecofeminismo.

Lovelock, bioquímico inglés, fraguó la idea de que el ecosistema Tierra funciona como un superorganismo. Cuando publicó la hipótesis de Gaia, provocó una sacudida en muchos científicos, sobre todo en aquellos con una mente más lógica que odiaban un concepto que sonaba tan místico. Tanto más después de que la llamara Gaia, por la antigua diosa de la tierra.

Como Margulis relata en el prólogo de su libro ‘Planeta simbiótico’, no vio inmediatamente la relación de su endosimbiosis con Gaia. Primero fue una frase de su hijo que la hizo reflexionar y después el comentario de uno de su ex-alumnos: “la hipótesis Gaia es ver la simbiosis (asociación donde hay beneficio mutuo) desde el espacio”.  Lynn Margulis colaboró con James Lovelock en el desarrollo de la teoría de Gaia y cuando era entrevistada sobre el tema, argumentaba que suscribía la frase de Nietzsche: “La tierra es un lugar muy bonito, aunque está afectada de una enfermedad: los humanos.”

En el libro ‘¿Qué es la vida?’ Margulis nos invita, primero a explorar con ella, científica y filosóficamente, los enigmas y, de paso, a ahondar en los orígenes de la vida, examinando, por ejemplo, la conexión biológica entre muerte programada y sexo, la evolución simbiótica de los reinos orgánicos, la noción de la Tierra como un superorganismo y la fascinante idea de que la vida, y no sólo la humana, tiene libertad de acción y ha tenido un papel insospechadamente importante en su propia evolución.

Con la inspiración de las reflexiones que se hizo en su día Lynn Margulis podemos imaginar cómo abordar la crisis global asumiendo los postulados que ella aplicó en la Biología y que han acabado siendo admitidos por la comunidad científica, tan reacia al principio. Es decir, evolucionemos cooperando y desechemos la competencia como motor.

Y vuelvo a enlazar con el artículo que leí hace un tiempo: se está promoviendo una competencia feroz en esta sociedad capitalista. Estamos metidos en una dinámica de competencia de la que no sabemos salir. Decía la autora del artículo que “los robots han aprendido a cooperar entre sí para ser similares a los humanos, sin embargo, a los humanos no se nos permite hoy ese lujo. Nosotros debemos someternos a la ley del mercado y jugar los juegos del hambre global que nos impone el capitalismo. Aunque los robots hayan conseguido grandes avances siendo cada vez más sensitivos, nosotros debemos ser insensibles al drama social del desempleo, insensibles al deterioro ambiental, insensibles a nosotros mismos. Aunque la ingeniería moderna está descubriendo las cualidades superiores de la cooperación, nuestra máquina económica tiene como único mecanismo la competencia”.

Y lo que aprendemos de esto es que tenemos que cooperar entre nosotros y ser muy sensibles al medio ambiente que nos rodea si queremos salir adelante, dejando atrás este modelo económico que está rompiendo los equilibrios de Gaia y poniendo en peligro nuestra supervivencia.

De momento estamos demostrando ser bastante torpes a la hora de cooperar y solucionar los problemas globales. ¡Recuperemos el rumbo!

 

Artículo publicado originalmente el diario Andalucía Información el pasado 19/07/2017.

Conseguimos que el Parlamento exija al Gobierno andaluz que reactive el Plan Andaluz de la Bicicleta

Hoy, en la Comisión de Fomento y Vivienda, mediante una Proposición No de Ley (PNL), hemos solicitado que el Gobierno andaluz cumpla el compromiso político con el Plan Andaluz de la Bicicleta, y recupere para ello la financiación con la que nación el Plan.

Nuestra proposición ha sido aprobada con 3 votos a favor y 12 abstenciones, éstas del PP y del PSOE. Os dejo el texto de la intervención:

El 23 de abril como en años anteriores los usuarios habituales de la bicicleta y colectivos ciclistas diversos se suman en las distintas ciudades andaluzas a las bicifestaciones simultáneas  en defensa del Plan Andaluz de la Bicicleta (PAB). La Federación Andalucía por la Bici,  tras esta manifestación reivindicativa, se sintió indignada  por el engañoso tratamiento de los datos que se hace desde los responsables en la consejería y acusa al Director General de Infraestructuras de faltar a la verdad, manipulando las cifras anuales de inversión autonómica en infraestructura ciclista y ocultando tras dificultades de técnica presupuestaria, la falta de compromiso político real con el PAB.

El Plan de Ordenación del Territorio Andaluz (POTA) establece claramente que es obligación de las administraciones públicas: “promover un sistema de transporte multimodal e integral basado en los servicios de transporte público y el fomento de los desplazamientos en medios no motorizados (en bicicleta, a pie), frente a la preeminencia del automóvil.

El Plan Andaluz de la Bicicleta 2014-2020, aprobado en enero de 2014, con un presupuesto de 421 millones de € pretendía conseguir un 15% del reparto modal en bicicleta para ámbitos urbanos y un 10% en ámbitos metropolitanos. Sin embargo, la Junta aportó en el presupuesto de 2016 el 4,7% de su inversión comprometida para la realización del proyecto,  15 millones €, que debería estar culminado en 2020. A ese ritmo el plan tardaría en ejecutarse más de 20 años, es decir, más allá del 2035.

Más aún: el  presupuesto para 2016 se redujo a la mitad respecto al previsto para 2015 y fue incluso menor que el de 2014. Para 2015 se presupuestaron 33 millones y se ejecutaron 18 y para 2014 se previeron 18 y se ejecutaron cinco. La plataforma Andalucía por la bici envió en noviembre pasado, una queja al Defensor del Pueblo Andaluz que fue admitida a trámite y en la que pedía un presupuesto digno para el plan.

Según el estudio recogido en el plan, cuando el proyecto esté finalizado, los beneficios asociados repondrán la inversión ejecutada en solo un año, con un ahorro anual de 413 millones en gasto sanitario y en transporte, gracias a la disminución del consumo energético y de emisiones contaminantes y por reducción del absentismo. Además supondrá la creación de más de 15.000 puestos de trabajo, más de la mitad relacionados con la construcción y mantenimiento de las vías, y el resto con la actividad asociada en el sector turístico, la fabricación y la reparación de bicicletas, así como el comercio y los servicios vinculados.

Las redes ciclistas que han tenido éxito han sido las que se han hecho completas y bien planificadas. El presente y el futuro pasan por la movilidad pacificada. Hemos ido perdiendo en los últimos treinta años la calidad de vida de la ciudad mediterránea por el urbanismo disperso y el fomento de la movilidad motorizada. El PAB era, y esperamos que siga siendo, una herramienta para que el ciudadano pueda revertir ese proceso. Los beneficios de este tipo de movilidad sostenible (salud, economía, medio ambiente) son hoy por hoy incuestionables.

En todo el año 2016 y en lo que llevamos de 2017,  la Junta apenas ha invertido en infraestructura ciclista.

En la nota de prensa que se hizo pública tras las bicifestaciones del pasado año, se hablaba de los mismos 25,3 millones de euros de los que se habla en la nota de prensa del pasado 23 de abril. No deja de ser llamativo que la misma previsión de inversión que se anuncia ahora para finales de 2018 se anunciara en 2016 de cara a 2017. Si la movilidad en bicicleta fuera relevante para la Junta de Andalucía, ninguno de sus responsables políticos  hubiera  incumplido el calendario de ejecución del PAB.

Las razones que da el director general de Infraestructuras para justificar su gestión y falta de compromiso con el Plan, son dos: que las ayudas FEDER 2014-2020 son más restrictivas que las del periodo anterior en lo tocante a partidas de infraestructuras y que vivimos tiempos de limitación presupuestaria.

Los beneficios de este tipo de movilidad sostenible (salud, economía, medio ambiente), son hoy por hoy incuestionables.

Sin embargo, desde los colectivos ciclistas se pide mayor implicación de la administración autonómica y que la inversión en infraestructura ciclista pueda quedar blindada al margen de las circunstancias. El demostrado beneficio social y en salud pública que comporta el transporte en bicicleta, y la reducida inversión que requiere a cambio, justifican que las partidas de los presupuestos dedicadas a la bicicleta aumenten y sean estables. De los 420 millones previstos en el PAB a los 25,3 que llevamos ejecutados hay demasiada distancia. La decisión acerca de cuánto dedicar a la movilidad ciclista es una decisión política; y en los últimos presupuestos anuales no alcanza ni siquiera el 1% del gasto general en infraestructura. Si la movilidad en bicicleta fuera tema relevante para la Junta de Andalucía, sus responsables políticos no se atreverían a desarticular el PAB en base a una excusa de técnica presupuestaria. Tanto más, cuando sí que hay inversiones millonarias en infraestructura para el coche; lo que no casa bien con el insistente discurso de  que la Administración andaluza apuesta por la movilidad sostenible. El PAB debería ser una de las herramientas de un Plan coherente de Movilidad Sostenible: no se trata de ir sumando infraestructuras inconexas en el tiempo, sino de apostar seriamente por un cambio de modelo que prime el interés público. La ridícula suma de partidas presupuestarias y el deliberado juego de retrasos en la ejecución revelan el escaso interés en desarrollar un Plan que beneficiaría grandemente a los andaluces, a la movilidad urbana y metropolitana, al aire que respiramos todos y a la salud en general.

A tener en cuenta también, todos los empleos que, encuadrados en lo que llamaríamos empleos del sector verde,  se generan en fabricación, mantenimiento, alquileres y repuestos de estos vehículos de cero emisiones.

Si quieres leer el texto de nuestra PNL, pincha aquí.

Y si quieres conocer el Plan Andaluz de la Bicicleta en profundidad, pincha aquí.

 

Sobre la planificación de los Corredores Ferroviarios Mediterráneo y Atlántico

Intervengo en el pleno del Parlamento Andaluz tras la comparecencia del consejero de Fomento y Vivienda, a fin de informar sobre la planificación de las actuaciones del Gobierno Andaluz con respecto a las incidencias del retraso de las inversiones del Gobierno de la Nación en los Corredores Ferroviarios Atlántico y Mediterráneo.

 

 

Puedes leer mi intervención completa aquí.

El Papel de los Políticos y la Participación Ciudadana en el Diseño Urbano

El caso del Bosque Urbano de Málaga

En la ciudad de Málaga no hay acuerdo entre ayuntamiento y vecinos sobre qué hacer en los antiguos terrenos de Repsol. El gobierno municipal de Málaga, encabezado por el Sr. alcalde Francisco de la Torre, mantenía desde el pasado mes julio guardado en un cajón el informe positivo del interventor municipal sobre la posibilidad de hacer una consulta ciudadana para que los vecinos decidan qué hacer con los terrenos donde se ubicaron los antiguos depósitos de Repsol.

En dicha consulta nos iban a preguntar si podríamos disfrutar de una zona verde arbolada con especies autóctonas, el denominado “Bosque Urbano”, o bien construir 4 rascacielos y un frío parque urbano (proyecto original). Los distritos de Carretera de Cádiz y Cruz de Humilladero serían los más afectados y se ha lanzado una campaña de recogida de firmas.

El propio PP votó en su día a favor de esta consulta y sin embargo ha maniobrado durante estos meses para conseguir que no se hiciera. El grupo del partido Ciudadanos también duda sobre la legalidad de la consulta. Esta duda ha venido propiciada, paradójicamente, por el argumento del Concejal de “Participación Ciudadana que dice que ese tipo de consulta no aparece en el articulado de la nueva Ley de Procedimiento Administrativo Común, recientemente aprobada. Primero hay que decir que el hecho de que no aparezca no significa que no sea posible y, como indica Ángel Sánchez en su artículo publicado en la Opinión de Málaga: “Es una paradoja que el responsable de participación se desprenda de una figura significativa de participación ciudadana en la gestión municipal y, en la paradoja, concurre que la afirmación la realiza, sin la menor referencia a la legislación local”. En ese artículo, el catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Málaga incluye más argumentos jurídicos de peso que ponen en entredicho la sesgada interpretación del concejal.

El papel de los políticos

Sin embargo, la reflexión que quiero hacer en relación a esta cuestión es sobre el papel que los políticos, como yo, debemos jugar en la gestión de los bienes comunes y del interés público. El PP gobierna la ciudad y lo hace con un modo de gestión de arriba abajo. Ellos piensan la ciudad que quieren para los ciudadanos de Málaga, con la ayuda de técnicos que les asesoran en base a unas directrices que descansan en el modelo neoliberal en el que creen. Tutelan a los ciudadanos, supuestamente por su bien, y no acaban de entender cómo un grupo de vecinos pueden pensar, organizarse, crear y diseñar una propuesta alternativa para el suelo que pisan.

Proyecto de la plataforma Bosque Urbano Málaga

Por supuesto que yo también fundamento mi actuación política en un marco conceptual, el de la ecología política, y que también podría proponer un proyecto “verde” para esos terrenos. Quizá sería más coincidente con la propuesta de la plataforma vecinal pero seguiría adoleciendo del mismo defecto que critico en el equipo de gobierno del PP, si no facilitara e incorporara al máximo posible, la participación de los vecinos en el diseño del proyecto. Especialmente, cuando ellos han tomado cartas en el asunto, como es el caso.

El gobierno del PP tutela a los ciudadanos, supuestamente por su bien, y no acaba de entender cómo un grupo de vecinos pueden pensar, organizarse, crear y diseñar una propuesta alternativa para el suelo que pisan.

Es un hecho que un grupo de vecinos del barrio han tomado la iniciativa, se han empoderado, han acudido a sus representantes en el ayuntamiento con una petición alternativa a la inicialmente propuesta y no ejecutada. La plataforma ciudadana “Málaga Ahora” tomó nota y propuso en su día en el pleno esa consulta ciudadana para dar cauce a esa participación y fue apoyada por todos los grupos. Fue un pleno con intervenciones de vecinos del barrio, profesores de universidad y en el debate se expusieron problemáticas diversas. Se defendieron: la propuesta del Bosque Urbano, el proyecto original del ayuntamiento y propuestas alternativas del PSOE, Ciudadanos, e Izquierda Unida. El ayuntamiento dio la impresión de estar con los vecinos, escuchándolos e incorporándolos a la toma de decisiones y explicándoles también los condicionantes previos. Desgraciadamente el PP se ha ocupado de convertir aquello en un espejismo.

Concentración el pasado 23 de noviembre para reclamar un pulmón verde para Málaga

 

Puedes leer el artículo completo aquí.

Artículo publicado originalmente en el Blog Sostenible el 2/11/2016.

Transgénicos y riesgos en la alimentación mundial

El uso de los OMG en agricultura se ha convertido en un elemento distorsionador en la producción agrícola y supone un problema para la sostenibilidad socio-ambiental.

Los derechos de propiedad intelectual que se aplican sobre estos organismos modificados suponen también una limitación al uso y gestión de recursos naturales necesarios para la producción de alimentos, con lo que la distorsión es más que evidente.

La ciencia es un sistema poderoso de generación de conocimiento del que derivan productos y servicios tecnológicos que actúan en nuestras vidas. Sin embargo, y, a pesar de lo que muchos piensan y defienden, no es neutral, y no lo es porque no lo es su financiación, ni los objetivos que se persiguen cuando se diseñan determinados experimentos y no otros, o las reglas que operan en el traslado de los resultados de investigación a los procesos productivos y su posterior comercialización, o la aplicación de derechos de propiedad intelectual, como las patentes.

Durante un tiempo, cuando aún no se tenía la suficiente experiencia en el cultivo de plantas transgénicas, la posición frente a ellas en agricultura se apoyaba en aplicar el principio de precaución. Transcurrido el tiempo, es cada vez más evidente lo que está suponiendo su cultivo, por ello ya no es tan necesario acudir a ese principio, sino analizar las consecuencias de su uso, los efectos socio-ambientales que ha conllevado y a quienes beneficia económicamente.

La producción agrícola con plantas transgénicas está fuertemente orientada hacia un modelo de producción agrícola industrial regido por un mercado global donde los productos agrícolas y sus transformaciones primarias viajan miles de kilómetros desde sus lugares de producción a sus lugares de consumo, lo que no es sostenible. Entre otros motivos, por la huella de carbono, cuyo coste económico y ambiental no computa pero pagamos todos. Grandes superficies de cultivo a nivel mundial y dependientes de gran cantidad de insumos, en la mayoría de los casos monocultivos, que tienen más valor de mercado. Se estima que la inversión necesaria para poner una planta transgénica en cultivo comercial supone 136 millones de dólares y unos 13 años.

Son varios los cultivos transgénicos que llevan tiempo en producción, como el cultivo de la soja. Los principales productores de este cultivo, considerado paradójicamente el oro verde, son EEUU, Brasil y Argentina y el porcentaje de plantación proveniente de semilla transgénica es del 90% o superior. El 75% de la producción mundial se dedica al forraje animal, a pesar que se sabe que las dietas basadas en ingesta de proteína animal no son sostenibles, por la huella hídrica y el uso de suelo requerido por caloría consumida.

La intensificación del cultivo de la soja ha producido deterioro de suelos, disminución de la cantidad y calidad del agua y efectos negativos evidentes en la biodiversidad. Ninguno de estos efectos es sostenible ni asumible a largo plazo.

Este modelo está favoreciendo la destrucción de grandes superficies del Bosque Atlántico y de la Amazonía brasileña y ha dado lugar a lo que en Argentina se conoce como la «Sojización del Agro Pampeano». La intensificación de su cultivo ha producido deterioro de suelos, disminución de la cantidad y calidad del agua y efectos negativos evidentes en la biodiversidad. Ninguno de estos efectos es sostenible ni asumible a largo plazo.

Han aparecido plantas (que no malezas) resistentes al glifosato y se han desarrollado variedades transgénicas con resistencias a más de un herbicida. Usar dos herbicidas es menos sostenible que usar uno solo. Por cierto, esa unicidad era una de las razones que justificaba la primera generación de soja transgénica junto a la discutida benignidad del glifosato en comparación con otros herbicidas más tóxicos.

 

Puedes leer el artículo completo aquí.

Artículo publicado originalmente en Diario Responsable el 26/07/2016.

El anillo: crónica de una muerte anunciada

Nació como una oportunidad única para la comarca de Antequera, como todos los proyectos megalómanos de la época del despilfarro. Iba a ser la pócima secreta que necesitaba Antequera para acabar con los problemas de empleo. Pero quienes lo defendían se olvidaron de un detalle: nació muerto.

El anillo ferroviario, de 58 kilómetros, incluía ensayos de trenes a 520 km/h. e iba a ser el banco de pruebas para trenes AVE impulsado por la exministra de Fomento Magdalena Álvarez con un presupuesto de 400 millones de euros. La construcción de un centro de ensayos de alta velocidad en Andalucía no corresponde a un auténtico objetivo de interés común y no contribuye a promover un desarrollo sostenible de la región. No había plan de negocio. Y por eso no ha habido interés privado en invertir en tal proyecto.

Este centro de pruebas no tiene utilidad. No existe interés en el mercado por desarrollar productos que funcionen a esas altas velocidades, ya que no serían comercialmente viables. A falta de demanda de tales servicios específicos, el uso de las instalaciones del CEATF se limitaría, en la práctica, al ensayo de trenes y equipos hasta las velocidades comercialmente viables de 320 a 350 km/h, para las que ya existen centros de ensayo en la UE. Ya se realizan ensayos en redes ferroviarias comerciales

Bruselas tampoco cree que este costoso proyecto -cuya inversión total debía ascender a 358,6 millones de euros- sirviera para crear empleo de calidad en Andalucía. Este proyecto no contribuye al objetivo de promover el desarrollo sostenible de Andalucía. Solo tendría escasos efectos a corto plazo mediante la creación de empleos temporales durante la construcción de la infraestructura. El coste público habría sido desproporcionadamente alto y los defensores del proyecto no son capaces de demostrar las ventajas, ya que tiene unos costes de construcción desmesurados y no genera expectativas de explotación a las empresas. Prueba de ello es que ninguna ha mostrado interés en invertir. A pesar de ello, Miguel Ángel Heredia y el PSOE seguían reclamando el proyecto en marzo de este año. Y es que, el transporte es un sector muy propicio para los megaproyectos, a mayor gloria de algunos políticos, y son muchos los casos en que se acometen con tanta cantidad de fondos públicos como escasa justificación y participación ciudadana. También el PP se mostró favorable a este proyecto, intentándolo impulsar a toda costa a través de una fórmula de última hora de colaboración público-privada impulsada por la ministra Ana Pastor.

Agricultores de la zona de la Vega de Antequera, una de las más fértiles de Andalucía, se manifestaron contra este proyecto que prometía la creación de 10.000 puestos de trabajo. Dudoso que los generase. Y dudoso también que fuesen estables y durasen más allá de la fase de construcción.

Para rematar, España adelantó dinero sin tener permiso para ello. La investigación de la Comisión reveló que, de hecho, España pagó a Adif, a partir de 2011, 140,7 millones de euros, antes de que la Comisión adoptara su decisión, infringiendo así las normas de la UE.

Hay que huir de proyectos megalómanos que supongan destrucción del territorio y pérdida de biodiversidad.

Se gastaron unos 13 millones en la construcción de una nave logística y de una subestación eléctrica, y en torno a cinco millones en la redacción de proyectos constructivos de los cinco tramos en los que se iba a dividir el anillo.

Este proyecto no era, no es, ni será sostenible. Hay que huir de proyectos megalómanos que supongan destrucción del territorio y pérdida de biodiversidad. Además, un asunto del que poco se ha hablado y no menor, es la ubicación que presentaba el proyecto, ya que afectaría a la Laguna de Fuente de Piedra, la mayor de Andalucía y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). El proyecto supondría una merma para uno de los entornos más característicos de la comarca además de las pérdidas para el turismo ornitológico de la zona, un sector en auge y en el que la comarca de Antequera tiene gran potencial.

 

Puedes leer el artículo completo aquí.

Artículo publicado originalmente en Diario Sur el 30/07/2016.